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sábado, 25 de junio de 2011

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA. EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y NUEVA PERSPECTIVA

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA. EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y NUEVA PERSPECTIVA
viaje desde la historia al periodismo interpretativo


Juan Carlos Gil González:
Licenciado en Periodismo y superado el período de docencia e investigación del doctorado en Periodismo;
Diploma de Estudios Avanzados (DEA). Redacción periodística y políticas de comunicación.
Investigador del "Grupo de Investigación en Comunicación y Cultura." Sevilla, España.
Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla.


2) La crónica periodística: concepto y peculiaridades.

2.a) Peaje impuesto por el periodismo.
Todavía hoy el sustento de la prensa diaria es el mismo que hace cien años, es decir, que por muy notables que hayan sido los avances producidos en la técnica profesional de rellenar diarios, el soporte sigue siendo el papel. Por eso, el periodismo impreso ha sometido a la crónica a un tiempo de realización y a un espacio regular, controlado, fijo continuo e impreso y por ende caduco. Conviene en este punto analizar cuáles han sido las rutinas periodísticas para ver como éstas han afectado a la crónica.
1) Finalidades. En las sociedades actuales el periodismo exige a la crónica: a) comunicación periódica por esencia, es decir, voluntad de compartir y poner en comunidad un mensaje, independientemente de los diversos canales por los que se ofrezca; b) información por necesidad, lo que se pone en común, lo que nos forma -en, lo que nos inicia en cualquier materia; c) orientación a los receptores, deseo de darles los argumentos suficientes para que se enfrenten a la difícil tarea de comprender política y socialmente la realidad que les envuelve y finalmente d) entretenimiento.

2) Producción. Estas finalidades periodísticas que se imponen a la crónica también están sometidas, de un lado, a las condiciones de producción y de otro, al resto de elementos informativos que componen el periódico. El cronista está sujeto a una línea editorial que se le impone y que viene principalmente marcada por los intereses económicos de la empresa a la que sirve. Y su texto está completado tanto por elementos no verbales (fotografías, gráficos, infografías) como por elementos paralingüísticos (sección en la que está ubicada, página, titular, despiece).

3) La actualidad. Así pues, aunque las crónica periodísticas traten los temas más diversos (deportes, política, tribunales, toros...) el punto de unión que las identifica es la actualidad, característica, que como propone José Francisco Sánchez "mezcla dos ingredientes fundamentales para el periodismos: interés y tiempo." (1992, p. 159).

El valor temporal en el ámbito periodístico es de vital importancia puesto que los medios suelen informar de los acontecimientos del presente más inmediato. La crónica periodística es el relato de un acontecimiento pasado pero que se toma como presente informativo debido al reducido lapso de tiempo que media entre lo ocurrido y lo publicado.

Dentro del periodismo impreso el concepto de inmediatez ha tenido que ser redefinido. Debido a que los medios audiovisuales son más rápidos en la transmisión de información que los editados en papel, la crónica periodística impresa se centra más en dar respuesta al porqué y al cómo sobrevino el hecho seleccionado que ha ofrecer novedades sobre lo ocurrido. Esta última necesidad ya está satisfecha por otros canales.

4) El referente. Si la premisa anterior imponía a la crónica una finalidad instrumental; el referente (de lo que se habla) es el centro neurálgico del texto, es decir, la guía que marca las pautas y a la que el autor debe ajustarse. El discurso informativo debe dar conocimiento de ciertos hechos y comunicar dichos conocimientos a alguien.

La interpretación acerca de un hecho ocurrido y trascendente para el ideario colectivo es el material que encuentra hueco en los medios. En el relato periodístico el acontecimiento del que se habla adquiere una importancia decisiva: la información se juzgará a partir de su correspondencia o su desajuste con aquello de lo que da cuenta.

5) Los receptores. Por otro lado, hay que tener en cuenta la importancia que en los nuevos paradigmas comunicativos ha alcanzado el receptor. Tanto los actores de la información como los dueños de los diferentes medios de comunicación conocen, gracias a los estudios sobre las audiencias, a sus receptores potenciales. Este hecho influye de forma implícita (aunque cada vez es más explícita) en la redacción de los textos periodísticos y determina el sentido del mensaje.

A lo que debe aspirar un buen cronista periodístico es a reanudar cada mañana el contacto con sus seguidores. Si finalidad última es que el vínculo simbólico que une al autor con su público no se resquebraje por cualquier turbulencia comunicativa. "El periodista y sus lectores viven por fuerzan en unas mismas circunstancias de espacio y tiempo."(Lázaro, 1977, p. 11).

Si hacemos en breve balance de lo expuesto hasta estos momentos será fácil concluir que la crónica periodística es el resultado de la composición entre lo ocurrido (referente), la personalidad del cronistas y las particularidades de la audiencia, a lo que debe añadirse las condiciones de producción y organizativas.

6) La interpretación. La primera interpretación que sobresale en la crónica periodística procede de la imperiosa necesidad de reducir el hecho que se quiere narrar a lenguaje. Por eso Malmberg proponía que "cualquier percepción implica la interpretación de un continuum que puede y debe ser transformado en unidades discretas, esto es, separadas, distintas, sólo gracias a un procedimiento lingüístico." (Malmberg, 1991, p. 41). Esta operación lingüística debe, además, encajar en el espacio periodístico previamente elegido.

El cronista también tiene como labor hacer una interpretación sucesiva de la realidad, es decir, debe ser capaz de interconectar unos sucesos con otros, de posicionarse ante ellos y sobre todo, tener el ingenio suficiente para poder prever las posibles repercusiones de los hechos en la sociedad en general y en comunidad de lectores en particular.
Si el cronista capta bien el sentido de los hechos se ofrecerá una útil interpretación, en caso contrario errará en su intento. Por tanto debemos saber que "la interpretación es siempre algo que tiene dos caras o aspectos: comprender y expresar." (Gomis, 1991, p. 36).

2.b) La crónica periodística: un concepto esquivo y equívoco.
Consideramos que todo intento tendente a encerrar a la crónica en unos límites fijos, no sólo sería un error sino también un ataque a su polivalente esencia. Uno de sus rasgos definitorio es precisamente esa polisemia inherente, es decir, la versatilidad que muestra para adaptarse a las diferentes formas de contar un hecho, bien sea histórico, literario o periodístico.

Tampoco se ha conseguido que dentro del campo informativo la crónica tenga un sentido unívoco. La relativa indeterminación del concepto, debido a los usos que de ella ha hecho la profesión, es causa de la brumosidad de sus fronteras y consecuentemente de que la controversia haya aumentado.
De todas formas, no es inoportuno que se recuerde que esta pluralidad de significados y usos hunde sus raíces en un pasado bastante remoto. Prueba de ello es que Manuel Gaña, a principios del siglo XX, argumentaba que "el término crónica tiene una significación tan vaga y genérica en el periodismo, que no es posible fijar sus límites."(1984, p. 120).
La complejidad y la confusión se agudiza cuando acudimos a los diccionarios y analizamos las definiciones. Por ejemplo se defina 'crónica' de la siguiente manera: "un artículo periodístico en el que se comenta algún tema de actualidad.// sección de un periódico en la se trata una determinada clase de noticias" (Gran Enciclopedia Larousse, 1987).

Definición bastante errada y desafortunada. En primer lugar porque se equipara a la crónica con el artículo, género que, aunque comparte con él alguna que otra similitud, se inserta en otro nivel discursivo y con funciones totalmente diferentes. Si bien es cierto que los dos interpretan un acontecimiento, la crónica tiene como referente la realidad (los hechos, lo fáctico) y el artículo parte de la idea que el articulista se ha conformado del hecho.

Además, cualquier persona que tenga un leve contacto con los periódicos sabe que los artículos tienen como finalidad convencer al receptor de una determinada actitud ante la vida, para lo que se ponen en juego distintas técnicas persuasivas, mientras que la crónica, al interpretar, busca valorar, enjuiciar, criticar argumentando.

Otro error evidente de esta definición, bastante común por otro lado en los círculos periodísticos, es la identificación de la crónica con la sección de un periódico. Sección proviene de seccionar, es decir, cortar, fragmentar.

Este corte o ruptura sí tiene sentido en los periódicos, puesto que el ordenamiento consecutivo en secciones, con su estudiada disposición interna, se ha convertido en una práctica con la que los lectores se han familiarizado. Este acuerdo tácito permite que la lectura del periódico pueda iniciarse por cualquier punto sin alterar la estructura de las otras partes y sin afectar a la comprensión de lo narrado.

