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miércoles, 4 de julio de 2012

II Concurso nacional de dramaturgia breve "Gilberto Pinto" 2012

El Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de Fundación la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, convoca al siguiente concurso literario con el propósito de estimular la creatividad de los escritores y escritoras venezolanos y por extensión contribuir con la promoción de la lectura en nuestro país.

Bases del concurso
  1. Pueden participar todos los escritores y escritoras venezolanos (as) o extranjeros (as) residenciados en el país.
  2. Los textos deben ser inéditos, escritos en español y no estar comprometidos en su participación con otro concurso.
  3. Cada autor o autora podrá participar con una o más obras de teatro breve.
  4. Los y las aspirantes deben enviar en sobre cerrado cuatro (4) copias del material impreso y una versión digitalizada en CD de una obra de teatro breve con una extensión no menor de sesenta (60) cuartillas y no mayor de cien (100) dirigido a la Coordinación de Promoción y Eventos de la Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Mercedes a Luneta, parroquia Altagracia. Caracas 1010, Venezuela. Teléfonos: (0212) 562 55 84 / 562 73 00.
  5. Las obras deben ser firmadas con seudónimo. En sobre aparte se incluirán los datos personales del autor (a): nombres y apellidos, cédula de identidad, dirección, teléfonos, correo electrónico y reseña biográfica.
  6. El concurso está dotado de un premio único de tres mil bolívares (Bs. 3.000).
  7. El plazo para la recepción de las obras será hasta el 02 de noviembre de 2012. La premiación se realizará durante la 9na Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) 2013.
  8. Los originales no premiados no se devolverán y se destruirán una vez divulgado el fallo del jurado.
  9. El jurado estará integrado por tres escritores de reconocida trayectoria, cuyos nombres serán anunciados oportunamente.
  10. La decisión del jurado será inapelable.
  11. La Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello se reserva el derecho de publicar la primera edición de la obra ganadora.
  12. Lo no previsto en las bases será resuelto por el jurado y los organizadores.

viernes, 4 de noviembre de 2011

MALAS PALABRAS

por Perla Szuchmacher (Q.E.P.D)
Textos de las canciones: Antonio Machado.

Personaje: Flor, una mujer adulta.


Espacio: El lugar de trabajo de Flor.

Una mesa y una silla.

Sobre la mesa: una máquina de escribir mecánica, papeles, pilas de libros, un diccionario, una lámpara, lápices, plumas, engrapadora, clips, etc.

La actriz animará los objetos que están sobre la mesa para ir contando la historia. A cada personaje corresponderá un objeto.

Es imprescindible que en el trabajo de montaje, la actriz improvise con todos los objetos, para encontrar los más adecuados a cada personaje. De la misma manera se crearán las imágenes que se sugieren en el texto. Los objetos también se utilizarán para producir sonidos y enriquecer las atmósferas.

El aspecto sonoro debe ser tan importante como el aspecto visual.


Flor:
Canta:
Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar;
la monedita del alma
se pierde si no se da.

(al público)

La tarde que mi madre me enseñó esa canción, estaba bordando y se picó el dedo con la aguja. Se quedó mirando la gotita de sangre, los ojos se le llenaron de lágrimas, y yo pensé que era horrible picarse el dedo con una aguja y que nunca me iba a dedicar a bordar, ni a coser, ni a operar personas porque después hay que coserlas.

PAUSA

Yo tenía un amigo, el Pelos, así le decíamos, no había manera de que estuviera peinado, siempre parecía recién levantado. Bueno, con el Pelos jugábamos, platicábamos, armábamos rompecabezas y teníamos una actividad secreta.

Nos encerrábamos en mi cuarto con el diccionario a buscar palabras prohibidas, groserías. “Malas palabras”, así les decíamos. ¡Cómo nos divertíamos, era apasionante! A veces mi mamá entraba al cuarto y nos veía tan metidos en la lectura del diccionario que no nos quería interrumpir.
Yo la oía comentar con mi papá: Están estudiando, no los molestes. Al rato llegaba con una charola con chocolate y pan dulce para merendar.

PELOS: Entonces yo estaba subido en la banca cantando con los pantalones abajo, cuando entró la maestra.
FLOR NIÑA: ¿Y te regañó?
PELOS: No, le dio mucha risa y no me dijo nada. Trae el diccionario, hoy nos toca la P.
FLOR NIÑA: Pendiente, pendular, pendenciero, ¡mira ésta!
PELOS: Está buenísima, ¿llamamos a Benítez y se la decimos por teléfono?
FLOR (al público)
Benítez, era el vecino de enfrente. Era un niño flaquito y asustadizo. Los papás de Benítez eran horribles. Le gritaban todo el tiempo, le pegaban y habían decidido mandarlo a una escuela militarizada “ para ver si se compone” decía su papá. Ah...pero eso sí, le compraban unos juguetes carísimos, lo llenaban de juguetes, tenía de todo. Por eso lo invitábamos a jugar, para usar sus juguetes.
PELOS: Ya háblale.
FLOR NIÑA: Bueno, ¿Está Benítez? De parte de Flor y el Pelos. ¿Benítez, por qué lloras? ¿En serio? Ni modo, que te sea leve. Está castigado, otra vez.
PELOS: Siempre está castigado.
FLOR NIÑA: ¿Armamos un rompecabezas?
PELOS: No, ya me voy, me dejaron mucha tarea.
FLOR NIÑA: ¡La tarea! Mamá, mamá, mamá ¡Mamá, en la escuela me pidieron que lleve una foto de cuando era bebé - bebé!
MAMÁ: ¿Para qué?
FLOR NIÑA: Es un secreto. No puedo decir nada.
FLOR (al público)
Se acercaba el día de la madre y estábamos preparando el regalo. El mío era un portarretratos, le iba a pegar fideos en todo el borde y luego los iba a pintar de colores, en el centro se ponía la foto. La maestra había insistido en que fuera una foto de las primeras, de recién nacidos.
MAMÁ: Deja que busque.
FLOR (al público)
Fue por el álbum y se tardó un largo rato. Volvió con los ojos húmedos y una foto.
MAMÁ: Ten, ésta puede servirte.
FLOR NIÑA: ¡No! Ya estoy muy grande.
MAMÁ: Tenías casi dos años.
FLOR NIÑA: Tiene que ser de bebé - bebé.
MAMÁ: Eras una preciosa bebé a los dos años.
FLOR NIÑA: ¡No! La maestra dijo de bebé - bebé, de meses.
MAMÁ: No tenemos, lo siento.
FLOR NIÑA: ¿Nadie me sacó fotos de bebe - bebé? ¿Ni la tía, que me quiere tanto? ¿Estaba muy fea, o qué?
MAMÁ: No teníamos cámara en esa época, la compramos después.
FLOR (al público)
El día de la madre le entregué el portarretratos con mi foto de dos años y le gustó mucho. Se puso a llorar, para variar, pero de alegría.
Desde el día de la foto yo me había quedado con la sensación de que mi mamá me ocultaba algo.
PELOS: ¿Armamos un rompecabezas?
FLOR NIÑA: No.
PELOS: ¿Jugamos a algo?
FLOR NIÑA: No.
PELOS: ¿Buscamos malas palabras?
FLOR NIÑA: No.
PELOS: ¿Qué te pasa?
FLOR NIÑA: Nada, no quiero hacer nada.
PELOS: Bueno, entonces me voy.
FLOR NIÑA: No, espérate, te quiero contar algo.
FLOR (al público)
Le conté lo de las fotos y también que un día había estado buscando ropa de bebé para vestir a las muñecas y tampoco la había encontrado.
PELOS: ¿Se cambiaron de casa? A veces en las mudanzas se pierden cosas.
FLOR NIÑA: No, siempre hemos vivido aquí. Bueno, eso creo.
FLOR (al público)
Me quedé pensando en lo de la casa, a lo mejor sí habíamos vivido en otra casa y yo no lo sabía.
FLOR NIÑA: ¿Mamá, siempre vivimos en esta casa?
MAMA: Si.
FLOR NIÑA: ¿Desde que yo era bebé – bebé?
MAMÁ: Esta casa era de tus abuelos, y ahora es nuestra, siempre vivimos aquí.
FLOR NIÑA: ¿Y yo?
MAMA: Tu también, ya te lo dije.
FLOR (al público)
Mi papá estaba leyendo en la sala, parecía que no oía, pero en ese momento, dejó el libro, miró a mi mamá, levantó las cejas, y... siguió leyendo.
Mi mamá estaba pálida, pálida y tomaba aire, así, como cuando uno se prepara para decir algo importante. Pero no dijo nada, suspiró y no dijo nada.
En la noche, después de cenar, se encerraron en su cuarto y hablaban y hablaban y mi mamá lloraba y mi papá la consolaba, pero en realidad no podía oír de qué estaban hablando. Oía palabras sueltas, fotos, casa, pero no entendía nada.
Empecé a tener pesadillas horribles, me despertaba gritando.
ESCENA SIN TEXTO: LAS PESADILLAS DE FLOR.
FLOR NIÑA: ¡Mamá!
MAMÁ: ¡Flor! ¿Qué pasa, chiquita?
FLOR NIÑA: Tuve un sueño horrible.
MAMÁ: Cuéntamelo.
FLOR NIÑA: No me acuerdo, sé que era algo horrible, pero no me acuerdo.
MAMÁ: Ya, Flor, no pasa nada, duérmete.
FLOR: (al público)
Un día empecé a recordar mis sueños. Ya no eran horribles, eran raros.
FLOR NIÑA: Ma ¿te cuento un sueño? Ma, viste que en los sueños siempre pasan cosas raras y las cosas son pero al mismo tiempo no son. ¿Cómo te explico? Por ejemplo el otro día soñé que íbamos a casa de la tía y llegábamos a una casa que no era para naaaaada la casa de la tía, pero en el sueño yo sabía que era la casa de la tía.
MAMÁ: ¿Y cómo era la casa?
FLOR NIÑA: ¿Cuál casa?
MAMÁ: La de la tía.
FLOR NIÑA: Era...no me acuerdo, lo que te quiero contar es otra cosa, otro sueño.
En este otro sueño estaban tú y papá, pero diferentes, eran otros, pero yo sabía que eran ustedes, bueno, resulta que esos otros que yo sabía que eran ustedes me daban una carta, bueno no me la daban así no más, yo la tenía que encontrar, como cuando jugamos a la búsqueda del tesoro, me iban dejando pistas, por fin la encontraba y cuando la quería leer todas las letras salían volando y yo las perseguía y cuando las alcanzaba y las ponía otra vez en el papel estaban todas revueltas y no se entendía nada.
FLOR (al público)
Ese día mi mamá me enseñó otra canción:
Canta:
Si vivir es bueno, es mejor soñar,
y mejor que todo, madre, despertar
Por algún tiempo se me olvidó el tema de las fotos. Tenía otras preocupaciones.
MAESTRA:
Flor está muy distraída en clase.
Flor no trae las tareas.
Flor se pelea con sus compañeros.
Flor ha bajado sus calificaciones.
Me los traes firmados para mañana, y quiero hablar con tu mamá.
FLOR NIÑA:
Flor está muy distraída en clase.
Son bien aburridas sus clases.
Flor no hace las tareas.
Sí las hago, pero mis tareas son diferentes.
Flor se pelea con sus compañeros.
Ellos siempre me están molestando
Flor ha bajado sus calificaciones
Ay, ni que hubiera bajado tanto. Tenía seis.
PELOS: Ay Flor, te deberías aplicar un poco.
FLOR NIÑA: Uy, si, Pelos, el aplicado. A ti te suspendieron por cantar en calzones sobre la banca.
PELOS: Bueno, ya, vamos a buscar palabras.
FLOR NIÑA: ¡Encontré una que está buenísima!
PELOS: ¿A ver?
FLOR NIÑA: Gofrar.
PELOS: ¿Y qué quiere decir?
FLOR NIÑA: Adivina.
PELOS: Ya sé, es cuando te subes a un caballo y vas galopando y galopando y de repente, el caballo se para, levanta la cola y se pone a gofrar.
FLOR NIÑA: No. Cómo crees.
PELOS: Es cuando te subes en un carrusel que da vueltas y vueltas y vueltas. Y a ti te dan ganas como de gofrar. ¡Ya bájenme que quiero gofrar!
FLOR NIÑA: No. Eso tampoco es gofrar.
PELOS: ¿Pero gofrar es una “mala palabra”?
FLOR NIÑA: No, es que las “malas palabras” ya me aburren, son siempre las mismas. Búscala en el diccionario y también busca otorrinolaringólogo.
PELOS: ¿Qué?
FLOR NIÑA: Otorrinolaringólogo. Es el doctor que cura los ornitorrincos.
PELOS: ¿De veras?
FLOR NIÑA: No, menso. Y ya me voy, que hoy viene mi tía a comer.
FLOR (a público)
Unos días antes de cumplir los 10, vino mi tía de visita. Durante la comida yo noté algo extraño. Mi tía, que siempre era muy alegre, estaba seria. Mi mamá se olvidó de servir la sopa y cuando se dio cuenta se quedó mirando la cuchara y los ojos se le llenaron de lágrimas. Mi papá estaba distraído y no se acabó su postre. Eso era rarísimo pues siempre pedía más. Cuando mi mamá sirvió el café me mandaron a jugar afuera. Yo usé un truco que había visto en muchas películas, ese de hacer ruido con la puerta pero quedarse del lado de adentro y así pude escuchar esta conversación.
TÍA: ¿Qué están esperando para decirle?
MAMÁ: Que sea un poco más grande.
TÍA: Ya está por cumplir 10 años. Debieron habérselo dicho antes.
MAMA: ¿Tú crees? Estamos bien así.
FLOR (a público)
Estaban hablando de mí, no había ninguna duda. Yo era la que estaba por cumplir 10 años.
¿Pero, qué era lo que debieron haberme dicho antes?
Yo no me movía, casi ni respiraba, para que no notaran mi presencia y así poder seguir escuchando, cuando de repente, lo típico, me empezó a picar la nariz.
MAMÁ: ¿Flor, estás ahí?
TIÁ: ¿Flor, estás ahí?
FLOR NIÑA: No, si, estaba saliendo, adiós.
FLOR (al público)
Corrí al jardín y allí me quedé toda la tarde tratando de adivinar, mientras me columpiaba, qué sería eso que debieron haberme dicho antes.
DOS OBJETOS ACOSAN A FLOR.
OBJETO 1: Pssst, Flor...
FLOR NIÑA: ¿Que?
OBJETO 2 : Pssst, Flor...
FLOR NIÑA: ¿Que?
OBJETO 1: Ya dile...
FLOR NIÑA: ¿Que?
OBJETO 2: Dile tú...
FLOR NIÑA: ¿Que?
OBJETO 1: ¡Vas a tener un hermanito!
FLOR NIÑA:¿De veras?¡Qué bueno!
OBJETO 2: ¡Se van a cambiar a otra ciudad y tendrás que dejar tu escuela!
FLOR NIÑA: ¡Qué bueno, no me gusta esa escuela!
OBJETO 1: ¡No te van a festejar tu cumpleaños!
FLOR NIÑA: ¡No es cierto!
OBJETO 2: ¡Tus papás se van a divorciar!
FLOR NIÑA: ¡Es mentira!
OBJETO 1: Si, se van divorciar.
FLOR NIÑA: ¡Ya cállense!
OBJETO 1: Déjala ¿no ves que se está asustando?
OBJETO 2: Niña miedosa y escandalosa. Niña espantada, niña espantosa.
FLOR (al público)
Cuando regresé a la casa, estaban encerrados en su recámara y discutían. Primero fuerte, luego supongo que me oyeron entrar y siguieron hablando muy bajo. Así se pasó toda la tarde.
Cuando salieron del cuarto, vi que mi madre tenía los ojos rojos, rojos de llorar, pero ya los tenía secos y con una expresión firme, decidida. Miró a mi papá y ahora ella levantó las cejas. Y a mi papá se le humedecieron los ojos, algo que yo nunca había visto. El mundo se estaba poniendo de cabeza, nada era como siempre había sido. Y en ese momento yo no sabía que eso era solo el comienzo.
PAPÁ: ¿Estás segura?
MAMÁ: Si, ya es el momento.

