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UNA CANCIÓN DE TANGO

Cortesía de Luis Silva
Por Bruno Mateo

¡Cuidado! Nos lo pidieron vivo, dijo un hombre. No queremos que se nos vaya a morir el cieguito. La risa se escuchó a lo ancho del galpón. Esos estertores de animosidad golpearon en sus oídos como si fueran tambores guerreros. Aquel lugar le era desconocido. Deseó escapar. Las manos atadas se lo impedían. La primera vez que oyó la voz del hombre fue en su casa. El teléfono, aparato maldito como muchas veces lo llamó, no dejó de repicar en toda la mañana. Creyó que era un juego. ¿Qué es lo que quieren de mí?, preguntó. No hubo respuesta. Sintió miedo. Siempre lo ha sentido. Nadie le creería si dijera que también siente temor. Pensarían que sólo es una posición esnobista o acaso una suerte de onanismo intelectual. Se impuso el silencio. ¡Aquí lo tiene! , dijo la voz que lo atemoriza. La quietud cedió paso a una acalorada discusión. Un golpe seco de una puerta que se cierra.

El hombre amarrado con los brazos pegados a su espalda no aguantó más y se echó a llorar. Pensé que no eras humano, escuchó a alguien. Se oía como su abuela. La que en las noches le leía en lengua extranjera. Unas manos delicadas comenzaron a desatarlo. Pudo sentir la respiración caliente sobre su rostro de hielo. La mirada de aquella persona era tan intensa que por un momento clarificó su imagen. Sus lágrimas lo avergonzaron. Nunca lo habían visto llorar, ni siquiera recibir tantos premios en su vida logró hacerlo. El sabía que su fin había llegado. Lo intuyó. Siempre quiso que su “agosto 25, 1983” llegara. Unos labios esponjosos se detuvieron en su añejada mejilla. El olor que emanaban le recordó  su bella tierra argentina preñada de pampas y de nobles gentes. Recibió un beso. Un gesto cálido acaso un instante detenido. Una canción de tango. Un compás entre la vida y la muerte. ¡No llores! Haz lo que tienes que hacer, dijo con su acostumbrada altanería.

***

Al día siguiente se leyó en los principales diarios del mundo: ASESINARON A JORGE LUIS BORGES.

Caracas, Venezuela.
Sin fecha deterrminada

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