La justificación a esta necesidad la defiende Bastenier con el siguiente argumento: "hallamos una estructura de secciones de cuya suma debe deducirse la capacidad de representar todo lo que ocurre en el mundo, desde lo más grande y lejano a lo más pequeño y próximo." (Abstener, 2000, p. 81). Por tanto, la fragmentación de la realidad en diversos discurso temáticos (política, cultura, sociedad, economía...) no es más que una estrategia comunicativa para brindar a los receptores un relato finito de los hechos. En este sentido Gomis expone que "la realidad puede fragmentarse en unidades completas e independientes (hechos), capaces de interpretarse en forma de textos breves y autónomos." (Gomis, 1991, p. 38).

La sección de Internacional, por ejemplo, se presenta como un cajón de sastre en el que cabe una multitud de géneros periodísticos (desde noticias hasta crónicas por artículos de opinión, perfiles...) que abordan distintos temas.

Esta pluralidad de géneros aparece esparcida por todas las páginas que conforman el periódico, con lo cual es un error sostener que la crónica puede constituirse como una sección propia equiparable a las convencionales (Economía, Cultura, Deportes, Política...). Sí puede estar en varias lugares y afrontando distintos temas, hecho que no justifica, en modo alguno, que se la pueda denominar como sección.

Si nos aproximamos a la definición de Martínez de Sousa, el galimatías se acrecienta. Propone: "artículo narrativo, valorativo, interpretativo e informativo, de extensión variable y sobre temas de actualidad, generalmente narrado según un orden cronológico de los acontecimientos, que aparecen regularmente bajo un mismo titular o viñeta, normalmente escrito por el mismo periodista."(1992, pp. 135-136).

Vuelve a poner en paralelo a la crónica con el artículo, que como ya hemos comprobado es un desatino, máxime cuando todos los teórico(8) de la clásica concepción de los géneros periodísticos los ubicaban en planos diferentes.

Si continuamos leyendo la definición, el equívoco no acaba en ese párrafo. Después de haber citado a Martínez Albertos, continúa diciendo: "la crónica es un género difícil. Hay reglas para su redacción, que en líneas generales suelen resumirse así: síntesis (generalmente suele ocupar poco mas de media columna), objetividad, neutralidad, fuerza expresiva, humanidad y belleza; pero no debe olvidarse que la crónica es, también, un arte. El cronista debe ser capaz, cuando menos, de hacer pensar al lector, de conmoverlo, de hacerle vivir y sentir." (1996, p. 136).

Bien, las contradicciones saltan a la vista. El artículo narrativo, valorativo, interpretativo... del primer párrafo tiene que escribirse con objetividad, neutralidad y fuerza expresiva ¿Cómo? La extensión variable que caracterizaba a la crónica se reduce generalmente a poco más de media columna. Y finalmente el orden cronológico del relato, sin el más mínimo espacio para el ingenio del cronista, tiene que hacer pensar al lector, conmoverlo, hacerle vivir y sentir. Con estas proposiciones, me cabe duda de que alguien supiese escribir correctamente una crónica.

Con lo que es imposible no estar de acuerdo es con la afirmación: la crónica es un género difícil. Con esta breve cala, queda demostrado que la crónica es un género ambiguo, polifónico que lo mismo se esgrime para designar la sección de un periódico, como para referirse a las noticias que envía un corresponsal a la redacción.

2.c) El distintivo de la crónica periodística: la información personal.
La clásica división de géneros que se implantó en España con la llegada de las primeras facultades y escuelas de periodismo fue aquella que distinguía entre: a) relato informativo de un hecho (noticia) con todas sus ramificaciones (reportaje, informativo, informe, crónica...) y b) los comentarios personales sobre lo ocurrido, en los que destacaban el artículo, la columna, el reportaje, el perfil, el editorial... Esto no era más que el resultado de la asimilación de la práctica anglosajona que diferenciaba entre story y comments.

Con el paso del tiempo no pocos teóricos han cuestionado la validez de dicha fragmentación binaria y han ofrecido propuestas diferentes, quizá no tan encaminadas a resaltar las diferencias entre los géneros y sí centrándose más en las funciones que desempeñan los géneros periodísticos en el proceso comunicativo. Para Núñez Ladeveze (1979), por ejemplo, éstos deben adecuarse a los campos del medio, que son: el determinativo o descriptivo, el evaluativo o valorativo y el argumentativo o retórico.
Por su parte, Miguel Ángel Bastenier, después de reflexiona sobre la conveniencia e inconveniencia de la existencia de los géneros, propone que el centro neurálgico para superar la vieja taxonomía debe estar en la consideración del autor como centro de la diferenciación. "El punto de vista que yo he adoptado para establecer una parcelación en géneros del trabajo periodístico es el de la perspectiva del autor, de forma que su relación, llamémosle de propiedad, con los textos, sea el principal criterios para determinar qué es lo que tenemos entre manos. Establecemos así tres géneros troncales: seco o informativo puro, crónica y reportaje." (Bastenier, 2000, p. 32). Con esta nueva perspectiva todos los géneros hasta ahora conocidos se ven profundamente afectados, ya que éstos son meras variaciones de su matriz. Así, propone que la entrevista, con todas sus múltiples variedades, es hija del reportaje en tanto que el análisis es una variante de la crónica.

Para Héctor Borrat una nueva clasificación tendría que abandonar la denominación tradicional tomando como punto de arranque lo que él denomina "sistema de textos." En su tesis defiende la existencia de tres tipos de textos: narrativos, descriptivos y argumentativos. Siguiendo a Ducrot y Todorov, el profesor catalán propugna que el texto narrativo puede bastarse así mismo; el argumentativo y el descriptivo, en cambio, tienen que referirse a una secuencia que pueda narrarse (9).

En los géneros narrativos predominarán las respuestas a las preguntas qué ha sucedido, quién ha sido el protagonista y cuándo ha ocurrido; en los géneros descriptivos las respuestas serán a qué ha sucedido, quién ha sido el protagonista y dónde ha ocurrido; y finalmente en los argumentativos las respuestas principales serán el porqué ha sucedido y cómo ha ocurrido.
Finalmente hemos seleccionado la propuesta defendida por ofrece José Francisco Sánchez, quien sostiene que la alternativa a los géneros debe fundamentarse en las necesidades informativas que éstos satisfacen y lo útil que son para los receptores. Con lo cual, formula que los textos publicados en los periódicos se pueden dividir en tres categorías: a) textos periodísticos de divertimento (gacetillas, noticias curiosas); b) textos periodísticos prácticos inmediatos (farmacias de guardia, cartelera de cine, previsiones meteorológicas, horarios, bolsa...) y c) textos periodísticos retórico-políticos (todos los demás).

Este tercer estadio se subdivide a su vez, en dos categorías. "Dentro de los textos clasificados como retórico-políticos se pueden distinguir: 1) los textos implícitamente argumentativos, aquéllos que parece que no argumentan pero sí lo hacen por el modo de presentar y determinar el referente real (narratio) y 2) los explícitamente argumentativos, es decir, los que operan sobre datos supuestamente conocidos o que se han narrado en otros textos y en los que las estrategias retóricas se reconocen con facilidad (narratio+argumentatio)." (Vilarnovo y Sánchez, 1992, pp. 161-162).

Esta teoría fraguada en la diferenciación entre la argumentación explícita e implícita coincide, en lo esencial, con la propuesta de Lorenzo Gomis (el periodismo como método de interpretación sucesiva de la realidad) y con la de Héctor Borrat, en tanto en cuanto, la determinación elemental del referente en los textos descriptivos así como en los evaluativos y argumentativos tienden a llevar al lector hacia un juicio o a suministrar los datos respecto de un juicio.

Con estas posibilidades se pretende superar la división convencional de los géneros instaurada en España por Martínez Albertos (1988, p. 274). que siguiendo la tradición anglosajona, entendía que los géneros periodísticos se fragmentaban en géneros informativos, géneros interpretativos y géneros para la interpretación y el comentario.

Una vez acabado este breve recorrido sobre los planteamientos de los géneros periodísticos, nuestra reflexión comienza afirmando que todos los géneros tienen como misión informar e interpretar, con lo cual, la crónica periodística comparte las necesidades inherentes a la naturaleza de cualquier género.

La crónica es en esencia una información. Además dicho carácter informativo lo arrastra, como hemos demostrado, desde sus orígenes preperiodísiticos. El rasgo que la diferencia de los otros géneros es el marcado protagonismo que adquiere el cronista en la ordenación de los tempos del acontecimiento del que se da cuenta, la especificidad del tema tratado, la riqueza léxica que la atraviesa, además de la mezcolanza de las técnicas periodísticas (claridad expositiva, rapidez, viveza) con las literarias (personajes inventados, diálogos, recreación de anécdotas, monólogos).