ESCENA SIN TEXTO, EN LA QUE FLOR SE ENTERA QUE ES UNA NIÑA ADOPTADA.

FLOR (al público)
Me quedé pasmada.
Adoptada, yo era una niña adoptada. Mis padres me habían elegido a mí, cuando tenía un año y medio de entre un montón de niños huérfanos de la Casa Cuna.
Habían hecho muchos trámites, habían firmado infinidad de papeles y me habían traído a esta casa, donde ya tenían un cuarto preparado para mí.
Me tomó un tiempo entenderlo.
Pero ese día no sabía qué pensar, ni sabía qué sentir, estaba tan confundida. Entonces hice algo que había hecho muchas veces, aunque mis papás no lo sabían.
Me subí al techo y allí me quedé, escondida, muchas horas.
Los oí llamarme, buscándome por toda la casa, los escuché hablar por teléfono a los parientes y a todos mis amigos, oí a mi mamá llorar a los gritos y no podía bajar. No podía decir: ¡Aquí estoy, ya no se preocupen! Simplemente no podía. Empezó a llover y yo seguía en el techo, empapándome y no me importaba.
Después de muchas horas, escuché la voz inconfundible del Pelos.
PELOS: Señora, yo creo que sé dónde puede estar Flor. Por favor no le diga que yo le dije, porque es un secreto, pero a ella le gusta mucho subirse al techo.
FLOR (al público)
Mi papá se subió y en un momento ya me tenía abrazada. Nos quedamos así un rato, sin hablar y después me hizo bajar con mucho cuidado.
Me encerré en mi cuarto y busqué el diccionario, necesitaba leer todas las malas palabras, las peores, las más groseras.
Adoptivo, va: dícese de la persona o cosa que uno mismo elige, a impulsos del amor, para tenerla por lo que realmente no es con respecto a él: hijo adoptivo, patria adoptiva. No entendí mucho, ¿qué era eso de a impulsos del amor?
Oía a mi mamá y a mi papá cuchicheando en la puerta, por fin tocaron
MAMÁ: Flor, abre la puerta, tenemos que platicar.
PAPÁ: Flor, por favor, abre la puerta.
FLOR NIÑA: No quiero verlos, no quiero hablar, son unos mentirosos los dos, los odio, los odio. ¡Ojalá se mueran!
FLOR (a público)
Me la pasé llorando, llorando y dando patadas a los muebles en mi cuarto, rompí muchos juguetes, los que más quería y también me lastimé una mano. Todavía tengo la cicatriz.
Más tarde, en la noche, oí a mi mamá que dejaba una bandeja frente a mi puerta.
MAMÁ: Flor, por si tienes hambre, aquí te dejo algo.
PAPÁ: Sería bueno que comieras, te compramos tu pan favorito.

FLOR (al público)
No contesté, quería que sufrieran como yo estaba sufriendo. Además ya había decidido dejarme morir de hambre. No comí nada y me dormí en el piso.
Al otro día amanecí con fiebre.
Mientras estuve enferma, el Pelos venía a visitarme, pero yo nunca lo quise ver. Estaba tan enojada. Me había traicionado, él era el único que sabía de mi escondite y me había traicionado.
Yo había escrito un letrero que decía: “El Pelos tiene prohibida la entrada a esta casa por traidor y mal amigo”, y lo había pegado en la puerta de mi cuarto.
Pero el Pelos venía y venía, un día hasta me trajo flores.
En una de esas veces, lo oí despedirse de mi mamá, tan triste, que estuve a punto de gritarle: ¡Aquí estoy, ven a charlar! Pero me contuve, para que aprendiera que a los amigos no se les traiciona.
Cuando lo oía llegar, me tapaba la cabeza con la almohada y me hacía la dormida.
Pero el Pelos insistía, así que cada vez que venía, mi mamá tenía que inventar alguna excusa.
MAMÁ: ¿Quién?
PELOS: El Pelos ¿está Flor?
MAMÁ: Está dormida.
PELOS: Ah...bueno, luego vengo.
PASO DE TIEMPO
MAMÁ: ¿Quién?
PELOS: El Pelos ¿está Flor?
MAMÁ: Le duele la panza.
PELOS: Ah...bueno, luego vengo.
PASO DE TIEMPO
MAMÁ: ¿Quién?
PELOS: El Pelos ¿está Flor?
MAMÁ: Tiene mucha tarea.
PELOS: Ah...bueno, luego vengo.
PASO DE TIEMPO
MAMÁ: ¿Quién?
PELOS: El Pelos ¿está Flor?
MAMÁ: Se fue al dentista.
PELOS: Ah...bueno, luego vengo.
FLOR (al público)
Pero el Pelos insistía, eso era bueno, digo, amigo traidor pero pertinaz. ¡Qué bonita palabra, pertinaz.! Yo la había encontrado en un libro, “lluvia pertinaz” y me hubiera gustado compartirla con el Pelos.
Al fin no me pude resistir el día que llegó a visitarme por enésima vez.
MAMÁ: ¿Quién?
PELOS: El Pelos ¿está Flor?
MAMÁ: ¡Fíjate que se acaba de dormir!
PELOS: Qué lástima, porque traigo un diccionario nuevo, que me acaban de regalar.
FLOR NIÑA: ¡Pásate, Pelos, ya me desperté!
PELOS: Tienes meses durmiendo, niña.
FLOR NIÑA: No me digas niña, me llamo Flor.
PELOS: Niña berrinchuda.
FLOR NIÑA: No soy una niña berrinchuda.
PELOS: ¿Ah, no? Desde el día que te subiste al techo ya no me hablaste. Eso es ser una niña berrinchuda.
FLOR NIÑA: ¿Por qué tuviste que decir que estaba ahí arriba? Ese era un secreto entre nosotros.
PELOS: Te juro que me aguanté todo lo que pude, pero cuando ví a tu mamá tan asustada, tuve que decirle.
FLOR NIÑA: Al fin que ni es mi mamá.
PELOS: ¿Qué?
FLOR NIÑA: Lo que oíste, no te hagas tonto.
PELOS: ¿Cómo que no es tu mamá?
FLOR NIÑA: Mi mamá no es mi mamá y mi papá no es mi papá.
PELOS: Ya, no estés jugando ¿cómo es eso?
FLOR NIÑA: Mejor no te digo, porque seguro vas a contárselo a todo el mundo. Ya sabemos que no eres muy bueno guardando secretos.
PELOS: ¿Es que nunca me vas a perdonar?
FLOR (al público)
Por supuesto que lo perdoné, era mi mejor amigo y le conté por qué me había subido al techo ese día. Nos pasamos toda la tarde buscando “malas y buenas palabras” en su diccionario nuevo. También le dije qué significaba pertinaz.
El Pelos se volvió loco con esa palabra. La usaba para todo, quería cambiarse el apellido y llamarse Pelos Pertinaz.
PELOS: ¿Bueno, Benítez? Aquí Pelos Pertinaz, vente a jugar. ¿Por qué? ¿En serio? Ni modo, que te sea leve. Está castigado un mes sin salir. ¡No va a poder venir a tu cumple!
FLOR NIÑA: No quiero fiesta, no quiero pastel, no quiero nada. Vete, ya no quiero jugar.
PELOS: Busquemos palabras.
FLOR NIÑA: ¿No entiendes que no quiero jugar? Vete.
PASO DE TIEMPO
FLOR (al público)
Con mis papás seguía enojada ¿Por qué no me habían dicho antes?
Ahora tenía que revisar todo lo que había vivido.
Mis padres eran mis padres y al mismo tiempo no lo eran. Mi abuela era mi abuela, pero no era mi abuela, mi tía... bueno la lista era interminable... Por ejemplo: ¿Los amigos de la familia, en qué categoría entraban? No quise festejar mi cumpleaños de 10, me negué terminantemente. Ellos se pusieron muy tristes, pero respetaron mi decisión.
Tuve una época en la que no les hablaba, les dejaba recados, algunos llenos de “malas palabras” las más horribles, las más groseras.
Un día el Pelos encontró uno de esos recados.
PELOS: ¿Por qué les dejas esos recados tan groseros? Tus papás son muy buenos contigo.
FLOR NIÑA: Ya te dije que no son mis papás.
PELOS: ¿Tu mamá te besa al dormirte?
FLOR NIÑA: Ahá.
PELOS: ¿Tu papá te enseñó a andar en bicicleta?
FLOR NIÑA: Ahá.
PELOS: ¿Tu mamá te cuida cuando estás enferma?
FLOR NIÑA: Ahá.
PELOS: ¿Tu papá te explica las multiplicaciones difíciles?
FLOR NIÑA: Si y qué, no son mis verdaderos padres.
PELOS: Eres muy necia, niña. ¿Y sabes qué? Merecerías que te hubieran tocado los padres de Benítez.
FLOR (al público)
Aunque yo no quería dar mi brazo a torcer, debía reconocer que el maldito Pelos tenía razón, la sola idea de que me hubieran tocado los padres de Benítez me puso la piel de gallina. Cuando faltaban unos días para cumplir los 11 mi mamá me preguntó qué quería de regalo.
FLOR NIÑA: Quiero ir a la Casa Cuna.
MAMÁ : ¿A la casa Cuna? ¿Para qué?
FLOR NIÑA: No sé, quiero ir a ver.
MAMÁ: No sé si se pueda, supongo que hay que pedir permiso.
FLOR (al público)
Supuse que mi mamá estaba tratando de dilatar el asunto. Pero no, hizo varias llamadas telefónicas, envió una carta y una tarde me llevó.
ESCENA SIN TEXTO EN LA QUE SE VE A FLOR VIENDO A LOS NIÑOS EN LA CASA CUNA.
FLOR NIÑA: ¿Por qué tú y papá me eligieron a mí?
MAMÁ: Estabas tan sonriente, agarrada a los barrotes de la cuna. Nos enamoramos de ti al momento de verte.
FLOR (al público)
Esa noche soñé que Benítez, el hijo de los vecinos de enfrente, esos vecinos horribles que se gritaban todo el tiempo, era mi hermano.
Me desperté sudando y corrí a la cocina. Allí estaba mi madre, haciendo un pastel que olía delicioso y cantando. La abracé muy, pero muy fuerte. Me encantaba su olor, y tenía la piel tan suave. Después corrí a abrazar a mi papá, que leía como siempre, en la sala.
MAMÁ: Feliz cumpleaños, Flor.
PAPÁ: Feliz cumpleaños, Flor.
FLOR (al público)
Con el tiempo me fui dando cuenta de que no era tan malo ser adoptada, mis padres me querían mucho, me cuidaban. Y cuando pasaba por la puerta de la casa de Benítez y oía los gritos, pensaba: ¡Qué suerte tuve de que me tocaran los papás que me tocaron!
Con el paso de los años me fui acostumbrando a la idea. No fue fácil, tenía muchas preguntas. Aún las tengo. ¿Pero quién no se hace preguntas?
¿Por qué me abandonaron? preguntaba todo el tiempo. Mis padres nunca pudieron responderme eso, pero a cambio me dieron seguridad y mucho amor.
Aprendimos a hacer bromas sobre el tema y hablábamos y hablábamos sin parar.
De mi mamá heredé las canciones y de mi papá el amor por los libros. Pude estudiar y tener una profesión, soy escritora.
Los juegos del diccionario me sirvieron mucho. Siempre me gustó jugar con las palabras. Las palabras no son buenas ni malas. Lo que importa es cómo se usan. Ahora sé que las únicas “malas palabras” son las que se callan.
Canta:
Si vivir es bueno, es mejor soñar,
y mejor que todo, madre, despertar.