La particularidad de la información que ofrece la crónica está en su carácter personal. Se trata de narrar los hechos a través de una subjetividad, es decir, el cronista es el encargado de conectar a sus lectores con los hechos, los acontecimientos y en su caso con las obras de arte. Como acertadamente afirma Diezhandino, la función que cumple la crónica va "más allá de la información, que también forma parte de ésta; su esencialidad está en el juicio, el comentario, las recomendaciones que aporta el cronista" (1994, p. 86). Si estamos de acuerdo con estas proposiciones es difícil salvaguardar los supuestos de Mar de Foncuberta, cuando asevera que "la crónica es la narración directa e inmediata de una noticia con ciertos elementos valorativos, que siempre deben ser secundarios respecto de la narración del hecho en sí."

En nuestra opinión es todo lo contrario. Si coincidimos en que sobre el cronista recae la responsabilidad de seleccionar algún hecho de la realidad, de ordenarlo y de comunicarlo para no quebrantar el pacto de lectura simbólico entre emisor y receptor, los elementos valorativos nunca podrán ser secundarios respecto del hecho en sí. Son precisamente esos dispositivos enjuiciadores los que dan el sentido concreto al texto, los que vehiculan las partes en las que se divide y, en definitiva, los que dan consistencia y relevancia al mensaje.

Ese singular lenguaje, esos juicios de valor, esas expresiones de sentimientos o actitudes, aunque no sean verificables, no son fruto del capricho del cronista sino de su saber y experiencia y por tanto, el autor del texto pone en juego su prestigio y credibilidad cada día en cada crónica.

La valía del periodista como escritor y como conocedor de la materia que se trata se perfecciona con la presencia in situ en los hechos como testigo privilegiado. Podrá manejar las fuentes que estima oportunas, pero lo primordial es que el narrador se codea con los hechos, los manosea, los interroga directamente sin intermediarios, los coteja con su cosmovisión personal del mundo... y posteriormente, cuando ha madurado la idea la transforma en mensaje y lo difunde.

"El cronista es un observador excepcional que otea los hechos desde un lugar privilegiado, desde el conocimiento de los antecedentes y da su visión personal sin engañarse a sí mismo" (Cebrián, 1992, p. 92). Crónica y cronista conocido, género y firma que lo identifique son elementos indisociables. Una crónica anónima sería una contradicción difícil de explicar puesto que el cronista forma parte del texto.

Ahora bien, sería un error, identificar lo personal de la crónica con la opinión de los géneros argumentativos. Personal en la crónica es la presencia efectiva del autor tanto en los hechos como en el texto, mientras que en los géneros argumentativos, lo personal tiene que ver con la imaginación y con el estilo principalmente.

Los artículos firmados, los editoriales, las columnas expresan una valoración sobre una idea, un hecho, un concepto.... y apuestan por poner en práctica una serie de técnicas persuasivas, siendo el receptor el encargado de decidir si son equivocadas o aceptadas.

Sin embargo, en las crónicas, la fragmentación de la realidad en diversos hechos, la selección de lo que entra y de lo que no, su redacción.... son los elementos que conforman la parte subjetiva de la crónica, que debe combinarse con la objetiva, es decir, con el referente de la realidad, que se presenta en los medios como narración.

2.d) Definición del género.
La crónica está pertrechada de herencias, tanto históricas como literarias. Todas esas esquirlas han dado lugar a la formación de un género periodístico sui generis, propio, auténtico, autónomo y genuinamente latino, ya que no tiene correspondencia con ningún género del periodismo anglosajón (story y comments).

La crónica es una desviación del modelo canónico del periodismo. Esta singularidad y no homologación con los textos anglosajones es una ventaja más que un inconveniente, puesto que resalta su ambigüedad y ambivalencia. En una época de acelerados cambios y en una etapa eminentemente crucial del periodismo, necesitamos un género dúctil, maleable, con capacidad para adaptarse a todas las circunstancias imaginables sin perder su sello característico.

No es que el género esté sin definir, pero es preciso ampliar el concepto, manidamente encasillado en ser una noticia comentada. Las porciones de información y comentario deben estar perfectamente equilibradas, pudiendo prevalecer una en detrimento de la otra si el cronista lo considera oportuno.

La finalidad es unir al lector con los hechos, con lo cual el texto debe desprender razón y sentimiento y no debe provocar perplejidad alguna que datos contingentes se oculten, o que se altere el tiempo de los sucesos, o que se coloree el texto con una buena dosis de literatura.

A pesar de que el cronista goza de este amplio margen de libertad, tiene el deber moral para con sus receptores de justificar se forma de enjuiciar, para que éstos conozcan el porqué se ha actuado de una manera y no de otra, por qué se ha realizado un desgarramiento de los hechos tan premeditado o fortuito. Este mandato es imperativo porque lo que no es admisible es que el cronista falsee la realidad, narre hechos que no ocurrieron o invente cifras y datos. Si se diese ese fraudulento uso del género, no nos encontraríamos ante una crónica periodística sino ante un ejercicio de propaganda.

Científicamente la crónica es una interpretación personal e informativa de un acontecimiento determinado, narrado por un cronista testigo, que para mantener ese vínculo simbólico que le une con sus receptores, debe demostrar un amplio manejo del lenguaje además de ser un experto en la materia.

El cronistas ve, oye, fragmenta, toma contacto con los hechos, los mezcla con su sapiencia y experiencia, a veces participa en ellos otras se mantiene en la orilla, se acerca a las fuentes, las interroga, armoniza los datos y cuando ha reunido todo ese material informativo, interpreta, escribe y publica.

La crónica representa una nueva filosofía periodística. Es cultura y pensamiento expresado en tipografía. Es la síntesis y mixtura de todo los géneros, ruptura de la división tradicional entre story y comments. Conjunción de opiniones e interpretaciones y comentarios, ofrece información repensada, visiones sesgadas de las cosas, erudición en la exposición de argumentos. "La crónica es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de los hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado" (Martín Vivaldi, 1987, p. 123).

A pesar de esta aparente mezcolanza de géneros, todas las crónicas, cualquiera que sea su tema (tribunales, política, deportiva, taurina) deben entenderse como unidad, como una totalidad compacta, superior a la simple suma de los juicios vertidos en ella. Texto completo, autosuficiente y en el que se dejan los intersticios necesarios para que el receptor la complete, porque precisamente de la unión entre autor y lector brota la fuerza expresiva de este género periodístico.

3) Deliberación final.
Dentro del periodismo interpretativo (etapa en la que nos encontramos) la crónica es un género de vital importancia que paradójicamente adolece de estudios monográficos que la indaguen en profundidad. Hay que reconocer que Manuel Bernal ha sido de los pocos investigadores que le han dedicado tiempo y generosidad intelectual al estudio de dicho género.

La crónica es la estampa del tiempo en letra impresa. Es la obra del dios Cronos condensada en un espacio previamente determinado. Si la vida está trabada por lo que nos acontece en un tiempo, la crónica, sería la narración ordenada de esos hechos en secuencias temporales. Por tanto, este género histórico, literario y periodístico se caracteriza por ser una forma inconfundible de narrar. La crónica reconstruye la realidad, trozo a trozo, fragmento a fragmento, ordenando y desordenando el tempo de los acontecimientos, erigiéndose en testimonio directo de una época.

Del mismo modo que la fotografía inmoviliza una imagen que representa la parte de un todo, la crónica, traduciendo en palabras ese acontecimiento, ofrece una radiografía personal e interior de la totalidad. A veces es formal y solemne, en ocasiones trasgresora y desenfadada. En una página se tiñe de seriedad y rigor y en la siguiente destila jovialidad y ambigüedad, por lo que se debe proponer que la crónica sólo está sujeta al ingenio del cronista.

Es el autor el que va añadiendo los matices a la estructura general y a los convencionalismos propios del género, así cuando es impresionista nos sumerge en la pincelada suave de los hechos, en cambio, cuando es expresionista el nervio principal que la atraviesa es la crítica, argumentada pero feroz.

Con lo cual su misión es explicar la historia psicológicamente pero también ofrecer la psicología de la historia. Es la relación de un hecho con muchas ideas o viceversa. En ella aparece entremezclado el comentario más sabroso (lo subjetivo) con el dato más inexpresivo (lo objetivo). La crónica nos propone, nos introduce en una senda diferente, nos ofrece la interpretación informativa junto a la opinión como información.
Por ser el vehículo más íntimo de la información, es el punto de reunión de diversas intenciones narrativas y por tanto uno de los géneros que tiene los límites más difusos. Puede haber ocasiones en que la similitud con la noticia impida ver las diferencias, también puede ocurrir que exista un razonable equilibrio entre opinión e información y no es raro que la crónica utilice el referente real para que el autor exponga su punto de vista propio, singular y comprometido sobre algún tema de actualidad.

Esta miscelánea de texturas, de colores literarios, de matices informativos supone la convergencia de todos los géneros en uno, así al menos lo propone Haro Tecglen, cuando afirma que "hoy está todo despiezado: lo que a veces era una línea continua de narración ha estallado y se encuentran trozos aquí y allá. Metido lo personal entre lo general; la vida propia entre los datos de la historia. Esto es una crónica." (1998, p. 12).

Referencias bibliográficas

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Bernal Rodríguez, M. (1997). La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla: Padilla Editores.
Borrat Mattos, H. (1989). El periódico, actor político. Barcelona: Gustavo Gili.
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Notas:

(1) Citado en Bernal Rodríguez, M. (1997). La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla, Padilla Editores. P. 9-10.
(2) Véase, Corominas-Pascual, (1981). Diccionario crítico etimológico castellano e histórico. Madrid, Gredos
(3) Véase Real Academia Española, (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid, Espasa-Calpe. 21ª Ed.
(4) Véase Valera, D. (1567). La Chrónica de España abreviada por mandado de doña Isabel, reyna de Castilla. Sevilla, Casa de Sebastián Trugillo.
(5) Para profundizar en el estudio de las crónicas de Indias consúltese el trabajo de Walter Mignolo "Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista" en Madrigal, L.I. (1992). Historia de la literatura hispanoamericana. La época colonia. T.I, Madrid, Cátedra. P. 57-111.
(6) En su clásico libro Periodismo y literatura, Madrid, Guadarrama, 1973. T.I, P. 126-137, Acosta Montoro considera que el género que comparte más rasgos con la literatura es el reportaje y no la crónica. Es una postura que está bien fundamentada teóricamente pero que, a nuestro juicio, no considera que el género genuinamente latino y más antiguo es la crónica.
(7) Véase Wolf, T. (1992). El Nuevo periodismo. Barcelona, Anagrama; Berna, S. y Chillón, l. (1985). Periodismo informativo de creación. Barcelona, Mitre; Chillón, L. (1999). Periodismo y literatura: una tradición de relaciones promiscuas. Barcelona, Universitat Autónoma de Barcelona.
(8) Martínez Albertos, J.L. (1983). Curso general de redacción periodística. Madrid, Mitre. Este autor considera a la crónica como un género para la interpretación (híbrido), mientras que al artículo lo incluye dentro de los géneros para lo opinión y el comentario. Destacamos a este autor porque su influencia ha sido mucha y ha habido y hay un gran número de seguidores que defienden sus mismas tesis.
(9) Véase Borrat, H. (). El periódico, actor político. Barcelona, Gustavo Gili.

lunes, 20 de junio de 2011

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA. EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y NUEVA PERSPECTIVA


LA CRÓNICA PERIODÍSTICA. EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y NUEVA PERSPECTIVA
viaje desde la historia al periodismo interpretativo

Juan Carlos Gil González:

Licenciado en Periodismo y superado el período de docencia e investigación del doctorado en Periodismo;
Diploma de Estudios Avanzados (DEA). Redacción periodística y políticas de comunicación.
Investigador del "Grupo de Investigación en Comunicación y Cultura." Sevilla, España.
Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla.

1.b) La crónica y la literatura:

No hizo falta mucho tiempo para que la crónica sobrepasara los escuetos límites históricos a los que se circunscribía. Si hasta estos momentos hemos sostenido que el género guardaba una íntima relación con la historia, su imbricación con la literatura hizo posible que agrandase su campo semántico.

Pronto se empezaron a utilizar en el género crónica formas típicas del relato de ficción. Además de las dos características ya mencionadas, la crónicas dedicadas a difundir los viajes de los aventureros renacentistas, las tomas heroicas de ciudades, los descubrimientos del Nuevo Mundo(5) ... introducen narraciones, descripciones, creación de mundos imaginarios y alternativos, diálogos, retratos de personajes, comparaciones... más propios de la ficción literaria que de la rigurosidad histórica.

En estas crónicas de tema histórico aparecen relacionados elementos históricos junto con otros claramente inventados y fabulosos. Son narraciones que tratan un tema concreto, caso por ejemplo de Las Cruzadas, que se fueron enriqueciendo con abundantes materiales alejados de las fuentes y cercanos a la imaginación de sus autores. La literatura medieval española está salpicada de ejemplos en los que se repiten estas características, pongamos por caso, Crónica del condestable Miguel Lucas de Iranzo, Crónica del famoso cavallero Cid Ruy Díaz Campeador Crónica Serracina, de Pedro del Corral... entre un amplio abanico de posibilidades. En estas crónicas la ficción constituye una forma de representación gracias a la cual el autor plasma en el texto mundos que, globalmente considerados, no tienen consistencia en la realidad objetiva, ya que su existencia es puramente intencional. Son pues textos que se escapan a los criterios habituales de verdad/falsedad y responden a la lógica de la ficción ajustándose como criterio vertebrador a la coherencia interna.

Teóricos, no sólo de la moderna Periodística sino también historiadores de la literatura, han señalado que la génesis de la novela como género literario, encuentra sus primeros retazos en este tipo de relatos en los que se combinan los datos históricos con la tradición oral más un generoso barniz imaginativo. En esta línea Bernal defiende que "se puede imaginar un hilo conductor que nos lleve desde la crónica histórica medieval (narración de acontecimientos por un testigo) pasando por la historia y los cronicones hasta las primeras manifestaciones de la novela moderna (libros de caballería, novelas de espacio)." (Bernal, 1997 p. 39).

También Baquero Goyanes nos explica que "a consecuencia del éxito de los llamados documentos del tiempo -reportajes, memorias, relatos de guerras, crónicas etc,- no pocas novelas presentan sus mismas características, llegando a ser difícil, en algún caso, precisar a cuál de los dos géneros pertenece los que estamos leyendo." (Baquero, 1993, p. 55).

A los rasgos ya apuntados, hay que añadir uno más y sin duda matizar otro. Del maridaje de la crónica con la literatura destacamos la pasión por la palabra que demuestra el cronista. Es un artesano que dibuja en letra impresa el suceso que está viendo, del que es testigo e incluso, en ocasiones, del que es partícipe. En la crónica novelística el lenguaje es un elemento esencial y no promocional. No es sólo un recurso retórico sino un modo distinto de enfrentarse a los hechos. La peculiaridad es que esa forma peculiar, singular y diferente de crear mundos alternativos sorprende y se sitúa en un limbo literario muy cercano al periodismo.

El mensaje se adapta al estilo del autor y no a la inversa. El talento del escritor consiste en describir con minuciosidad de orfebre el rasgo seleccionado sin aburrir al lector. El cronista literario o el literato cronista emplean la retórica como artilugio para embellecer el mensaje coloreándolo. Escribir con regusto, saboreando las palabras, es superar la monotonía de un hecho; es ampliarlo con matices nuevos. El lenguaje así entendido no es sólo vehículo de comunicación sino también un artificio de deleitación.

Con este mimo hacia el lenguaje se consigue que la suma de significados de las proposiciones sea inferior al sentido total del texto. Es decir, como proponía Hegel, que la Totalidad sea superior a la suma de las partes que la componen. El testimonio de González Ruano, maestro del articulismo es esclarecedor:

A nosotros, generación universitaria, no nos gusta la miseria. Por primera vez, la literatura entró en el periódico por necesidad económica, pero sin querer renunciar a sus derechos y a sus esperanzas. Este es el secreto de una espléndida generación de cronistas, que es una auténtica generación de escritores "en periódicos." (González, 1996, pp. 402-403).

También debemos matizar la preponderancia del firmante. Éste como ya dijimos no es una persona cualquiera, sino que es un creador nato. El orden cronológico del suceso, la selección ajustada a la verosimilitud y la explotación de las múltiples variables del lenguaje deben florecer en la pluma del autor del texto.

El que firma, es el que debe dar consistencia y coherencia a los materiales narrativos. Se le pide que revele y manifieste el sentido de los hechos, porque gracias a su experiencia personal, literaria, histórica, periodística... los receptores consideran que es la persona pertinente para cumplir con éxito la función de comunicar.

El autor, considerado no como individuo anónimo sino como persona que escribe e inventa, tiene una gran trascendencia en la composición de la historia difundida en papel impreso. La firma de un texto significa que tenemos un responsable que es el encargado de reflexionar, enjuiciar o deleitar a los receptores con su mensaje. Como bien dice Foucault, "hay que entender al autor como principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de sus significaciones, como foco de su coherencia." (Foucault, 1999, pp. 29-30).

Habrá que considerar pues, que el autor particular y conocido es una exigencia inherente al género crónica. Desde sus relaciones con la historia, pasando por la literatura hasta desembocar en el periodismo, el cronista ha sido siempre un sujeto que ha firmado sus escritos, hecho que conlleva una responsabilidad añadida: esta identificación del texto con su autor facilita el nacimiento de un compromiso, de un vínculo simbólico entre emisor y receptor.