DEDICADO A PERLA CON QUIEN COMPARTÍ UNA AVENTURA MARAVILLOSA. SIEMPRE TE RECORDARÉ.
Bruno Mateo

domingo, 23 de octubre de 2011

LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS


"POPOL VUH" (o "Libro del Indígena Quiché")

PREÁMBULO

Este es el principio de la antiguas historias de este lugar llamado Quiché. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, el principio y origen de todo lo que se hizo en la ciudad de Quiché, por las tribus de la nación quiché.

Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol, Alom, Qaholom, que se llaman Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú, Zaqui-Nimá-Tziís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ah Raxá Lac, Ah Raxá Tzel, así llamados. Y [al mismo tiempo] la declaración, la narración conjuntas de la Abuela y el Abuelo cuyos nombres son Ixpiyacoc e Ixmucané, amparadores y protectores, dos veces abuela, dos veces abuelo, así llamados en las historias quichés, cuando contaban todo lo que hicieron en el principio de la vida, el principio de la historia.

Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a luz, porque ya no se ve el Popo Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra oscuridad, y se veía claramente la vida.

Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador. Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la tierra, cómo fue formado y repartido en cuatro partes, cómo fue señalado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones, como fue dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida, de todo lo creado, el que da la respiración y el pensamiento, la que da a luz a los hijos, el que vela por la felicidad de los pueblos, la felicidad del linaje humano, el sabio, el que medita en la bondad de todo lo que existe en el cielo, en la tierra, en los lagos y en el mar.

Notas de Adrián Recinos:

Tzacol, Bitol, el Creador y el Formador

Alom, la diosa madre, la que concibe los hijos, de al, hijo, alán, dar a luz. Qaholom, el dios padre que engendra los hijos, de qahol, hijo del padre, qaholaj, engendrar. Madre y padre los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre, así llamados por los indios, según refiere Las Casas, y que estaban en el cielo.

Hunahpú-Vuch, un cazador vulpeja o tacuazín (Opposum), dios del amanecer; vuch es el momento que precede al amanecer. Hunahpú-Vuch, es la divinidad en potencia femenina, según Seler. Hunahpú-Utiú, un cazador coyote, variedad de lobo (Canis latrans), dios de la noche, en potencia masculina;

Zaqui-Nimá-Tziís, Gran pisote blanco (Nasua nasica) o coatí, encanecido por la edad, diosa madre; y su consorte Nim-Ac, Gran cerdo montés, o jabalí, ausente en este lugar por una omisión mecánica, pero invocado en el capítulo siguiente;

Tepeu, el rey o soberano, del náhualt Tepeuh, tepeuani, que Molina traduce por conquistador o vencedor en batalla; ah tepeual entre los mayas , quienes lo tomaron igualmente de los mexicanos. Gucumatz, serpiente cubierta de plumas verdes, de guc, en maya, kuk, plumas verdes, quetzal por antonomasia, y cumatz, serpiente; es la versión quiché de Kukulkán, el nombre maya de Quetzalcóatl, el rey tolteca, conquistador, civilizador y dios de Yucatán durante el período del Nuevo Imperio Maya. El fuerte colorido mexicano de la religión de los quichés se refleja en esta pareja creadora que continúa siendo evocada a través del libro hasta que la divinidad toma forma corporal en Tohil, a quien en la Tercera Parte se identifica expresamente con Quetzalcóatl;

U Qux Cho, el corazón o el espíritu de la laguna. U Qux Paló, el corazón o el espíritu del mar. Ya se verá que a la divinidad la llamaban también el Corazón del Cielo, u Qux Cah;

Ah Raxá Lac, el Señor del verde plato, o sea la tierra; Ah Raxá Tzel, el Señor de la jícara verde o del cajete azul, como dice Ximénez, o sea el cielo.

El nombre Hunahpú ha sido objeto de muchas interpretaciones. Literalmente significa un cazador con cerbatana, un tirador; etimológicamente es eso mismo y es vocablo de la lengua maya, ahpú en maya es cazador, y ah ppuh ob, forma de plural, son los monteros que van a la caza, según el Diccionario de Motul. Es evidente, sin embargo, que los quichés debían tener alguna razón más plausible que esta etimología para dar ese nombre a la divinidad. El cazador en los tiempos primitivos era un personaje muy importante; el pueblo vivía de la caza y de los frutos espontáneos de la tierra antes de la invención de la agricultura. Hunahpú sería, en consecuencia, el cazador universal, que proveía al hombre de su sustento; hun tiene también en maya la acepción de general y universal. Pero posiblemente los quichés que descendían directamente de los mayas, quisieron reproducir en el nombre Hunahpú el sonido de la palabra maya Hunab Ku, "el único dios", que servían para designar al dios principal del panteón maya, que no podía representarse materialmente, por ser incorpóreo. La pintura de un cazador podría haber servido en los tiempos antiguos para representar el fonema Hunab Ku que encerraba una idea abstracta, la de un ser espiritual y divino. El procedimiento es común en la escritura pictográfica precolombina. Hunahpú es también el nombre del vigésimo día del calendario quiché, el día más venerado de los antiguos, equivalente al maya Ahau, señor o jefe, y al náhualt Xóchitl, flor y sol, símbolo del dios sol o Tonatiuh.

Ixpiyaco e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal y Oxomoco, los sabios que según la leyenda tolteca inventaron la astrología judiciaria y compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el calendario.

Primera Parte

Capítulo Primero

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.

Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.

No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.

Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.

Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.

Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.

El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.

Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

-- ¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.

Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -- ¡Tierra! -- dijeron, y al instante fue hecha.

Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montanas; y al instante crecieron las montañas.

Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo : -- ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá!

-- Nuestra obra, nuestra creación será terminada -- contestaron.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.

De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

Capítulo II

Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles [víboras], guardianes de los bejucos.

Y dijeron los Progenitores: -- ¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.

Asi dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida. Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas a los venados y a las aves.

-- Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis-- . Y así como se dijo, se hizo.

Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:

-- Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos --. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.

De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra. Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y el Formador y los Progenitores:

-- Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno -- . Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes.

-- Decid, pues, vuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Calculhá, Raxa-Calculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, invocadnos, adoradnos! -- les dijeron.

Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y gramaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente.

Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí : -- No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien --, dijeron entre sí los Progenitores.

Entonces se les dijo : -- Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer : vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros [seres] que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra suerte--. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequenos y grandes que hay sobre la faz de la tierra.

Luego quisieron probar suerte nuevamente; quisieron hacer otra tentativa y quisieron probar de nuevo a que los adoraran.

Pero no pudieron entender su lenguaje entre ellos mismos, nada pudieron conseguir y nada pudieron hacer. Por esta razón fueron inmoladas sus carnes y fueron condenados a ser comidos y matados los animales que existen sobre la faz de la tierra.

Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.

-- ¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados, para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten -- . Así dijeron.

Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver hacia atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener.

Y dijeron el Creador y el Formador: -- Bien se ve que no podía andar ni multiplicarse. Que se haga una consulta acerca de esto, dijeron.

Entonces desbarataron y deshicieron su obra y su creación. Y en seguida dijeron: -- ¿Cómo haremos para perfeccionar, para que salgan bien nuestros adoradores, nuestros invocadores?-- Así dijeron cuando de nuevo consultaron entre sí.

-- Digámosles a Ixpiyacoc, Ixmucané, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú : ¡Probad suerte otra vez! ¡Probad a hacer la creación! -- Así dijeron entre sí el Creador y el Formador cuando hablaron a Ixpiyacoc e Ixmucané.

En seguida les hablaron a aquellos adivinos, la abuela del día, la abuela del alba, que así eran llamados por el Creador y el Formador, y cuyos nombres eran Ixpiyacoc e Ixmucané.

Y dijeron Huracán, Tepeu y Gucumatz cuando le hablaron al agorero, al formador, que son los adivinos: -- Hay que reunirse y encontrar los medios para que el hombre que vamos a crear nos sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de nosotros.

-- Entrad, pues, en consulta, abuela, abuelo, nuestra abuela, nuestro abuelo, Ixpiyacoc, Ixmucané, haced que aclare, que amanezca, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que así se haga.

-- Dad a conocer vuestra naturaleza, Hunaphú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces madre, dos veces padre, Nim-Ac, Nimá-Tziís, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, el maestro Toltecat, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas.

-- Echad la suerte con vuestros granos de maíz y de tzité. Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera--. Así les fue dicho a los adivinos.

A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz y el tzité. ¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de las suertes del tzité, el llamado Ixpiyacoc. Y la vieja era la adivina, la formadora, que se llamaba Chiracán Ixmucané.

Y comenzando la adivinación, dijeron así: -- ¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad, que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la madera y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste [el hombre de madera] es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando amanezca!

Tú, maíz; tú, tzité; tú, suerte; tú, criatura; ¡uníos, ayuntaos! les dijeron al maíz, al tzité, a la suerte, a la criatura. ¡Ven a sacrificar aquí, Corazón del Cielo; no castiguéis a Tepeu y Gucumatz!

Entonces hablaron y dijeron la verdad : -- Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de madera; hablarán y conversarán vuestros muñecos hechos de madera, hablarán y conversarán sobre la faz de la tierra.

-- ¡Así sea! -- contestaron, cuando hablaron.

Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra.

Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas.

Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres. Hablaban al principio, pero su cara estaba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substancia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos, y amarillas sus carnes. Por esta razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos.

Estos fueron los primeros hombres que en gran número existieron sobre la faz de la tierra.

Capítulo III

En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.

De tzité se hizo la carne del hombre, pero cuando la mujer fue labrada por el Creador y el Formador, se hizo de espadaña la carne de la mujer. Estos materiales quisieron el Creador y el Formador que entraran en su composición.

Pero no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los habían hecho, que los habían creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo. El llamado Xecotcovach llegó y les vació los ojos; Camalotz vino a cortarles la cabeza; y vino Cotzbalam y les devoró las carnes. El Tucumbalam llegó también y les quebró y magulló los huesos y los nervios, les molió y desmoronó los huesos.

Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se obscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.

Llegaron entonces los animales pequenos, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.

-- Mucho mal nos hacíais; nos comíais, y nosotros ahora os morderemos -- les dijeron sus perros y sus aves de corral.

Y las piedras de moler: -- Eramos atormentadas por vosotros; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían holi, holi, huqui, huqui nuestras caras, a causa de vosotros. Este era el tributo que os pagábamos. Pero ahora que habéis dejado de ser hombres probaréis nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler.

Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron : -- ¿Por qué no nos dabais nuestra comida? Apenas estábamos mirando y ya nos arrojabais de vuestro lado y nos echabais fuera. Siempre teníais listo un palo para pegarnos mientras comíais.

Así era como nos tratabais. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no os diéramos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionabais, por qué no pensabais en vosotros mismos? Ahora nosotros os destruiremos, ahora probaréis vosotros los dientes que hay en nuestra boca: os devoraremos, dijeron los perros, y luego les destrozaron las caras.

Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así : -- Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor. Ahora probaréis vosotros, os quemaremos -- dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor.

Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos.

Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.

Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquellos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador.

Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.

Segunda Parte

Capítulo X

(...)

Dijo entonces Ixbalamqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer? mira tú.
-Tal vez sí, voy a ver, contestó éste.
Y como tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana y quería ver si había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado.
Nuevamente preguntó lxbalanqué: -¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A dónde ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se movía, y permanecía callado.
Entonces se sintió avergonzado lxbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente vencidos.
Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden expresa de Hun-Camé y Vucub-Camé, y todos los de Xibalba se regocijaron por lo que le había sucedido a la cabeza de Hunahpú.