Así pues, aunque Acosta Montoro(6), apueste por el reportaje, es preferible defender que el nexo de unión entre la literatura y el periodismo es la crónica. Ésta "es, entre todos los géneros periodísticos, el que más ha contribuido a mantener la conexión entre literatura y periodismo. Tanto que puede ser considerada como el eslabón que ilustra el proceso evolutivo que lleva desde el terreno exclusivo de la literatura al de la pura información." (Bernal, 1997, p. 39).

Es más que evidente que el reportaje comparte no pocas características con la crónica, pero no es menos cierto que este género es una invención genuinamente periodística y por tanto dicha exclusividad impide que sea considerado como instrumento de unión entre el relato de ficción (literario) y el factual (de hechos). De lo que se deduce, que él no puede ser considerado el enlace entre la literatura y el periodismo.

Este razonamiento no echa por tierra la comunión entre el reportaje y los relatos de no ficción. A partir del denominado Nuevo Periodismo(7) empezaron a surgir novelas en las que predominaban las técnicas del reportaje informativo, es decir, contar una historia impregnada de la retórica de la objetividad, con acercamiento crítico a las fuentes...
Gracias a este plural legado, tanto histórico como literario, se han conformando los rasgos peculiares de este género, hoy fundamental en el periodismo tanto escrito como audiovisual.

Referencias bibliográficas

Acosta Montoro, J. (1973). Periodismo y literatura. Madrid: Guadarrama.
Alvar, C., Mainer, J.C., y Navarro, R. (1997). Breve historia de la literatura española. Madrid: Alianza.
Baquero Goyanes, M. (1997). ¿Qué es la novela? ¿Qué es el cuento? Murcia: Universidad de Murcia.
Bastenier, M. (2000). El blanco móvil. Curso de periodismo. Madrid: Ediciones El País.
Bernal Rodríguez, M. (1997). La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla: Padilla Editores.
Borrat Mattos, H. (1989). El periódico, actor político. Barcelona: Gustavo Gili.
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Notas:

(1) Citado en Bernal Rodríguez, M. (1997). La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla, Padilla Editores. P. 9-10.
(2) Véase, Corominas-Pascual, (1981). Diccionario crítico etimológico castellano e histórico. Madrid, Gredos
(3) Véase Real Academia Española, (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid, Espasa-Calpe. 21ª Ed.
(4) Véase Valera, D. (1567). La Chrónica de España abreviada por mandado de doña Isabel, reyna de Castilla. Sevilla, Casa de Sebastián Trugillo.
(5) Para profundizar en el estudio de las crónicas de Indias consúltese el trabajo de Walter Mignolo "Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista" en Madrigal, L.I. (1992). Historia de la literatura hispanoamericana. La época colonia. T.I, Madrid, Cátedra. P. 57-111.
(6) En su clásico libro Periodismo y literatura, Madrid, Guadarrama, 1973. T.I, P. 126-137, Acosta Montoro considera que el género que comparte más rasgos con la literatura es el reportaje y no la crónica. Es una postura que está bien fundamentada teóricamente pero que, a nuestro juicio, no considera que el género genuinamente latino y más antiguo es la crónica.
(7) Véase Wolf, T. (1992). El Nuevo periodismo. Barcelona, Anagrama; Berna, S. y Chillón, l. (1985). Periodismo informativo de creación. Barcelona, Mitre; Chillón, L. (1999). Periodismo y literatura: una tradición de relaciones promiscuas. Barcelona, Universitat Autónoma de Barcelona.
(8) Martínez Albertos, J.L. (1983). Curso general de redacción periodística. Madrid, Mitre. Este autor considera a la crónica como un género para la interpretación (híbrido), mientras que al artículo lo incluye dentro de los géneros para lo opinión y el comentario. Destacamos a este autor porque su influencia ha sido mucha y ha habido y hay un gran número de seguidores que defienden sus mismas tesis.
(9) Véase Borrat, H. (). El periódico, actor político. Barcelona, Gustavo Gili.

jueves, 17 de febrero de 2011

Discurso y manipulación: Discusión teórica y algunas aplicaciones


Discurso y manipulación: Discusión teórica y algunas aplicaciones*
Discourse and manipulation: Theoretical discussion and some applications

Teun van Dijk

Universidad Pompeu Fabra

Discurso

La manipulación, tal como es definida aquí, se realiza mediante el discurso, en sentido amplio, es decir, incluyendo características no verbales, como gestos corporales y faciales, diseño de la impresión, cuadros, música, sonido, etc. Obsérvese que aun cuando las estructuras del discurso en sí no son manipulativas, solo tienen esa función o efecto en situaciones comunicativas específicas y según cómo son interpretadas por los participantes en sus modelos contextuales. Por ejemplo, tal como se estipuló anteriormente, la manipulación es una práctica social de abuso de poder que involucra grupos dominantes y grupos dominados, o instituciones y sus clientes. Esto significa que, en principio, un ‘mismo’ discurso (o fragmento de discurso) en una situación comunicativa puede ser manipulativo y no serlo en otra situación. Es decir, el significado manipulativo (o evaluación crítica) del texto oral o escrito depende de los modelos contextuales de los receptores –incluyendo sus modelos de los hablantes o escritores y las intenciones que se les atribuye. También hemos visto que el discurso manipulativo ocurre típicamente en la comunicación pública controlada por élites corporativas, académicas, mediáticas, burocráticas o política dominante. Esto también significa restricciones contextuales, a saber, sobre los participantes, sus roles, sus relaciones y sus acciones y cogniciones típicas (conocimientos, metas). En otras palabras, el discurso se define como manipulativo, en primer lugar, en términos de los modelos contextuales de los participantes.

Y, sin embargo, aunque las estructuras discursivas per se no son necesariamente manipulativas, algunas de ellas pueden ser más eficientes que otras en el proceso de influir en las mentes de los receptores a favor de sus propios intereses. Por ejemplo, tal como ya se sugirió, los titulares se usan típicamente para expresar los tópicos y señalar la información más importante de un texto y, por ello, se pueden utilizar para asignarle peso (extra) a hechos que en sí no serían tan importantes. Y viceversa, discursos acerca de hechos o estados de cosas que son muy relevantes para los ciudadanos o clientes pueden no incluirse en los titulares si enfatizan las características negativas de grupos o instituciones dominantes. Es decir, la prensa nunca publica narraciones acerca del racismo ni mucho menos enfatiza esta información mediante grandes titulares en primera página (van Dijk, 1991).
La estrategia general de una auto-presentación positiva y una presentación negativa de los otros es muy típica en esta descripción sesgada de los hechos a favor de los intereses propios, mientras que se culpa de los hechos y situaciones negativas a los oponentes o los Otros (inmigrantes, terroristas, juventud, etc.). Esta estrategia, como se acostumbra a hacer, se puede aplicar a las estructuras de muchos niveles del discurso (para ejemplos y detalles, véase, por ejemplo van Dijk, 2003):

• Estrategias generales de interacción
- Auto-presentación positiva
- Presentación negativa de los otros
• Macroactos de habla que implican Nuestras ‘buenas’ obras y Sus ‘malos’ actos, por ejemplo, acusación, defensa.
• Macroestructuras semánticas: selección de tópico
- (Des)enfatizar los tópicos negativos/positivos acerca de Ellos/Nosotros.
• Actos de habla locales que implementan y apoyan los globales, esto es, afirmaciones que prueban las acusaciones
• Significados locales Nuestras/Sus acciones positivas/negativas
- Dar muchos/pocos detalles
- Ser general/específico
- Ser vago/específico
- Ser explícito/implícito
- Etc.
• Lexicón: selección de palabras positivas para Nosotros y negativas para Ellos
• Sintaxis local
- Oraciones activas vs. pasivas, nominalizaciones: (Des)enfatiza Nuestra/Su agentivización y responsabilidad positiva/negativa
• Figuras retóricas
- Hipérboles vs. eufemismos para significados positivos/negativos
- Metonimias y metáforas que enfatizan nuestras/sus propiedades positivas/negativas
• Expresiones: sonoras y visuales
- Enfatizar (fuerte, etc.; grande, negritas, etc.) significados positivos/negativos
- Ordenar (al inicio, al final; arriba, abajo, etc.) significados positivos/negativos

Estas estrategias y movidas en diversos niveles del discurso difícilmente son sorprendentes, porque implementan el cuadrado ideológico usual de la polarización de grupos discursivos des/enfatizar buenas/malas cosas nuestras/de ellos que uno encuentra en todos los discursos ideológicos (van Dijk, 1999). Dado que la manipulación socio-política, como la hemos discutido aquí también implica dominación (abuso de poder), es muy posible que tal manipulación también sea ideológica. Así pues, los discursos manipulativos que siguieron a los ataques terroristas del 11 de septiembre y de marzo en Nueva York y Madrid, respectivamente, estaban plagados de ideologías racistas, anti-árabe, anti-Islam, antiterrorista, nacionalista; enfatizando la naturaleza malvada de los terroristas y la libertad y principios democráticos de las naciones ‘civilizadas’. Por ello, si Bush y sus partidarios quieren manipular a los políticos y/o a los ciudadanos de Estados Unidos de Norteamérica para que acepten ir a la guerra contra Irak, se comprometan en una serie de acciones a nivel mundial en contra de los terroristas y sus protectores (comenzando con Afganistán), y adopten una ley que limita seriamente los derechos civiles de los ciudadanos, entonces ese discurso será masivamente ideológico. Es decir, lo hacen, enfatizando ‘Nuestros’ valores fundamentales (libertad, democracia, etc.) que contrastan con los ‘malos’ valores atribuidos a los ‘Otros’. Así consiguieron hacer creer a los ciudadanos, traumatizados por el ataque a las Torres Gemelas, que el país estaba bajo ataque y que solo una ‘guerra contra el terrorismo’ podía evitar una catástrofe. Y los que no acepten este argumento pueden ser acusados de ser poco patriotas.