Capítulo XI

En seguida llamó lxbalanqué a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los animales pequeños y grandes, durante la noche, y a la madrugada les preguntó cuál era su comida.
-¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros? pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida, les dijo lxbalanqué.
-Muy bien, contestaron. Y en seguida se fueron a tomar cada uno lo suyo, y se marcharon todos juntos. Unos fueron a tomar las cosas podridas; otros fueron a coger hierbas; otros fueron a recoger piedras. Otros fueron a recoger tierra. Variadas eran las comidas de los animales pequeños y de los animales grandes.
Detrás de ellos se había quedado la tortuga, la cual llegó contoneándose a tomar su comida. Y llegando al extremo del cuerpo tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, y al instante le fueron labrados los ojos.
Muchos sabios vinieron entonces del cielo. El Corazón del Cielo, Huracán, vinieron a cernerse sobre la Casa de los Murciélagos.
Y no fue fácil acabar de hacerle la cara, pero salió muy buena; la cabellera también tenía una hermosa apariencia, y asimismo pudo hablar.
Pero como ya quería amanecer y el horizonte se teñía de rojo. --oscurece de nuevo, viejo!, le fue dicho al zopilote.
-Está bien, contestó el viejo, y al instante oscureció el viejo. "Ya oscureció el zopilote", dice ahora la gente.
Y así, durante la frescura del amanecer, comenzó su existencia.
-¿Estará bien?, dijeron. ¿Saldrá parecido a Hunahpú?
-Está muy bien, contestaron. Y efectivamente, parecía de hueso la cabeza, se había transformado en una cabeza verdadera.
Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo:
-No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas yo sólo lo haré todo, le dijo Ixbalanqué.
En seguida le dio sus órdenes a un conejo:
-Anda a colocarte sobre el juego de pelota, quédate allí entre el encinal, le fue dicho al conejo cuando se le dieron estas instrucciones durante la noche.
En seguida amaneció y los dos muchachos estaban buenos y sanos. Luego bajaron a jugar a la pelota. La cabeza de Hunahpú estaba colgada sobre el juego de pelota.
-¡Hemos triunfado! ¡Habéis labrado vuestra propia ruina; ¡os habéis entregado! les decían. De esta manera provocaban a Hunahpú.
-Pégale a la cabeza con la pelota, le decían. Pero no lo molestaban con esto, él no se daba por entendido.
Luego arrojaron la pelota los Señores de Xibalba. lxbalanqué le salió al encuentro; la pelota iba derecho al anillo, pero se detuvo, rebotando, pasó rápidamente por encima del juego de pelota y de un salto se dirigió hasta el encinal.
El conejo salió al instante y se fue saltando; y los de Xibalba corrían persiguiéndolo. Iban haciendo ruido y gritando tras el conejo. Acabaron por irse todos los de Xibalba.
En seguida se apoderó Ixbalanqué de la cabeza de Hunahpú; se llevó de nuevo la tortuga y fue a colocarla sobre el juego de pelota. Y aquella cabeza era verdaderamente la cabeza de Hunahpú y los dos muchachos se pusieron muy contentos.
Fueron, pues, los de Xibalba a buscar la pelota y habiéndola encontrado entre las encinas, los llamaron, diciendo:
-Venid acá. Aquí está la pelota, nosotros la encontramos, dijeron, y la tenían colgando.
Cuando regresaron los de Xibalba exclamaron. -¿Qué es lo que vemos?
Luego comenzaron nuevamente a jugar. Tantos iguales hicieron por ambas partes.
En seguida lxbalanqué le lanzó una piedra a la tortuga; ésta se vino al suelo y cayó en el patio del juego de pelota hecha mil pedazos como pepitas, delante de los Señores.
-¿Quién de vosotros irá a buscarla? ¿Dónde está el que irá a traerla? dijeron los de Xibalba.
Y así fueron vencidos los señores de Xibalba por Hunahpú e Ixbalanqué. Grandes trabajos pasaron éstos, pero no murieron, a pesar de todo lo que les hicieron.

Tercera Parte

Capítulo I

He aquí, pues, el principio de cuando se dispuso hacer al hombre, y cuando se buscó lo que debía entrar en la carne del hombre.

Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: "Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra." Así dijeron.

Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre.

Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores.

De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas.

Estos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil.

Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz [en la formación del hombre] por obra de los Progenitores.

Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. Abundancia de sabrosos alimentos había en aquel pueblo llamado de Paxil y Cayalá.

Había alimentos de todas clases, alimentos pequeños y grandes, plantas pequeñas y plantas grandes. Los animales enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo Ixmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados.

A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.

Capítulo II

Estos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam.

Estos son los nombres de nuestras primeras madres y padres.

Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantarniento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón.

Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.

Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Entonces les preguntaron el Creador y el Formador : -- ¿Que pensáis de vuestro estado? ¿No miráis. ¿No oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad, pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles! ¡Probad, pues, a ver!, les dijeron.

Y en seguida acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : -- ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra.

Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. -- No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño --dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores : -- ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -- Así dijeron.

-- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché].

Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.

Nota: De la obra precedente, no poseemos datos de traductor. La hemos recibido de nuestros visitantes. De estar incurriendo en infracción a los Derechos del Traductor, solicitamos darnos aviso y será removido inmediatamente.

Consultado en : http://bibliotecasvirtuales.com día 23/10/2011, hora: 6.43 am

sábado, 12 de febrero de 2011

Bienvenida Berta (dramaturgia infantil)


Por Bruno Mateo
IG:@brunomateoccs
Twitter:@bruno_mateo

RESERVADO TODOS LOS DERECHOS.  Prohibido cualquier uso
que se le quiera dar a esta obra, incluyendo la reproducción total
o parcial de la misma, sin el consentimiento escrito del autor.
Para el permiso o cualquier información, escribir a:
Bruno Mateo bmateo@gmail.com

Sociedad de autores y compositores de Venezuela Sacven N° 9.070.




Personajes:

Cipriana: Niña de 9 años.
Simón: Niño de 9 años.
Mamá: Señora típica de clase trabajadora y ama de casa.
Cochinas: Personajes de unas cochinas (cerdas) vestidas a la moda del Barroco
Sr. De Blanco: Hombre vestido al estilo del Barroco.
Berta: Señora gorda de tez morena.
Chupulún: Esqueleto vestido con la moda de los años setenta del siglo XX y con un afro arcoíris.
Calicanto: Lechuza vieja muy sabia

ACTO I

ESCENA I


(Son dos edificios. Moles verticales que pretenden simbolizar el triunfo del hombre sobre la arquitectura prístina de la naturaleza. Uno frente al otro. De balcón a balcón conversan Cipriana y Simón. La noche profunda como los pensamientos ocultos, muestra una espléndida luna que brilla al centro del firmamento).

CIPRIANA: (Desde el balcón, llama a su amigo.) ¡Simón! ¡Simón! ¿Estás despierto? Cipri llama a Simón. ¡Contesta! ¿Dónde estás? Cipri llamando a Simón. Clave roja ¡Contesta! ¡Simón Andrés!
SIMÓN: Simón se comunica con Cipri.
CIPRIANA: ¡Por fin! ¿Dónde estabas?
SIMÓN: Estaba terminando de recoger los platos. ¿Qué pasa? ¿Alguna misión especial?
CIPRIANA: Te quiero contar una historia muy bonita que leí en un libro.
SIMÓN: ¿Es muy larga?
CIPRIANA: No. Es corta.
SIMÓN: No me vayas a contar la historia de la cucarachita Martínez y el Ratón Pérez.
CIPRIANA: ¿No te gusta?
SIMÓN: A mí me parece genial esa historia, (levanta un poco la voz) pero es que me las has contado como mil veces.
CIPRIANA: Baja la voz. Sino mi mamá me manda a dormir.
SIMÓN: Está bien. ¿Me vas a contar la historia si o no?
CIPRIANA: ¡Sí! ¿Te acuerdas de la clase de los indígenas en América?
SIMÓN: Si.
CIPRIANA: La historia es sobre cómo apareció la yuca
SIMÓN: ¿La yuca?
CIPRIANA: En Venezuela le decimos de esa manera, pero en otras partes de América le dicen Mandioca.
SIMÓN: ¿Me vas a dar clases?
CIPRIANA: No. Yo no soy maestra. Te voy a echar el cuento de la niña Mandioca. No recuerdo si se llamaba así o mandió. Bueno, le voy a decir la niña Mandioca.
SIMÓN: Lo que sea. ¡Cuenta! ¡Tengo sueño!
CIPRIANA: En un pueblo de indígenas llamado Guaraní, vivía una niña que se sentía muy fea… Se sentía tan fea que nunca jugaba con los otros niños y niñas. Ella era más alta que los niños de su comunidad. Tenía los brazos largos, casi le llegaban hasta el suelo…Siempre estaba parada frente a la puerta de su casa…Un día, el dios de los Guaraníes tuvo lástima de ella, entonces… ¿Simón? ¿Estás despierto?
SIMÓN: Claro Cipriana y ¿qué pasó después?
CIPRIANA: Entonces el Dios le dijo que mañana él iba a hacer que lloviera y que un relámpago muy potente caería sobre la tierra y la partiría en dos. Le dijo que fuera al lugar y que metiera sus pies en la tierra, pero que les pidiera a sus hermanos que fueran al día siguiente. Así se hizo la voluntad del Dios. Cuando sus hermanos llegaron al sitio se dieron cuenta que allí había una extraña planta que nunca habían visto.
SIMÓN: ¿Y la niña?
CIPRIANA: ¡Espérate! La planta tenía hojas en forma de manos largas, al acercarse más vieron que la planta tenía la cara de Mandioca. Era su hermana. Entonces decidieron arrancarla de la tierra. ¿Cuál sería su sorpresa? Al ver que los pies de la niña se transformaron en enormes vegetales y de allí surgió la mandioca o yuca… ¿Qué te pareció?
SIMÓN: ¡Extraña! Pero a mí me gustó
(Se escuchan ruidos en la calle).
CIPRIANA: ¿Escuchaste?
SIMÓN: O sea que cada vez que coma yuca me estoy comiendo los pies de la niña. (Se escuchan nuevamente los ruidos).
CIPRINA: ¿Escuchaste?
SIMÓN: ¿Qué?
CIPRIANA: ¡Escucha!
SIMÓN: No oigo nada.
CIPRIANA: (Observando hacia la calle) ¡Mira!... Allí hay alguien.
SIMÓN: No veo nada.
CIPRIANA: Alguien nos está viendo.
SIMÓN: ¿No será un fantasma?
CIPRIANA: ¡No te burles!
SIMÓN: Seguro que es un muerto viviente que te viene a buscar desde la tierra de los zombis.
CIPRIANA: Chico, no me asustes.
SIMÓN: Cipriana será mejor que te acuestes a dormir.
CIPRIANA: ¡Ahí se movió! Alguien está viéndonos.
SIMÓN: Simón le dice cambio y fuera a Cipri. (Simón se mete a su cuarto)
CIPRIANA: ¡No Simón! No te vayas todavía. Ahí está (Sin dejar de mirar hacia la calle) ¡Simón! ¡Es una señora! (De pronto la luz de la luna empieza a ser más clara. La figura de una señora gorda de piel oscura la está mirando muy sonreída. La desconocida saluda con un gesto amable a la niña asomada. Cipriana se asusta y se mete rápido a su casa. La señora ríe).

ESCENA II

(La luz lunar cae como velo que cubre la quietud de la ciudad. Unas nubes platinadas juegan a figurar las imágenes de quienes las observan. Poco a poco el sol, sin darnos cuenta, reclama su espacio vital. Es el día de la fiesta de cumpleaños de Cipriana. Cumple nueve años. Todo es alegría y colores brillantes. Se observan en la mesa central: una torta, gelatinas, flores y muchos regalos. Aparece Cipriana emocionada. Una señora, quien es la madre de Cipriana se encuentra arreglando la decoración).
CIPRIANA: ¡Mamá! ¡Mamá! Mira lo que me trajo la abuela. (Enseña un hermoso vestido).
MAMÁ: ¡Qué lindo! ¡Qué bello, hija!
CIPRIANA: ¿Verdad que es una nota?
MAMÁ: Te vas a ver tan linda. Ya eres casi una señorita.
CIPRIANA: Mira esta muñeca con su moto y todo.
MAMÁ: Tu abuela no debió haberse molestado.
CIPRIANA: Pero, ¿por qué mamá? Si a mí me gusta.
MAMÁ: Cipriana, recuerda que tu abuela está muy enferma. Ella no debería estar gastando tanto dinero en regalos.
CIPRIANA: No seas así, mamá. ¿Verdad que es lindo?
MAMÁ: Muy hermoso, hija.
CIPRIANA: Y tengo tantos regalos. Mira: una muñeca, una patineta, un vestido, un MP3: ¿Cuánto habrán costado?
MAMÁ: No sé, pero tu abuela no debió hacerlo
CIPRIANA: Pero es que estos regalos son caros
MAMÁ: Los regalos son lo de menos.
CIPRIANA: Mis amigos y mi abuelita bella sí son buenos.
MAMÁ: Ellos son buenos porque te quieren… Como Simón
CIPRIANA: Pero, en una fiesta de cumpleaños hay que traer regalos bonitos.
MAMÁ: No, hija. Lo que importa es que tus amigos te aprecian.
CIPRIANA: ¡Está bien! Yo regalo cosas a mis amigos cuando cumplen años. ¿No?
MAMÁ: Pero tú lo haces porque es una manera de decirles que los aprecias.
CIPRIANA: Y si no les hubiera llevado nada.
MAMÁ: Ellos de seguro entenderán que no tenías dinero y ya.
CIPRIANA: Pero entonces no me van a querer más.
MAMÁ: No hija. Eso no es así. Los regalos se aceptan o se dan si tienes dinero con que hacerlo, si no lo tienes no pasa nada. El cariño sigue siendo el mismo ¿entiendes?
CIPRIANA: Más o menos.
MAMÁ: Bueno, por los momentos recoge todas esas cosas y guárdalas en tu cuarto. Falta muy poco para tu fiesta de cumpleaños.
CIPRIANA: ¡Está bien! (Sale alegre con sus regalos).
ESCENA III
(En otro espacio: un apartamento modesto. Hay un niño, cuyo nombre es Simón Andrés, de aproximadamente nueve años compartiendo con su madre).
SIMÓN: Mamá tú crees que a Cipriana le guste lo que le compré.
MAMÁ: ¿Por qué lo preguntas?
SIMÓN: Ella es medio fastidiosa.
MAMÁ: ¡Simón Andrés!
SIMÓN: No me digas así.
MAMÁ: Entonces no digas eso de Ciprianita. Ella es tu amiga
SIMÓN: Pero ella es muy malcriada. Y habla mucho
MAMÁ: Cipriana es una niña. Además de que tú mismo me has dicho que cuenta unas historias muy bonitas.
SIMÓN: Por cierto anoche me contó una sobre cómo apareció la yuca
MAMÁ: Y ¿qué tal?
SIMÓN: A mí me gustó… ¿Dónde están los zapatos? (Entra hacia su habitación) No los encuentro.
MAMÁ: (Mientras forra el regalo) Encima de la computadora.
SIMÓN: No están... Estos no son... ¡Ya los encontré!... ¿Y ahora dónde está la gelatina?
MAMÁ: Están abajo.
SIMÓN: ¡Ya los encontré! No encuentro la gelatina.
MAMÁ: Te vas así.
SIMÓN: (Entrando) ¿Cómo voy a ir? Así sin nada. Voy a parecer un “gallo”. El propio pánfilo (se señala la cabeza).
MAMÁ: ¡Mi niño! Estás tan buen mozo. Ven para darte un beso. (Lo abraza) Estás tan grande mi hombrecito.
SIMÓN: ¡Mamá! Me vas a despeinar.
MAMÁ: Las carricitas se van a volver locas por mi muchacho.
SIMÓN: Mamá ¿cómo voy a ir sin gelatina?
MAMÁ: Déjame buscarla (Saliendo) A lo mejor la tienes en algún lado.
SIMÓN: (Saliendo detrás de su mamá) Pero es que no está. Yo no soy ciego ni loco.

ESCENA IV

(Es el momento de la fiesta. Hay música. La madre de Cipriana se encuentra atareada. Suena el teléfono. Alguien toca la puerta. Al fondo, una música festiva. Todo es alegría y confusión. Cipriana conserva su quietud como si no pasara nada).

MAMÁ: ¡Ay! Me voy a volver loca.
CIPRIANA: (Quien había tomado el teléfono) ¡Mamá, te llama la abuela!
MAMÁ: Hija; ¿Puedes abrir la puerta? ¡Apaga ese radio! ¡Va! ¡Un momento! Cipriana ¡Abre!
CIPRIANA: ¿Cómo estoy? ¿No estoy fea?
MAMÁ: ¡Abre! (Suena el reloj de la cocina) ¡La comida está lista!
CIPRIANA: Mi abuela te está llamando (Se escucha el timbre) ¡Ya voy! Mamá ¿no estoy fea? Dime la verdad...
MAMÁ: (Al teléfono) Ya le atiendo. Termina de abrir la puerta. Ese debe ser Simón (suena el teléfono móvil) ¡Ah! Me voy a volver loca.
CIPRIANA: (Abre la puerta) ¡Sí!...Es Simón Andrés.
SIMÓN: No me digas así (Cipriana se percata que detrás de su amigo hay alguien) Sabes que no me gusta ese nombre.
CIPRIANA: ¿Y esa señora?
SIMÓN: (voltea) ¿Qué señora? Ahí no hay nadie. Yo vine solo.
CIPRIANA: Pero es que había alguien parada...
SIMÓN: ¿Y tu mamá?
CIPRIANA: ¡Ah! En la cocina.
MAMÁ: (Desde adentro) ¡Hola, Simón! Ya salgo.
SIMÓN: ¿Cómo está, señora? Mi mamá le manda saludos (Cipriana está mirando hacia afuera como buscando a alguna persona) Cipriana ¿qué haces ahí?
CIPRIANA: Nada. ¿Y eso que llegaste tan temprano?
SIMÓN: ¡Qué importa! (Sale la mamá de Cipriana)
MAMÁ: Disculpa que no salí a recibirte. Es que con tanto ajetreo. ¡Ah! Estás buenmocísimo. ¿Quieres un refresco o jugo?
SIMÓN: No gracias.
CIPRIANA: (Al darse cuenta del paquete que Simón trae en las manos) ¿Ese es mi regalo?
MAMÁ: ¡Niña! No seas maleducada.
SIMÓN: Sí.
CIPRIANA: ¡Entonces dámelo!
MAMÁ: Espérate a que él te lo ofrezca.
CIPRIANA: Mamá es mi cumpleaños. No comiences con el fastidio.
MAMÁ: ¡Tú sí eres altanera!
CIPRIANA: Es que tu no me dejas ni un solo momento en paz. Siempre andas regañándome.
MAMÁ: No se trata de eso. Es que tú no sabes esperar. ¡Paciencia, niña!
CIPRIANA: ¡Ay! ¡No mamá! ¡No empieces!
MAMÁ: ¡No me hables así! No seas tan grosera.
CIPRIANA: La, la, la, la. La
MAMÁ: ¡Cipriana! Estoy hablando contigo.
CIPRIANA: La, la, la, la, la
MAMÁ: Yo soy tu mamá. ¡Respeta!
CIPRIANA: ¡Por favor!... es mi cumpleaños.
SIMÓN: No seas así.
CIPRIANA: Yo no estoy hablando contigo.
MAMÁ: ¡Cipriana! ¿Qué pasa, pues? Me vas bajando ese tono.
CIPRIANA: Entonces no me fastidies.
MAMÁ: Se acabó la fiesta. ¡No hay cumpleaños!
CIPRIANA: ¿Cómo que se acabó la fiesta?
MAMÁ: Como lo oíste. Simón disculpa. Nada de esto es tu culpa. Es que esta niña es una maleducada.
SIMÓN: Por mi no se preocupe. Está bien.
CIPRIANA: Claro, como él es perfecto. Simón nunca hace nada malo. Yo siempre soy la mala.
MAMÁ: ¡Baja la voz!
CIPRIANA: A ti nunca te gusta lo que hago.
MAMÁ: Mejor te callas...
CIPRIANA: Tú no me quieres.
MADRE: Piensa antes de hablar
CIPRIANA: Tú no me quieres. Ojalá que mi papá estuviera aquí. El si me quiere
MAMÁ: Cipriana cállate. No sabes lo que dices.
SIMÓN: ¿Qué hora es?
CIPRIANA: ¿Por preguntas qué hora es? ¿Tú como que eres gafo?
MAMÁ: ¡Cipriana!
CIPRIANA: Tú no me quieres. Tú quieres más a Simón más que a mí
SIMÓN: No digas eso.
MAMÄ: Si sigues no va haber fiesta
SIMÓN: Yo mejor me voy. Toma tu regalo
CIPRIANA: (Cipriana toma el regalo y lo arroja contra el suelo) ¡Yo no quiero tu regalo!
MAMÁ: ¡Se acabó la fiesta!
CIPRIANA: No sé por qué eres así. Tú no me quieres. ¡Ojalá que no fueras mi mamá!

ESCENA VI

(En ese momento la madre y Simón quedan paralizados. Se escuchan truenos. La luz del día se opaca. La habitación comienza a desaparecer. Se escucha a lo lejos unos tambores y ruidos de animales. Un frío hace su presencia. Una risa fuerte de hombre retumba en todo el espacio. Aparecen cinco cochinas bailando y cantando detrás de una extraña luz.).

Canción:

Cinco cochinas se fueron al teatro, cuando regresaron sólo eran cuatro
¡Cuatro!
Cuatro cochinas tomaron café y cuando terminaron sólo había tres
¡Tres!
Tres cochinas entonaron la voz, cuando terminaron sólo eran dos
¡Dos!
Dos cochinas se fueron a la Luna, cuando regresaron sólo había una
¡Una!
Una cochina lloraba dando brincos, cuando terminó volvieron a ser cinco
¡Cinco!

(Las cochinas bailan alrededor de Cipriana. Ríen estrepitosamente. Los tambores se confunden con las risas.)

CIPRIANA: ¿Quiénes son ustedes?... ¿Quiénes son ustedes? ¡Contesten! (Las cinco cochinas se burlan de la niña) ¡Déjenme tranquila! ¡Mamá! ¡Simón! ¡Mamá!
COCHINAS: ¡Mamá! ¡Mamá!
CIPRIANA: ¡Mamá! ¡Simón! ¿Dónde están?
COCHINAS: ¿Dónde están? ¿Dónde? ¿Dónde?
CIPRIANA: ¡Mamá! ¡Mamá! ¿De qué se ríen? ¡No se burlen! Ni que fuera payasa.
COCHINAS: ¡Payasa! ¡Payasa! ¡Payasa!
CIPRIANA: ¡Déjenme tranquila! ¿Dónde está mi mamá? ¿Y Simón?
COCHINAS: ¿Y Simón? ¡Simón! ¡Simón!
CIPRIANA: Ustedes sí son fastidiosas. ¡Pipotes!
COCHINAS: ¡Pipotes! ¡Pipotes!
CIPRIANA: ¡Cállense! ¡Mamá! ¡Mamá! (Los tambores comienzan a repicar más alto. Entra un viento que hace volar las cosas por los aires. Cipriana no deja de llamar a su mamá y a Simón. Por toda la habitación se escuchan las risas de las cochinas. Tambores y risas. De pronto, las burlonas cochinas quedan paralizadas y se escucha una risotada fuerte de hombre. La luz juega con su intensidad. Disminuye y aumenta. Cambia de colores hasta llegar a un rojo que enceguece. El hombre no deja de reír. Cipriana muy asustada por todo lo que está ocurriendo llama aún más fuerte a su mamá y amigo. Aparece un hombre rubio, alto y corpulento. Su traje es blanco con una gran capa de dos tonos: negro y rojo. La peluca que cae a los hombros es rubia como una cascada de oro fundido. Sus manos están cubiertas con guantes que hacen juego con el resto del traje. Su cara está maquillada como si fuera un payaso de circo. Lleva en su mano izquierda un elegante bastón que luce un enorme rubí que destella cuando la luz lo golpea).
SR. DE BLANCO: ¿Por qué llamas a tu Madre?
CIPRIANA: ¿Quién dijo eso? (Sin darse cuenta de la presencia del Sr. De Blanco) ¿Quién está allí?
SR. DE BLANCO: ¡Pobre niña! Aparte de maleducada es ciega.
CIPRIANA: (Se percata del Sr. De Blanco) ¿Quién es Usted? ¡No se me acerque! ¿Cómo entró a mi casa?
SR. DE BLANCO: ¿A tu casa? ¿Quién dijo que esta era tu casa?
CIPRIANA: Claro que esta es mi casa. Esta es mi fiesta de cumpleaños.
SR. DE BLANCO: Yo no veo ninguna fiesta (Avanza) Y esta no es tu casa… ¡Niña!
CIPRIANA: ¡No se me acerque! (Retrocede y tropieza con las cochinas) ¡Ay! No me toquen cochinas feas.
SR. DE BLANCO: Ya conociste a mis niñas (Chasquea los dedos y las cochinas adquieren nuevamente sus movimientos) ¿Verdad que son muy graciosas?
CIPRIANA: A mi me parecen odiosas y antipáticas... ¿Quién es Usted? (Las cochinas rodean al Sr. De Blanco) ¿De dónde apareció Usted? ¿Qué quiere?
SR. DE BLANCO: Puedes llamarme el Señor de Blanco y estoy aquí porque necesito un favor tuyo.
CIPRIANA: Yo no lo conozco y no tengo porque hacerle ningún favor
SR. DE BLANCO: ¿Quieres ver a tu mamá y a tu amigo Simón?
CIPRIANA: ¿Usted sabe dónde están? ¿Qué hizo con ellos? ¿Dónde están? Si les pasa algo, usted va a ver de lo que soy capaz.
SR. DE BLANCO: ¡Cálmate!... Si quieres verlos nuevamente tendrás que hacer lo que te pida.
CIPRIANA: ¿Y si no lo hago?
SR. DE BLANCO: Haré que no los veas nunca más, tal como lo pediste hace un rato en tu fiesta. Yo cumpliré tu deseo. Nunca más los volverás a ver. Tú eliges (Las cochinas ríen y giran alrededor de Cipriana).
COCHINAS: ¡Elige! ¡Elige! ¡Elige!
CIPRIANA: Yo no quise decir eso. Mi mamá es muy buena. Fue sólo un momento de rabia... Por lo de la fiesta...Nunca quise decir eso.
SR. DE BLANCO: Tus palabras fueron: “¡Ojalá no fueras mi mamá!” Y debes saber que cuando se dice algo hay que tener mucho cuidado. Las palabras siempre reflejan una intención o un deseo.
CIPRIANA: Yo no quise decir eso, además que no lo conozco y no me da la gana.
COCHINAS: ¡No me da la gana! ¡No me da la gana! ¡No me da la gana! (El ambiente se torna rojizo y una densa neblina cubre el lugar. Se escucha la voz de su mamá y la de Simón llamando a Cipriana)
CIPRIANA: ¿Mamá? ¿Simón? ¿Dónde están?
SR. DE BLANCO: En un lugar del que nunca saldrán a menos que…
CIPRIANA: ¿A menos que qué?
SR. DE BLANCO: Tienes que hacer algo por mí y no tienes mucho tiempo.
CIPRIANA: ¿Qué quiere que haga?
SR. DE BLANCO: ¡No mucho! (El ambiente vuelve a recuperar su tensa calma. Las voces han desaparecido y las cochinas se aquietan) ¡Es fácil! Te lo diré en el camino.
CIPRIANA: ¡No entiendo! ¿De qué me está hablando? Por favor, Sr. De Blanco dígame dónde está mi mamá... ¿y Simón?
COCHINAS: ¡No preguntes tanto!
CIPRIANA: ¿Por qué no se callan? Señor, dígales que se callen
SR. DE BLANCO: ¿Quieres ver a tu mamá? ¿Sí o no?
COCHINAS: ¿Sí o no? ¿Sí o no? ¿Sí o no?
CIPRIANA: ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
SR. DE BLANCO: Entonces adelante (Conticinio de tiempo y el espacio).