Análisis mucho más detallados de estos discursos han mostrado que son fundamentalmente ideológicos de esta forma, y es posible que las manipulaciones socio-políticas siempre involucren ideologías, actitudes ideológicas y estructuras discursivas ideológicas (véase el número especial doble en Discourse & Society 15(3-4), 2004, acerca de los discursos del 11 de septiembre editado por Jim Martin y John Edwards). Si muchos líderes de Europa Occidental, incluyendo al ex Primer Ministro Aznar y más recientemente también a Tony Blair, quieren limitar la inmigración para aumentar el apoyo de los votantes, entonces estas políticas y discursos manipulativos son también muy ideológicos, implicando los sentimientos nacionalistas, la polarización Nosotros/Ellos y una representación sistemáticamente negativa de los Otros en términos de valores, características y acciones negativos (delincuencia, entrada ilegal, violencia, etc.).

Aunque la manipulación socio-política es generalmente ideológica y los discursos manipulativos presentan los patrones de polarización ideológica en todos los niveles de análisis, las estructuras discursivas y las estrategias de manipulación no pueden reducirse simplemente a los de cualquier discurso ideológico. De hecho, podemos tener discursos socio-políticos que no son manipulativos, como los debates parlamentarios persuasivos o una discusión en un periódico o en la televisión. En otras palabras, dado nuestro análisis del contexto socio-cognitivo del discurso manipulativo, necesitamos examinar las restricciones específicas formuladas anteriormente, como la posición dominante del manipulador y la falta de conocimiento relevante de los receptores.

Tal como se sugirió anteriormente, no es probable que existan estrategias discursivas que solo sean usadas en la manipulación. El lenguaje es raramente tan específico (se usan en muchas situaciones diferentes y por gente muy diferente, de diferentes convicciones ideológicas). Esto quiere decir que, las mismas estructuras discursivas se usan en la persuasión, la información, la educación y otras formas legítimas de comunicación. Sin embargo, dada una situación social específica, puede haber estrategias específicas preferentes en la manipulación, esto es, prototipos manipulativos. Por ejemplo, tipos específicos de falacias se pueden usar para persuadir a la gente para que crean o hagan algo, por ejemplo, aquellas que son difíciles de resistir, como la falacia de la autoridad que consiste en dirigirse a los devotos católicos con el argumento de que también el Papa cree o recomienda tal acción, o dirigirse a los musulmanes señalando que tal cosa también es recomendada por el Corán.

Así, introducimos el criterio contextual de que los receptores de la manipulación –como una forma de abuso de poder– pueden ser definidos como víctimas, y esto significa que deben de algún modo ser caracterizadas como carentes de los recursos fundamentales para resistir, detectar o evitar la manipulación. Fundamentalmente, esto puede implicar:

a) Ausencia o insuficiente conocimiento relevante –de modo que no se pueden formular contra-argumentaciones frente a aseveraciones falsas, incompletas o prejuiciadas–.
b) Normas, valores e ideologías fundamentales que no se pueden negar o ignorar.
c) Emociones fuertes, traumas, etc., que hace vulnerable a la gente.
d) Posiciones sociales, profesiones, estatus, etc., que inducen a la gente a tender a aceptar los discursos, argumentos, etc., de personas, grupos u organizaciones de élite.

Estas son condiciones típicas de la situación social, emocional y cognitiva del evento comunicativo y también se incorporan, en parte, de los modelos contextuales de los participantes, es decir, controlan sus interacciones y discursos. Por ejemplo, si los receptores del discurso manipulativo sienten miedo de un hablante, esto se representará en sus modelos contextuales, y lo mismo es válido para sus posiciones relativas y la relación de poder entre ellos y el hablante. Y a la inversa, para que la manipulación sea exitosa, los hablantes tienen que tener un modelo mental de los receptores y su (falta de) conocimiento, sus ideologías, emociones, experiencias anteriores, etc.

Obviamente, no es necesario que todos los receptores tengan las propiedades ideales del blanco de la manipulación. Puede ser suficiente que un grupo grande o mayoritario tenga tales propiedades. Por eso, en la mayoría de las situaciones reales habrá gente escéptica, cínica, incrédula o disidente que serán impermeables a la manipulación, pero mientras estas no dominen los medios de comunicación de circulación principal, o las élites institucionales u organizacionales, el problema de los contra-discursos son menos serios para los manipuladores.
Reiteramos, que el ejemplo reciente más típico ha sido la guerra contra Irak, dirigida por Estados Unidos, en la que la mayoría de los principales medios de comunicación apoyaron al Gobierno y al Congreso, y las voces críticas fueron efectivamente marginadas. En cuanto estas voces se hacen más poderosas y más difundidas, como sucedió con la guerra contra Vietnam, la manipulación funciona en forma menos eficiente y finalmente puede llegar a ser inútil, porque los ciudadanos tienen suficiente contra-información y contra-argumentos como para resistir el discurso manipulativo. De hecho, como fue el caso después del ataque terrorista con bombas en Madrid, los ciudadanos pueden resentir tanto la manipulación que se vuelvan en contra del manipulador y voten para sacarlos de sus cargos.

Dadas estas restricciones contextuales, podemos centrarnos en aquellas estructuras discursivas que, presuponen tales restricciones:

a) Enfatizan la posición, el poder, la autoridad o superioridad moral del hablante o sus fuentes –y, de ser relevante, la posición inferior, la falta de conocimientos de los receptores, etc. –.
b) Enfocan las (nuevas) creencias que el manipulador quiere que el receptor acepte como conocimiento, así como en los argumentos, pruebas, etc., que hacen que esas creencias sean más aceptables.
c) Desacreditan fuentes o creencias alternativas (disidentes).
d) Apelan a las ideologías, actitudes y emociones relevantes de los receptores.

En resumen, y en términos muy informales, la estrategia general del discurso manipulativo consiste en enfocar discursivamente aquellas características sociales y cognitivas de los receptores que los hacen más vulnerables, menos resistentes, a la manipulación, que los hacen crédulos y víctimas dispuestas a aceptar creencias y hacer cosas que normalmente no harían. Es aquí donde juega un papel la condición esencial de dominación e desigualdad.

Tal como se formuló anteriormente, estas estrategias del discurso manipulativo parecen ser mayoritariamente semánticas, en otras palabras, focalizan el contenido del texto o del enunciado. Sin embargo, como es el caso en la implementación de las ideologías, estos significados preferentes pueden enfatizarse o desenfatizarse de la manera corriente, como se explicó anteriormente: al (des)topicalizar los significados, mediante actos de habla específicos, significados locales, más o menos precisos o específicos, manipulando la información explícita vs. implícita, la lexicalización, las metáforas y otras figuras retóricas, así como, mediante la expresión y realización específicas (entonación, volumen, rapidez; disposición, tipo de letra, fotos, etc.). Por tanto, la poderosa posición del hablante puede enfatizarse mediante un contexto muy formal, la vestidura, el tono de voz, la selección léxica, etc., como un discurso oficial del presidente dirigiéndose a la nación o al Congreso. La confiabilidad de las fuentes puede destacarse aún más, mencionando fuentes de autoridad, mediante el uso de fotos, etc., como también fue el caso para demostrar la presencia de armas de destrucción masiva en Irak. Se pueden activar y apelar a las emociones mediante palabras emotivas especiales, retórica dramática (hipérboles, etc.) fotografías, etc. Un oponente o disidente puede ser desacreditado mediante la muestra usual de la polarización Nosotros/ Ellos, mencionada anteriormente. Cada uno de estos rasgos discursivos de manipulación debe ser examinado más detalladamente para ver cómo se formulan, cómo funcionan en el texto y en el enunciado y cómo logran sus funciones y sus efectos.