ESCENA VII

(Un lugar bastante peculiar. Es un espacio blanco y vacío, sólo hay una mesa extraordinaria transparente, sobre la cual hay una rosa roja enorme, de dimensiones fantásticas y un extraño ser, cuyo nombre es Calicanto. Su apariencia asemeja a una lechuza. El personaje escribe sobre un pergamino con una enorme pluma negra. Escribe y canta. Canta y escribe).
CALICANTO:
Las olas del mar golpean con pasión a la orilla,
mis palabras vuelan en el espacio infinito,
sin tiempo, sin forma, con un loco deseo,
quizás encontrar a la niña,
cabellos negros que me recuerdan la profundidad de la noche.
¿Dónde estás, ángel?
Sin ti no hay razón para andar...
¿Ángel, dónde estás?

(En el ínterin de estas palabras, Cipriana y el Sr. De Blanco mantienen diálogo en sigilo).

SR. DE BLANCO: Tanto amor me da ganas de vomitar.
CIPRIANA: A mi parece muy bonito.
SR. DE BLANCO: Aquí comienza tu tarea.
CIPRIANA: No entiendo.
SR DE BLANCO: ¿Ves la pluma con que está escribiendo?
CIPRIANA: Por supuesto, no soy ciega.
SR. DE BLANCO: Él se llama Calicanto. Es un escritor
CIPRIANA: Ya veo que el señor escribe.
SR. DE BLANCO: Debes quitarle la pluma.
CIPRINA: ¿Por qué?
SR: DE BLANCO: ¡No preguntes tanto! ¿Quieres ver a tu mamá y a tu repulsivo amigo Simón Andrés?
CIPRIANA: ¿Cómo sabe que se llama Simón Andrés? A él no le gusta que le digan así
SR. DE BLANCO: El Sr. de Blanco todo lo sabe
CIPRIANA: Dígame ¿Dónde están?
SR: DE BLANCO: Debes arrancarle la pluma al miserable de Calicanto. La vieja lechuza no puede seguir escribiendo… Cuando lo hagas, tu mamá y tu querido amigo Simón… Simón Andrésssss estarán más cerca de ti (El Sr. De Blanco desaparece como un aire frío invernal, su voz resuena como una advertencia en los oídos de la niña) Y si no lo haces, puedes comenzar a despedirte de ellos (Desde algún lugar en la imaginación se escuchan las voces de Simón y de la madre de Cipriana).
CIPRIANA: Y ahora, ¿qué hago? (Una voz suave y aterciopelada de mujer que recuerda a su abuela flota en el aire, mientras una enorme bola de cristal atraviesa el escenario y desaparece).
VOZ: Haz lo que dicte tu alma (Cipriana sorprendida intenta infructuosamente ubicar a la persona dueña de la voz) Lo que dicte tu alma...Lo que dicte tu alma.
CALICANTO: ¿Quién está allí? (Silencio) Por favor, conteste, no le puedo ver.
CIPRIANA: ¡Soy yo! Mi nombre es Cipriana…Disculpe la interrupción.
CALICANTO: ¿Eres tú? (Al levantarse y tratar de dirigirse a la niña, nos percatamos que el hombre que asemeja una lechuza es ciego) ¿Realmente eres tú? Siempre supe que mis palabras te traerían de vuelta. ¡Eres tú! Mi hermosa niña de cabellos negros… negros como la crin de un caballo salvaje que galopa por la sabana de un atardecer tibio. Te he estado esperando desde hace tanto tiempo.
CIPRIANA: Disculpe, pero... yo no lo conozco.
CALICANTO: ¿No te acuerdas de mí? Soy yo. ¡Calicanto! (Se acerca a la niña y empieza a tocar su rostro, la emoción que lo embarga, hace que su voz se quiebre) ¡Sí! Eres tú, mi hermosa niña de cabellos negros. Sabía que algún día vendrías a visitar a esta pobre lechuza vieja y ciega. ¡Gracias! ¡Muchas gracias por recordarme!
CIPRIANA: Es que, disculpe, pero es que no lo conozco.
CALICANTO: Sí me conoces, Cipriana. Trata de recordar aquellas noches, cuando tu madre te contaba esas hermosas historias y todas comenzaban con “Érase una vez...” No recuerdas la zapatilla de la Cenicienta o al travieso muñeco de madera, las aventuras de Tío Tigre y de Tío Conejo, “las memorias de Mamá Blanca”, ¿o acaso quieres que te cuente el cuento del “gallo pelón”? y qué me dices de: “que le corten la cabeza”. Tú te tapabas con la sábana y tu mamá se reía. Sí me conoces, yo era esa voz. Yo soy la voz de todos, cuando, a través, de esos relatos mágicos y universales se llega al mundo de la imaginación. Cada vez que alguien lee un cuento fantástico de hadas a un niño, allí se abre la puerta de mi casa. Ese soy yo, Calicanto, el guardián de los mitos y la imaginación sin límite. El que escribe las leyendas e historias mágicas de todos los pueblos.
CIPRIANA: Esos son sólo cuentos para niños y niñas.
CALICANTO: Pero a ti te gustaban mucho. ¿No lo recuerdas?
CIPRIANA: Yo siempre era la cucarachita Martínez y Simón era el ratón Pérez.
CALICANTO: Sí mi niña, siempre serás lo que quieras ser, si confías en la pureza de tu corazón.
CIPRIANA: ¡Sí! Recuerdo aquellos cuentos que me hacían tanta gracia.
CALICANTO: ¡Qué grandioso es tratar de parecerse a lo que uno ha soñado de sí mismo!
CIPRIANA: Pero esas cosas no existen. Son mentiras
CALICANTO: Tus risas eran como suaves aleteos que abrían las puertas celestiales de la fantasía (De pronto, en medio de aquella felicidad tácita, se comienza a escuchar la canción de las cinco cochinas, la cual anuncia como un estribillo infernal la irrupción de cualquier armonía, trayéndole a Cipriana una enorme zozobra)
CIPRIANA: No siga diciendo esas mentiras. Los cuentos de hadas son puras necedades.
CALICANTO: ¿Qué te ha pasado hermosa niña de cabellos negros? Tú siempre fuiste muy alegre.
CIPRIANA: Ya no lo soy la misma. Soy una niña mala. Ya no puedo sonreír.
CALICANTO: Las risas siempre traen alegrías al mundo. Nunca dejes de sonreír.
COCHINAS: (Ríen sin que Calicanto note sus presencias) ¡Quítale la pluma!
CIPRIANA: ¡No puedo hacerlo!
CALICANTO: ¿Decías algo, hermosa?
CIPRIANA: ¡No! Señor Calicanto.
COCHINAS: ¿Quieres ver a tu mamá y al pequeño Simón? Trae la pluma. Él no te puede ver.
CIPRIANA: ¡No puedo! Calicanto es mi amigo. ¡No puedo!
CALICANTO: ¿Con quién hablas?
COCHINAS: ¡La pluma! ¡Quítale la pluma!
CIPRIANA: ¡No lo haré! (Calicanto que se encontraba escribiendo se sobresalta por la fuerza tonal de las palabras de la chica) ¡No puedo hacerlo!
COCHINAS: (Rodeando en una danza violenta a Calicanto) ¡Calicanto! ¡Calicanto! ¡Calicanto!
CALICANTO: ¿Qué pasa, Cipriana? ¿Quién me llama?
COCHINAS: (Aún danzando alrededor del lechuzo viejo y ciego) ¡La pluma! ¡La pluma!
CIPRIANA: (El estribillo fatídico de las cochinas hace su aparición) ¡Está bien! ¡Lo haré! (Las cochinas ríen estrepitosamente).
COCHINAS: ¡Calicanto! ¡Calicanto!
CALICANTO: ¿Quién me llama?
CIPRIANA: (La pluma resplandece con fulgurantes colores) ¡Es extraordinaria! Nunca había visto unos colores tan intensos. Por favor, señor Calicanto, perdóneme.
COCHINAS: ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Simón!
CALICANTO: No te entiendo. (La jovencita se acerca al rostro del hombre que asemeja a una lechuza y le estampa un beso en la mejilla derecha) No te entiendo.
CIPRIANA: Perdóneme... (La joven Cipriana en un arrebato toma y corre con la pluma) Perdóneme...Perdóneme (Las cochinas satisfechas giran por todos lados hasta desaparecer).
CALICANTO: Corre, niña, corre. Ese es tu destino. Lo que está escrito se tiene que cumplir. Nadie puede escapar de sus palabras. Corre, niña, corre y ojalá encuentres a tu madre y a tu amigo Simón (Detrás del dulce Calicanto aparece la sombra de la mujer gorda de piel morena que siempre se le aparece a Cipriana en los momentos más críticos de su aventura por este mundo raro). Vieja amiga, ¿La niña podrá vencerlo?
BERTA: Ese es su destino. Ella debe decidir.
CALICANTO: ¡Berta! Si la chica le entrega la pluma, nuestro mundo desaparecerá.
BERTA: Así es mi querido Calicanto. No podremos hacer nada para salvar a los libros mágicos de la imaginación. (Se desvanecen)

ESCENA VIII

(En un espacio vacío y oscuro se encuentran Cipriana y el Sr. De Blanco, éste último con una gran satisfacción por la pluma de Calicanto obtenida por la escaramuza de la niña, quien por cierto se nota bastante triste por la felonía que recién cometió).

SR. DE BLANCO: ¡Por fin la pluma del sabio Calicanto es mía! Ya las palabras me pertenecen. Nadie más podrá escribir esas horribles historias y relatos, sólo yo podré contar lo que desee (A Cipriana) y todo gracias a ti, Cipriana. (El Sr. De Blanco comienza a cantar “Ha llegado la hora”).
Gracias mi preciosa Cipriana,
Siempre soñé con ser el amo del mundo
Siempre soñé con hacer lo que me diera la gana,
por fin tendré un hermoso mañana,
¡Ha llegado la hora!
Nunca más habrá imaginación
Ni caminos a escoger
¡Ha llegado la hora!
Nadie lo evitará
Prometo ir al mar de la felicidad
Yo soy el dueño del mundo
nadie podrá opinar,
Sin la pluma de la libertad
Sólo mis deseos se cumplirán
¡Ha llegado la hora!
Nunca lo podrás evitar

CIPRIANA: Perdóname, Calicanto...Perdóname...Tuve que hacerlo. El Sr. De Blanco me obligó.
SR. DE BLANCO: ¡Ay, niña! Deja el drama.
CIPRIANA: ¿Cómo puede ser tan malo? Usted es malo.
SR. DE BLANCO: ¡Cuidado! Recuerda que fueron tus palabras las que te metieron en esto (Parafraseando las palabras de Cipriana) “Ojalá no fueras mi mamá”.
CIPRIANA: Nunca debí decirlo.
SR. DE BLANCO: Déjate de lamentaciones absurdas. La leche derramada no se puede recoger. Además, aún no has terminado tu misión.
CIPRIANA: Ya yo hice mi parte ahora usted debe cumplir.
SR. DE BLANCO: Aún no has terminado.
CIPRIANA: ¿Qué debo hacer?
SR. DE BLANCO: ¡Quieres ver a tu madrecita querida y a tu antipático amigo Simón Andrés?
CIPRIANA: No le diga así. A él no le gusta.
SR. DE BLANCO: ¿Quieres verlos si o no?
CIPIRANA: Sí quiero.
SR. DE BLANCO: No oigo lo que dices.
CIPRIANA. Sí quiero.
SR. DE BLANCO: Más alto niña. No oigo tus palabras.
CIPRIANA: Dije que sí quiero ver a mi mamá y a Simón.
SR, DE BLANCO: Entonces debes quitarle la llave del reino de Berta al estúpido esqueleto llamado… ¡Se me olvidó… llamado… ¿Cómo es que se llama?...
CIPRIANA: Termine de hablar.
SR. DE BLANCO. ¡Ay! ¡Qué agresiva! ¡Ya recordé su nombre!. El esqueleto llamado Chupulún. (El Sr. De Blanco comienza a dar voces llamando a sus cochinas) ¡Niñas! ¡Niñas! ¿Dónde están? (Histérico) ¡Niñas! (El estribillo repetitivo de las cinco cochinas se escucha en el espacio, anunciando su aparición).
COCHINAS: ¡Aquí estamos, amo! (Cada cochina aparece con un muslo de pollo y una copa que contiene alguna bebida) Es que estábamos comiendo.
SR. DE BLANCO: (A Cipriana) ¡Pobrecitas! Ellas siempre tienen hambre. (Con voz altisonante y contundente que se eleva por todo el espacio) ¡Boten el pollo! ¡Derramen sus copas! La hora ha llegado. ¡Niñas! Prepárense para el abordaje. Y tú, Cipriana, serás quien nos dará el triunfo. ¡Queridas! A colocarse en fila. (Las cochinas se acomodan en fila india) Cipriana será quien enarbole la bandera de nuestra batalla (Como en una marcha militar avanzan) ¡Hacia el triunfo! ¡Hacia el triunfo! ¡Hacia el triunfo! (Desaparecen).

ACTO II

ESCENA I.


(El espacio está lleno de colores psicodélicos, al centro del techo una bola enorme forrada de diminutos espejos gira y refleja la luz a manera de un calidoscopio, el ambiente es propio de los años setenta del siglo XX. Muebles en forma de labios femeninos al estilo del pintor catalán Salvador Dalí. Móviles de circunferencias dispuestos en una correlación de mayor a menor radio que caen desde el techo hasta el suelo. En los asientos se encuentran tres muñecas de tamaño humano; las tres son negras, sólo las diferencia el color del cabello: rubio, azul y rojo. Se puede tomar como referencia a las negritas de los carnavales de Caracas de la primera mitad del siglo XX. Al centro de las muñecas, se encuentra un personaje bastante pintoresco, se trata de Chupulún, un esqueleto vestido con la moda de los setenta y con un gran afro Arco iris. Tiene una forma especial de caminar, sólo lo hace dando saltos con las piernas juntas, acaso saltos de canguro).

CHUPULÚN: (Mientras limpia a las muñecas negras) ¡Siempre tengo que limpiarlas!... ¿Por qué yo?... Don`t worried, mis niñas. Chupulún las quiere mucho. Son tan lindas. Mira cómo están de sucias. Pronto quedarán beautiful. No preocuparse. Ahora Chupulún cantar la canción del Chupulún.

CUHUPULÚN:
Yo tengo oh, oh ,oh
Unas negritas muy bonitas oh, oh, oh
Que me hacen muchas cosquillitas oh, oh oh
Y no dejarme dormir
Con la “a”
Ya tanga ah, ah, ah
Anas nagratas muy banatas, ah, ah, ah
Ca ma hasan machas cascallatas ah, ah, ah
A na ma dajan darmar.
Con la “e”
Ye tengue eh, eh, eh
Enes negretes muy benetes, ah, ah ,ah
E ne me dejen dermer.
Con la “i”
Yi tingui ih, ih ,ih
inis nigritis muy binitis ih, ih ih
i ni mi dijin dirmir
Con la “o”
Yo tongo oh, oh oh
Onos nogrotos muy bonotos oh, oh, oh
O no mo dojon dormir
Con la “u”
Yu tungu uh, uh ,uh
Unus nugrutus muy bunutus, uh, uh ,uh
U nu mu dujun durmur


CIPRIANA: Cipriana entra y tose para llamar la atención) Perdón, señor.
CHUPULÚN: ¿Y de dónde saliste tú? (La examina cuidadosamente) Tú no ser una de mi niñas.
CIPRIANA: No señor. Mi nombre es Cipriana.
CHUPULÚN: Si venir a vender algo, te poder regresar por donde viniste. No compramos nada. Te puedes ir pa´tras.
CIPRIANA: No soy vendedora (Chupulún continúa con la tarea de limpiar a las muñecas). Le dije que mi nombre es Cipriana y estoy buscando a una señora llamada Berta.
CHUPULÚN: (La rodea para visualizarla mejor) Yo ser Chupulún... Y ellas ser mis niñas. Mis babies adoradas. ¿Verdad que ser únicas?
CIPRIANA: Pero, ellas son unas muñecas.
CHUPULÚN: (En secreto a Cipriana) No les digas así. Se molestan. En realidad no saben que son muñecas. Ven que te las muestro.
CIPRIANA: No tengo tiempo ¿puedo ver a Berta, si o no?
CHUPULÚN: Of course, my princess. Todo el mundo querer y poder ver, pero no está.
CIPRIANA: Entonces me voy.
CHUPULÚN: jun, jun, jun, ¡Chupulún! Quizás no era importante ver a her majestic Berta.
CIPRIANA: (Quien cree ver moverse a las muñecas negras) ¡Claro que si! Estoy Buscando a mamá y a mi pana Simón y ella me va ayudar.
CHUPULÚN: ¿Pana? ¿Qué es un pana?
CHUPULÚN: Es un o una amiga con quien vas para el cine, al parque, al teatro, lo llevas a tu casa. Eso es un pana.
CHUPULÚN: Mis muñecas ser mis panas. Desde hoy ser las panas negras.
CIPRIANA: No puedo quedarme. Me voy.
CHUPULÚN: Yo ser el guardián de la entrada del Reino. ¿Ves la llave en mi cuello? Pues con ella yo abrir.
SR. DE BLANCO: (Quien aparece detrás de Chupulún. Le hace señas para que se la arranque del cuello)
CIPRIANA: ¡No puedo!
CHUPULÚN: (Voltea y no ve al Sr. De Blanco, quien se ha escondido) ¿Con quién hablar? ¿Tú ser loca?
CIPRIANA: Con nadie (Una enorme mariposa negra muy hermosa surca el espacio) Por favor me puede abrir la puerta. Necesito hablar con Berta.
CHUPULÚN: Primero deber contestar una pregunta (En ese momento aparece el Sr. De Blanco detrás de Chupulún y lo toma por el cuello) ¡Suélteme! Help. Auxilio.
SR. DE BLANCO: No hay tiempo, Chupulún
CHUPULÚN: Pensé que Berta haberte encerrado en cárcel de la envidia.
SR. DE BLANCO: Pero esta niña me liberó con sus estupideces y malcriadeces. Y tú, toma la llave.
CIPRIANA: ¡No! Si lo suelta lo hago. Lo está ahogando.
CHUPULÚN: Thank you.. Aléjate de él. Recontra caramba. ¡My babies! I don´t know nothing. ¡Nada!
CIPRIANA: Disculpe, Sr. Chupulún. Él me obligó a hacerlo
SR. DE BLANCO: ¡Cállate! Toma la llave. No tienes derecho después de lo que les hiciste a tu Madre y a tu Simón. Agarra la llave.
CIPRIANA: Hágalo usted mismo.
CHUPULÚN: El no poder tocarla. Si lo hace...
SR. DE BLANCO: Cierra el pico. Niña toma la llave o nunca más veras a tu madre ni a Simón. Dos menos en el mundo más alimentos para otros.
CHUPULÚN: Tú Cipriana agarrar llave y correr. El no atreverse a tocarla.
SR. DE BLANCO: ¡Niñas! ¡Venid y ayudarme! ¡Niñas! Las llama su amo.
CHUPULÚN: Don`t worried por mi. Arrancar llave de mi cuello, con ella abrir el Reino de Berta. (Cipriana toma del cuello de Chupulún la llave e intenta huir, sin embargo, en ese instante se escucha el estribillo de las cochinas: “cinco cochinas se fueron al teatro, cuando regresaron sólo eran cuatro...)
CIPRIANA: ¡Las cochinas!
CHUPULÚN: ¡Correr! Buscar Berta, ella ayudar conseguir tu mamá y tu pana Simón. (Cipriana intenta escapar y las cochinas lo impiden, comienza una especie de juego del gato y el ratón. Al final, Cipriana logra escapar después de hacer algunas maromas.)
SR. DE BLANCO: (Suelta a Chupulún) Cuídate, esqueleto idiota.
CHUPULÚN: Nunca poder tu venganza. ¿Ok? Tú, malo. No querer a Chupulún ni a nadie. ¡My babies! ¡Mis negritas panas!
SR. DE BLANCO: No hay tiempo para encargarnos de éste. ¡Agárrenlo y enciérrenlo con la mamá de la niña! Volveré. Siempre volveré. ¡Niñas!. A movernos rápido. Hay que alcanzar a la traidora. Debemos quitarle la llave. El Reino de Berta será mío.

ESCENA II.

(Cipriana, después de su escapatoria, encuentra una puerta en su camino. Por el espacio gravitan dos hermosos Quetzales, quienes cruzan el cielo con un vuelo elegante y sutil. Conminan a la niña a abrir la puerta. Tal vez, por inercia o por cansancio Cipriana introduce la llave en el cerrojo y la abre. Al hacerlo se puede ver un hermoso lugar. Es la casa de Berta. La chica no sale de su asombro, hasta que una señora afro americana y gorda la saca de su arrobamiento. La puerta aún permanece abierta).
BERTA: ¡Bienvenida a mi casa, Cipriana!
CIPRIANA: ¿Cómo sabe usted mi nombre?
BERTA: Por favor, cierra la puerta.
CIPRIANA: Usted es la señora que estaba esa noche antes de mi cumpleaños
BERTA: Yo soy Berta y esta es mi casa. La casa de todos los niños y niñas que creen en los cuentos hermosos y en las historias llenas de fantasías. Esta es tu casa.
CIPRIANA: Yo estoy muy apenada.
BERTA: ¿Por qué?
CIPRIANA: Todo esto es mi culpa
BERTA: A veces decimos cosas que no debimos decir o que no sentimos.
CIPRIANA: Yo vine para acá porque Chupulún me dijo que usted podría ayudarme a encontrar a mi mamá y a Simón Andrés.
BERTA: ¿Yo? ¿Crees que yo pueda ayudarte?
CIPRIANA: Sí. Usted señora es mi única esperanza. Me siento tan mal por lo que hice.
BERTA: No te preocupes Ciprianita ¿Te puedo llamar de esa manera?
CIPRIANA: Sí puede hacerlo.
BERTA: No te preocupes tanto. Todo en la vida tiene una solución.
CIPRIANA: Usted me va a ayudar ¿cierto?
BERTA: Si. Voy a ayudarte a encontrar a tu madre y a tu amigo Simón Andrés.
SR. DE BLANCO: (Entra) ¿No me invitas a pasar, querida hermana?
BERTA: ¿Cómo lograste entrar?
SR. DE BLANCO: Gracias a esta niña que dejó la puerta abierta
CIPRIANA: Disculpe señora Berta
SR. DE BLANCO: Gracias a las palabras impertinentes de tu nueva amiguita logré llegar hasta aquí. (A Cipriana) ¿Las recuerdas?: “ojalá no fueras mi mamá”
CIPRIANA: Quisiera no haberlas dicho nunca.
BERTA: ¿Qué quieres?
SR. DE BLANCO: La felicidad me enferma.
CIPRIANA: Yo no quise traerlo. Él tiene presos a mi mamá y a Simón.
BERTA: ¿Y qué quieres?
SR. DE BLANCO: Lo que siempre he deseado: Tu Reino.
BERTA: Eso nunca.
SR. DE BLANCO: Entonces esta mocosa no verá jamás a su madre ni a su amigo. ¡Tú decides!
BERTA: Si te entrego el Reino se acabaría para siempre la imaginación.
CIPRIANA: Y todo es mi culpa.
ESCENA III.
(En un lugar oscuro, se encuentran Simón, la Madre de Cipriana. Las cochinas traen a Calicanto y a Chupulún. Los arrojan dentro. Caen a los pies de Simón).
COCHINAS: ¡Allí se quedarán hasta el final de la eternidad! (La Señora recoge con ternura a los dos personajes).
SIMÓN: ¿Quiénes son ustedes y por qué los han traído hasta aquí?
CHUPULÚN: Yo ser Chupulún. Porque salto, brinco y corro. Por eso ser Chupulún.
CALICANTO: Mi nombre es Calicanto. Estoy a su orden caballero Simón. (Entran en vuelo unos quetzales)
SIMÓN: ¿Cómo sabe mi nombre?
CHUPULÚN: El saber todo.
MAMÁ: ¿Los lastimaron?
CALICANTO: Gracias por su preocupación. Hermosa dama.
CHUPULÚN: Chupulún haber luchado como un guerrero. Proteger a mis babies y a mi pana Cipriana.
MAMÁ: ¿Usted sabe dónde está mi hija?
CALICANTO: Temo que es prisionera del salvaje Sr. De Blanco
MAMÁ: Y ¿quién es el Sr. De Blanco?
CHUPULÚN: ¿No saber quién ser el abominable, el horrible, el malvado, el terrible, el canalla, el villano de la historia, el egoísta, el envidioso…
SIMÓN: ¡Cállate! Y termina de hablar.
CHUPULÚN: Tú ser agresivo con Chupulún.
SIMÓN: ¡Disculpe, usted!
CALICANTO. El Sr. De Blanco fue quien capturó a Cipriana y nos encerró en este lugar.
MAMÁ: ¿Por qué hizo eso?
CHUPULÚN: ¿No saber por qué? (Simón lo ve fijo a los ojos)
SIMÓN: ¡No!
CALICANTO: Lamento decirles que fue por responsabilidad de Cipriana.
SIMÓN: ¿Qué hizo ella tan malo para que estemos en esta jaula?
CHUPULÚN: Ella portar mal en fiesta de birthday… Cumplir… años
MAMÁ. ¡Cumpleaños!
CHUPULÚN: ¡Gracias! Pero no ser mi birthday
SIMÓN: La señora quiso explicar que la manera correcta de decir BIRTHDAY no es cumplir años si no CUMPLEAÑOS. ¿Entiendes?
CHUPULÚN: Simón ser very inteligente
CALICANTO: Lo que quiero decirles es que Cipriana deseó el día de su cumpleaños que (A la mamá) Usted señora no fuera su mamá.
MAMÁ: Pero mi hija no quiso decir eso. Estoy segura. No quiso decirlo.
CALICANTO: Nosotros sabemos lo dulce que es su hija Cipriana, bella dama, sin embargo el malvado de el Sr. De Blanco se aprovechó de sus palabras y logró escapar del encierro al que lo mantenía nuestra reina Berta.
SIMÓN: Pero, entonces debemos hacer algo (Chupulún abraza a Simón)
CHUPULÚN: Muchacho inteligente (Se apaga la luz de esta escena)

(A partir de este momento, los diálogos se suceden en dos planos paralelos).