Un ejemplo: La legitimización de Tony Blair de la guerra contra Irak

Ahora bien, examinemos un ejemplo de un bien conocido discurso manipulativo, cuando el Primer Ministro Tony Blair en marzo 2003 legitimó la decisión de su gobierno de ir a la guerra junto al Presidente de Estados Unidos e invadir Irak. Este es un ejemplo clásico que ha atraído mucha atención en la prensa y también de analistas académicos de diferentes disciplinas. El caso es importante debido a que hasta la siguiente elección de mayo 2005, Tony Blair fue acusado de haber engañado consistentemente a los ciudadanos británicos acerca de su decisión.

Examínese el siguiente fragmento inicial de su debate:

(1) Al comienzo, yo digo que está bien que el Congreso discuta este tema y emita un juicio. Es la democracia que es nuestro derecho, pero por la cual otros batallan en vano. Por otra parte, yo les digo que no miro en menos las posiciones que se oponen a la mía. Esta es indudablemente una difícil decisión, pero también es una decisión dura: retirar nuestras tropas ahora y devolvernos, o mantenerse firme al curso que ya hemos fijado. Yo creo apasionadamente que debemos mantener el curso. La pregunta planteada con mayor frecuencia no es “¿por qué importa?” Sino “¿por qué importa tanto?”. Henos aquí, el Gobierno, frente a su más difícil prueba, su mayoría en riesgo, la renuncia del Gabinete por un tema de política, los principales partidos internamente divididos, gente que está de acuerdo en todo lo demás –.

Ah, sí, por supuesto. Los Liberales Demócratas –unificados, como siempre, en el oportunismo y el error.

[Interrupción]
Tony Blair comienza su discurso con una captatio benevolentii bien conocido, que es, al mismo tiempo, un movimiento de la estrategia general de una auto-presentación positiva, al enfatizar sus credenciales democráticas: respeto por el Parlamento y las opiniones de otros, así como el reconocimiento de la dificultad de la elección acerca de ir o no ir a la guerra. Aquí la manipulación consiste en sugerir que el Parlamento de Gran Bretaña (aún) tenía el derecho a decidir si ir o no a la guerra, aunque era evidente que esa decisión ya se había tomado el año anterior. En la siguiente oración, Blair también insiste que él/nosotros/ellos deben mantenerse firme, lo que también es una movida estratégica de auto-presentación positiva. Y, finalmente, cuando se refiere a su ‘apasionada creencia’ vemos que, junto a sus argumentos racionales, Blair también presenta su lado emocional (y por ello vulnerable), enfatizando de este modo la fuerza de sus creencias.

Incluso concede que el asunto es tan serio que por primera vez –debido a las opiniones y los votos, incluso al interior de su propio partido, en contra de la guerra en Irak– la mayoría de su gobierno está en peligro. En segundo lugar, él interpreta la bien conocida polarización de la oposición entre Nosotros (democracias) y Ellos (la dictadura), implicando políticamente con ello que quienes se oponen a la guerra podrían ser acusados de apoyar a Saddam Hussein –tratando así de silenciar a la oposición–. Ir a la guerra es, entonces, una manera de defender la democracia, un argumento implícito falaz que es muy común en la manipulación, a saber, asociar a los receptores con el enemigo y, por ello, como posibles traidores. Esta movida es luego apoyada por otra movida –ideológica–, a saber, la del nacionalismo. Esto se aplica cuando se refiere a ‘las tropas británicas’ que no pueden ser retiradas, lo cual también implica políticamente que no apoyar a las tropas británicas es desleal y también una amenaza para el Reino Unido, la democracia, etc.

Finalmente, después de la protesta en el Congreso por hablar solo de los dos principales partidos (Laborista y Conservador) él desacredita la oposición del partido Liberal Demócrata, ridiculizándolos y llamándolos oportunistas.

Vemos que incluso en esas pocas líneas ya están presentes todos los aspectos de la manipulación:
(a) la polarización ideológica (Nosotros/Democracias; nacionalismo: apoyar las tropas);
(b) auto-presentación positiva por superioridad moral (permite el debate, respeta la opinión de los otros, lucha por la democracia, mantenerse firme, etc.);
(c) énfasis en su poder a pesar de la oposición;
(d) descrédito al oponente, los liberales demócratas, por ser oportunistas;
(e) emocionalización del argumento (creencias apasionadas).
En resumen, aquellos que se oponen a la guerra son acusados implícitamente (y una vez explícitamente, como los social demócratas) por ser menos patrióticos, por no estar dispuestos a resistir la dictadura, etc.
Considérese este otro párrafo del discurso de Blair:

(2) El país y el Parlamento se reflejan mutuamente. Este es un debate que, a medida que ha pasado el tiempo, se ha vuelto menos amargo, pero no menos grave. Entonces, ¿por qué importa tanto? Porque el resultado de este asunto va a determinar ahora más que la suerte del régimen iraquí y más que el futuro del pueblo iraquí que ya ha sido brutalizado por tanto tiempo por Saddam Hussein, por importante que sean estos temas. Va a determinar la forma en la que Gran Bretaña y el mundo confronten la amenaza a la seguridad central del Siglo XXI, el desarrollo de Las Naciones Unidas, las relaciones entre Europa y los Estados Unidos, las relaciones al interior de la Unión Europea y la manera en la que Estados Unidos se comprometen con el resto del mundo. Así que difícilmente podría ser más importante. Determinará el patrón de la política internacional para la próxima generación.

La manipulación en este fragmento se hace aun más explícita. Primero, Blair continúa su auto-presentación positiva, enfatizando sus generosas y democráticas credenciales (reconociendo la oposición en el parlamento y el país). En segundo lugar, destaca retóricamente la seriedad del asunto (con el litote “no menos grave”). En tercer lugar, continúa la estrategia de la polarización ideológica (Nosotros/Democracia vs. Ellos/ Dictadura). En cuarto lugar, usa la hipérbole (“brutalizados”) para destacar que el Otro es malo. Y finalmente, y muy importante, extiende la oposición ideológica entre Nosotros y Ellos a un intra-grupo Nosotros, Europa, Estados Unidos y el resto del mundo, enfrentando la principal amenaza a la seguridad. En suma, lo que en realidad es, entre otras muchas cosas, lograr el control, junto con los Estados Unidos, del más importante país petrolero en el medio Oriente, con la excusa de las armas de destrucción masiva y el apoyo al terrorismo. Además de esta extensión del intra-grupo desde ‘Nosotros’ en el Reino Unido al resto del mundo ‘libre’ (una movida que uno podría llamar ‘globalización ideológica’), también somos testigos de otras movidas hiperbólicas para enfatizar la seriedad de la situación, por ejemplo, la extensión del tiempo: “para la próxima generación”.

En pocas palabras, vemos que la manipulación se centra en varios temas fundamentales: La lucha internacional entre el Bien y el Mal, la solidaridad nacional e internacional, la seriedad de la situación como conflicto internacional, auto-presentación positiva como fuerte (“firme”) y moralmente superior, la presentación negativa del otro (por ejemplo, de la oposición) como oportunista.

En el resto de su discurso, que no analizaremos aquí, Blair utiliza las siguientes movidas manipulativas:

a) historia de las secuelas de la anterior guerra contra Irak, la importancia del asunto de las armas de destrucción masiva (ADM), las malas intenciones de Hussein y las engañosas inspecciones de armas por parte de la ONU, etc.
b) descripción de las ADM: ántrax, etc.
c) repetidas expresiones de dudas acerca de la credibilidad de Hussein
d) repetidas auto-presentaciones positivas: detalles acerca de su disposición para llegar a acuerdos, por ser razonables (“Una vez más yo desafío a cualquiera a describir esto como una proposición poco razonable”).

Es decir, esta parte es esencialmente lo que faltaba en la primera: una descripción detallada de ‘los hechos históricos’, hasta la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad, como una legitimación de la guerra.

Aunque este único ejemplo, obviamente, no presenta todas las estrategias relevantes del discurso manipulativo, hemos encontrado algunos de sus ejemplos clásicos, tales como enfatizar el propio poder y superioridad moral, desacreditar a los opositores, dando detalles de los ‘hechos’, polarización entre Nosotros y Ellos, presentación negativa del Otro, alineamiento ideológico (democracia, nacionalismo), apelación emocional, etc.