BERTA: La culpa no existe, sólo tienes que responsabilizarte por lo que haces o dices.
CIPRIANA: ¿Y qué puedo hacer para arreglarlo?
SR. DE BLANCO: Por fin, qué decidiste, querida Berta, Reina de los perdedores.
BERTA; Tu solicitud es imposible de satisfacer. Si te entrego el Reino, nunca más los hombres, mujeres, niños y niñas de buena voluntad tendrán imaginación. No podrán resolver sus problemas.
(En la cárcel)
CHUPULÚN: Hay que salir. Me da escalo...escalo...escalo, ¿cómo decir?
MAMÁ: ¡Escalofríos!
CALICANTO: Yo creo tener una respuesta.
(En el Reino)
SR. DE BLANCO: Termina de decidirte. Recuerda que también tus amigos Chupulún y Calicanto están en mi poder.
BERTA: ¡No puede ser!
CIPRIANA: Así es… y yo soy la culpable.
BERTA: Todo se solucionará, Cipriana.
(En la cárcel)
CHUPULÚN: Pero ¿por qué yo?
SIMÓN: Porque tú eres el único que puede hacerlo.
MAMÁ: Tienes que saltar por encima de esos barrotes y conseguir las llaves.
SIMÓN: Aprovecha que las gordas están dormidas.
CALICANTO: Todos confiamos en ti. Hazlo por el Reino y por tu pana Cipriana. Y ustedes (A los quetzales que se encuentran revoloteando por encima de ellos) Vuelen como luces de colores y avisen a Berta que pronto llegaremos. (Salen rápido por el espacio) Hay que confiar. Es lo único que podemos hacer.
(En el Reino)
BERTA: Si accedo a tu petición, dejarás libre a mis amigos, ¿cierto?
SR. DE BLANCO: ¡Palabra de Blanco!
CIPRIANA: Yo creo que no debemos confiar en él.
SR. DE BLANCO: ¿Por qué no te callas? Recuerda que siempre haces las cosas mal.
BERTA: No podemos hacer nada más. Si no acepto sus condiciones, tu madre y tu amigo corren un gran peligro.
CIRIANA: Pero no puede entregar el Reino, ¿qué sería de la imaginación y de la libertad a soñar?
(En la cárcel, Chupulún logró saltar por encima de los barrotes y está abriendo la jaula)
CHUPULÚN: Chupulún ser muy fuerte. Saltar. Saltar. Saltar. Enseñármelo mi mother.
SIMÓN: Debemos rescatar a Cipriana.
CALICANTO: Pero primero hay que encerrar a las gordas.
CHUPULÚN: Pero cómo.
MAMÁ: Dándole lo que a las cochinas les gusta.
SIMÓN: ¡Comida!
(En el reino)
BERTA: Está bien, hermano.
SR. DE BLANCO: No me llames así. Pronto seré el Rey. El Estado de la imaginación y la libertad soy yo.
CIPRIANA: Nadie puede controlar los sueños.
SR. DE BLANCO: ¡Basta de charlas! ¿Qué decidiste?
BERTA: Te entregaré lo que deseas.
SR. DE BLANCO: Entonces deberás firmar este contrato. (Llama a las cochinas) ¡Niñas! ¡Niñas! (No hay respuesta) ¡Niñas! ¿Dónde estarán estas cerdas?
(En la cárcel, los amigos de Cipriana lograron encerrar a las cochinas en la jaula)
SIMÓN. Debemos correr a rescatar a Cipriana.
CHUPULÚN: El pana Simón tener razón. (Con un pierna de pollo en las manos) Y ustedes mis gordas quedar quietas. No comer mucho. Recordar dieta.
CALICANTO: (A la madre de Cipriana) Señora, esta misión es sumamente peligrosa. Yo le recomiendo permanecer aquí.
MAMÁ: Pero se trata de mi hija.
CALICANTO: Le prometo que la salvaremos
MAMÁ: Pero es que…
CHUPULÚN: Mover paticas, Calicanto. ¡No tiempo!
CALICANTO: Por favor, quédese aquí. Le aseguro que traeremos a su hija sana y salva.
SIMÓN: Calicanto hay que apurarse. Tal vez, Cipriana está en peligro y nosotros sin hacer nada. (Salen. Chupulún se devuelve y habla con la mamá de Cipriana)
CHUPULÚN: No preocupar señora. Chupulún no tener miedo al Sr, de Blanco. Ser valiente y fuerte. Prometer traer a mi pana con usted. Cuidado con las gordas. Chupulún venir de los chupulunes más fuertes. Mi Reino ser Chupululandia. Allí yo ser el príncipe Chupulún. Hacer en nombre de mis panas las negras y de mi pana Cipriana (Entra Simón)
SIMÓN: Vamos Chupulún (lo arrastra)

ESCENA IV

(En el Reino)
SR. DE BLANCO: No importa dónde se metieron las puercas. (Saca de entre su ropaje un contrato y la pluma de Calicanto)
BERTA: ¿La pluma de Calicanto?
SR. DE BLANCO: Tu amiga Cipriana me la dio.
CIPRIANA: No pude evitarlo (Berta se acerca y la abraza).
SR. DE BLANCO: El abrazo de los perdedores. (En ese momento aparecen por el espacio, las delicadas aves. Revolotean y atacan en picada al Sr. De Blanco) ¿Qué es esto? ¿De dónde salieron estos cuervos? (Siguen atacando) ¡Aléjense!
BERTA: Esas son las aves de Calicanto.
CIPRIANA: ¿Qué estarán haciendo aquí?
SR. DE BLANCO: Estos pájaros son de mal agüero. Tendré que acabar con ellos.
CIPRIANA: No los lastime.
BERTA: Vamos a terminar esto de una buena vez.
SR. DE BLANCO: ¡Toma! (Le entrega el contrato) Y en cuanto a ustedes (A las aves) les llegó su hora (Intenta agarrarlas. Cipriana le sujeta la mano. Éste la arroja al suelo) Mira, niña entrometida y estúpida. Nunca más verás a tu madre.
CIPRIANA: Yo no le tengo miedo.
SR. DE BLANCO: Pero, lo tendrás. ¡Te lo juro! (Hace el amago de golpearla)
BERTA: Te prohíbo que lastimes a esa niña. En nuestro mundo existen leyes que protegen contra la violencia hacia los niños y niñas.
SR. DE BLANCO: ¿Qué vas a hacer? No tienes poder para detenerme (El Sr. De Blanco se enfurece cada momento un poco más) Inténtalo, vieja bruja. Mis poderes han crecido y ahora serás tú quien sufra las consecuencias. (Sigue enfureciéndose. El cielo se torna negro, con rayos y sonidos subterráneos) ¿Crees poder detenerme? ¡Firma! ¡Firma! (Agarra a Cipriana del cuello) Hazlo ahora, sino esta enana lo pagará muy caro (En ese instante, Simón arremete contra el Sr. De Blanco, quien se ha convertido en un monstruo) Lograste escapar, estúpido Simón. (Los quetzales vuelan desesperados) Pero, no te servirá de nada. (Arroja a Cipriana al suelo. Chupulún la recoge) ¡Qué lindo ejército! Un esqueleto, una lechuza vieja y ciega, un niño y un hada sin poderes. Tengo tanto miedo. ¡Estúpidos! ¿Creen que podrán vencerme? Esto es una conspiración en mi contra y los que no están conmigo están contra mí.
BERTA: Aún puedo hacer algo.
SR. DE BLANCO: No seas ilusa, hermana. (El cielo se ha vuelto aún más tenebroso y peligroso) ¡Vengan poderes del inframundo! Vengan y reclamen su lugar en este mundo infestado de alegría. No permitan que estos infelices restauren la imaginación. (Rompe la pluma de Calicanto).
CHUPULÚN: No hacer eso. Usted ser malo. (Chupulún salta contra el enorme cuerpo. El monstruo del Sr. De Blanco, lo golpea y cae al suelo)
SR. DE BLANCO: ¡Pobre esqueleto!
CIPRIANA: ¡No!... ¡Chupulún! (Silencio)
CHUPULÚN: (En el suleo) Creo que llegar hora para este esqueleto inútil.
CIPRIANA: No digas eso. Tú eres mi amigo….Eres mi pana.
CHUPULÚN: ¿De verdad ser tu pana?
CIPRIANA: Claro que sí y lo seguiremos siendo.
SR. DE BLANCO: ¡Qué ternura!
CHUPULÚN: Despedirme de mis babies. Mis hermosas muñecas. (Se desmaya)
BERTA: (A los quetzales) ¡Canten! Canten una hermosa melodía que llegue al cielo. Canten como los ángeles (Las aves obedecen) Todos tómense de las manos y no se separen, suceda lo que suceda. (Aparecen las muñecas negras de Chupulún)
SR. DE BLANCO: ¿Qué intentas hacer? (Todos se toman de las manos y hacen un círculo alrededor de Cipriana y Chupulún) No podrán vencerme. ¡Demonios! Seres de la oscuridad vengan en mi auxilio. Su amo los llama.
BERTA: Cuentos, canciones, dioses de la naturaleza, espíritus ancestrales, ángeles protectores de la imaginación y de la paz acudan en este momento. El Reino de la libertad los necesita. Todos en nombre del Dios de la luz reúnanse. El mundo se encuentra en peligro.
CALICANTO: Cuentos de todas partes, nanas, canciones de cuna, historias, arrullos de madres, escriban en el cielo las más bellas letras que jamás se hayan visto.
BERTA: Cantemos de alegría. Nunca dejemos de soñar. (Los quetzales emiten trinos suaves que gravitan en el aire). Cipriana, toma la llave que te dio Chupulún y arrójasela. (El Sr. De Blanco, aúlla como un lobo herido. Sus imprecaciones intentan detener a Berta. Cipriana lanza la llave contra el monstruo, la cual golpea la frente del Sr. De Blanco. Éste emite un grito desgarrador y comienza a caer)
SIMÓN: ¡Bien hecho, Cipri! Le diste en la mera frente.
SR. DE BLANCO: ¿Cómo te atreviste, niña infeliz? (El Sr. De Blanco disminuye, mientras grita) ¡Esto no puede ser!
BERTA: nunca el mal vencerá al bien.
SIMÓN: Cipriana te venció.
CIPRIANA: Todos lo vencimos. Si nos unimos conseguimos hundir al mal.
SR. DE BLANCO: Yo tengo el poder. Es imposible que estos insignificantes seres acaben conmigo (Desaparece).
BERTA: Pobre hermano. Siempre creyó que el poder está en la fuerza.
CIPRIANA: Me alegra tanto verte Simón.
SIMÓN: Puedes llamarme Simón Andrés
CIPRIANA: ¿Dónde está mi mamá?
CALICANTO: En un lugar tranquilo y seguro. En tu casa. Te está esperando
CIPRIANA: Sra. Berta. ¿Qué pasará con Chupulún? (No hay respuesta) ¿Por qué no me responde? (De pronto, como un espectro, Chupulún, se levanta)
CHUPULÚN: ¡Aquí estar Chupulún, Cipriana! (Ella intenta abrazarlo) No poder tocarme. Debo ir. Allá estar mi Madre y mis negras. Estar esperando a Chupulún. ¡Voy! Saltar, brincar y cantar. Ese ser yo.
CIPRIANA: No te puedes ir.
CHUPULÚN: Deber hacerlo, pana. Tú ser buena con este esqueleto. Parecer una de mis niñas. Deber irme. Tu tener a tu amigo y a tu Madre. Los míos esperarme en el cielo. Adiós, amiga. No olvidarte nunca de Chupulún. Bye, bye. (Chupulún comienza a saltar hacia la luz que se formó desde algún lugar en el horizonte) Quererlos a todos.
CIPRIANA: Nunca te olvidaré.
SIMÓN: Me alegra de que estés bien.
CIPRIANA: Yo también.
BERTA: Es hora de buscar a tu Madre.
CALICANTO: Y dejar nuestro mundo.
CIPRIANA: No quisiera volver. He cometido tantos errores. Yo soy una niña bruta.
BERTA: Nunca digas eso. Tú no eres una niña bruta. Tienes que tratar de mejorar tus errores. Nada más.
SIMÓN: ¿Y cómo regresamos, Calicanto?
CALICANTO: Sólo deseen estar en sus casas.
BERTA: El resto lo hacemos nosotros. Cierren los ojos y piensen en sus casas. (Los muchachos obedecen) Gracias por ayudarnos a combatir a mi hermano el Sr. De Rojo y como recompensa regresarán a sus casas. (De pronto, la luz baja de intensidad) Y ustedes (a los quetzales) guíen a nuestros invitados. (La luz forma un camino en el aire por donde comienzan a caminar Cipriana y Simón, junto con las hermosas aves. El resto de la iluminación, Berta y Calicanto desaparecen. Al cabo de unos segundos, aparecen los dos niños frente a las puertas de sus casas)
SIMÓN: (Al abrir los ojos) Cipriana...Cipriana. Estamos de vuelta.
CIPRIANA: Gracias Berta. Muchas gracias. (De adentro de la casa se oye la voz de la mamá de Cipriana que los llama).
SIMÓN: ¿Entramos?
CIPRIANA: ¡Entramos!
SIMÓN: Por cierto Cipriana, tengo que decirte algo muy importante.
CIPRIANA. ¿Qué me quieres decir Simón?
SIMÓN: ¡Feliz cumpleaños! Disculpa que no tengo un regalo para ti
CIPRIANA: El mejor regalo que me puedes dar es tu amistad Simón Andrés y la felicidad de tener una mamá como la que tengo. (Aparecen Chupulún, Calicanto y Berta)
LOS TRES: Feliz cumpleaños Cipriana.
CIPRIANA: ¿Ustedes? (La mamá de Cipriana la llama)
CALICANTO: Sólo vinimos a desearte Feliz cumpleaños
BERTA: Ahora debes ir a cortar la torta.
CALICANTO: Y este es nuestro regalo (Le entrega un libro. Cipriana lo toma) Para que nunca dejes de sonreír.
CIPRIANA: La historia de la Cucarachita Martínez y el Ratón Pérez.
CHUPULÚN: Tú siempre ser la Cucarachita Martínez y tu pana Simón el Ratón Pérez.
SIMÓN: Yo siempre seré tu Ratón Pérez (Los muchachos se abrazan y entran a la casa. Una pluma y los quetzales flotan en el espacio. La luz baja).



FIN.



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que se le quiera dar a esta obra, incluyendo la reproducción total
o parcial de la misma, sin el consentimiento escrito del autor.
Para el permiso o cualquier información, escribir a:
Bruno Mateo bmateo@gmail.com

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