Los miembros del Parlamento no son precisamente personas estúpidas y no hay dudas de que ellos comprenden perfectamente muchas de las movidas de Blair de legitimización y manipulación. Sin embargo, existe un punto crítico en el que son menos poderosos que el Gobierno: carecen de la información decisiva, por ejemplo, de los servicios secretos, acerca de las armas de destrucción masiva como para ser capaz de aceptar la legitimidad de la invasión a Irak. En segundo lugar, la mayoría laborista en el Senado, aun cuando muchos se oponían a la invasión –como la mayoría de los ciudadanos británicos– difícilmente pueden rechazar la moción de Blair sin riesgo para el gobierno laborista. Sabemos que solo unos pocos políticos laboristas desafían abiertamente al liderazgo del partido y, en consecuencia, estarían dispuestos a arriesgar sus trabajos. En tercer lugar, tal rechazo también significaría desafiar a Estados Unidos y perjudicar su amistad con el Reino Unido. Afortunadamente, nadie en el Senado puede defender moralmente una muestra de falta de solidaridad con los tropas británicas en el exterior –y ser re-elegido–. Y, finalmente, no apoyar esta moción se podría explicar (y se ha hecho) como una defensa de Saddam Hussein: una doble atadura y una situación Catch 21 (trampa 21) en la que, especialmente la izquierda, que se dedica más intensamente a la lucha contra la dictadura, difícilmente puede estar en desacuerdo con el argumento manipulativo.

Estos criterios también diferencian entre manipulación y legítima persuasión, aun cuando en la vida real estos dos tipos de control mental se superponen. Es decir, muchas de las estrategias usadas también se pueden aplicar en la retórica parlamentaria perfectamente legítima. Sin embargo, en este caso de lo que se define como una emergencia nacional e internacional, incluso un parlamento poderoso como el británico, puede ser manipulado para que acepte la política del Primer Ministro de unirse con Estados Unidos en lo que se presenta como la guerra en contra de la tiranía y el terrorismo. Tanto contextualmente –el hablante como líder del partido laborista y Primer Ministro, los receptores como miembros del Parlamento y ciudadanos británicos, etc.– así como textualmente, Blair define la situación en tal forma que pocos miembros del Parlamento pueden rechazarlo, aun cuando saben que están siendo manipulados y probablemente también les estén mintiendo.

En resumen, los miembros del Parlamento son, en muchas formas, ‘víctimas’ de la situación política y, por ello, pueden ser manipulados por los que están en el poder, como sucedió en Estados Unidos. Al aceptar las razones dadas por Blair en su discurso, y con ello legitimar la guerra, son manipulados para que acepten no solo creencias específicas, por ejemplo acerca de la seguridad internacional, sino también la moción y con ello estar de acuerdo en mandar tropas a Irak.

lunes, 7 de febrero de 2011

Discurso y manipulación: Discusión teórica y algunas aplicaciones


Discurso y manipulación: Discusión teórica y algunas aplicaciones*
Discourse and manipulation: Theoretical discussion and some applications

Teun van Dijk

Universidad Pompeu Fabra

Manipulación y cognición

Manipular a la gente implica manipular sus mentes, es decir, sus conocimientos, opiniones e ideologías que, a su vez, controlan sus acciones. Sin embargo, hemos visto que hay muchas formas de influencia mental basada en el discurso, tales como la información, la enseñanza y la persuasión, que forman y cambian los conocimientos y las opiniones de la gente. Esto significa que es necesario distinguir la manipulación de estas otras formas de manejo o control mental, tal como lo hicimos anteriormente en términos sociales, es decir, en términos del contexto del discurso. A fin de poder distinguir entre el control mental legítimo del ilegítimo, primero es necesario ser más explícito en cuanto a cómo puede el discurso ‘afectar’ la mente.

Puesto que la mente es extraordinariamente compleja, también la manera en la que el discurso puede influenciarla involucra intrincados procesos que solo pueden ser manejados en tiempo real, mediante la aplicación de estrategias eficientes. Para nuestros propósitos en este artículo, simplificaremos tal descripción en unos pocos principios y categorías básicas del análisis cognitivo (para mayores detalles, véase Britton & Graesser, 1996; Kintsch, 1998; van Dijk & Kintsch, 1983; van Oostendorp & Goldman, 1999).

1. La manipulación de la comprensión del discurso basada en la MCP

En primer lugar, el discurso en general y el discurso manipulativo en particular involucran el procesamiento de la información en la memoria de corto plazo (MCP), dando como resultado básicamente la comprensión (de palabras, cláusulas, oraciones, enunciados y señales no verbales), por ejemplo, en términos de los ‘significados’ proposicionales o ‘acciones’. Este procesamiento es estratégico, en el sentido de ser inmediato (on-line), dirigido a un fin, que opera a distintos niveles de la estructura del discurso e hipotético: se hacen conjeturas rápidas y eficientes y se toman atajos en lugar de hacer análisis completos.

Una forma de manipulación consiste en controlar algunas de estas estrategias que están parcialmente automatizadas. Por ejemplo, imprimiendo parte del texto en posición destacada (por ejemplo al inicio) y en letras más grandes o en negrita. Ello atrae más la atención y requerirá más tiempo de procesamiento o recursos mnemónicos, tal como sucede con los titulares, títulos o consignas –con lo que se contribuye a un procesamiento más detallado y a una mejor representación y recuerdo–. Los titulares y títulos también funcionan como la categoría textual convencional para la expresión de la macroestructura semántica o tópico, que organiza las estructuras semánticas locales; también es por esta razón que estos tópicos se representan y recuerdan mejor. Lo que queremos señalar aquí es que rasgos específicos del texto oral o escrito –tales como su representación visual– pueden específicamente afectar el control de la comprensión estratégica en la MCP, de modo que los lectores presten más atención a cierta información que a otra.

Por supuesto, esto no ocurre solo en la manipulación, sino también en otras formas legítimas de comunicación, como presentación de noticias, libros de estudio y un sin número de otros géneros. Esto sugiere que, en términos cognitivos, la manipulación no tiene nada de especial: hace uso de propiedades muy generales del procesamiento del discurso. Así pues, tal como fue el caso en el análisis social de la manipulación, necesitamos más criterios para distinguir entre la influencia legítima y la ilegítima en el procesamiento del discurso. La manipulación en esos casos puede consistir en el hecho de llamar la atención hacia la información A en vez de B, de modo que la comprensión resultante puede ser parcial o sesgada; por ejemplo, cuando los titulares enfatizan detalles irrelevantes más que los tópicos importantes de un discurso –perjudicando con ello la comprensión de detalles por la influencia del procesamiento de arriba hacia abajo de los tópicos–. La otra condición social que debiera agregarse en este caso, y tal como lo hicimos anteriormente, es que esa comprensión parcial o incompleta juega en favor de los intereses de un grupo o institución poderosa y en contra de los intereses del grupo dominado. Obviamente, esta no es una condición cognitiva ni textual, sino una normativa social y contextual: los derechos de los receptores de ser adecuadamente informados. Nuestro análisis cognitivo pretende explicar detalladamente cómo la gente es manipulada mediante el control de sus mentes, pero no se puede explicar porqué esto es malo. Procesos similares entran en juego en muchas formas de expresión no verbal, tales como la configuración o disposición general, el uso del color, fotografías o dibujos en la comunicación escrita, o gestos, muecas faciales y otras actividades no verbales en el discurso oral.
Dado que el procesamiento del discurso en la MCP incluye formas tan diferentes de análisis como operaciones fonéticas, fonológicas, morfológicas, sintácticas y léxicas, todas dirigidas hacia una comprensión eficiente, todos y cada uno de estos procesos de la MCP pueden ser influenciados por diversos medios. Por ejemplo, una pronunciación más clara o lenta, una sintaxis menos compleja y el uso de términos básicos, un tópico claro acerca de un tema que los receptores manejan bien, entre otras muchas condiciones, en general tenderán a favorecer la comprensión.

Esto también significa que si los hablantes quieren dificultar la comprensión, tenderán a hacer lo opuesto, es decir, a hablar más rápido, con menor claridad, con oraciones más complejas, palabras más abstrusas, tópico confuso acerca de un tema menos conocido por la audiencia –como puede ser el caso, por ejemplo, en los discursos legales o médicos que no están dirigidos, primordialmente, hacia una mejor comprensión por parte de los clientes y, en consecuencia, puede asumir formas manipulativas cuando se estorba intencionalmente la comprensión–. En otras palabras, si grupos o instituciones dominantes quieren facilitar la comprensión de información consistente con sus propios intereses e impedir la comprensión de la información que no favorece sus intereses (y viceversa para sus receptores) entonces puede típicamente usar estas formas de manipulación basadas en la MCP de la comprensión del discurso. Vemos que hay dimensiones cognitivas, sociales, discursivas y éticas implicadas en este caso cuando se dificulta o se prejuicia ilegítimamente la comprensión del discurso. La dimensión ética también puede involucrar otro criterio (cognitivo) referido a si este control de la comprensión es intencional o no lo es –como es el caso cuando se distingue entre asesinato y homicidio no premeditado o cuasi delito de homicidio. Esto significa que en los modelos contextuales de los hablantes o escritores hay un plan explícito para dificultar o prejuiciar la comprensión.

2. Manipulación episódica

La manipulación basada en la MCP se lleva a cabo en forma instantánea (on-line) y afecta el proceso estratégico para la comprensión de discursos específicos. Sin embargo, la mayoría de las veces la manipulación está dirigida hacia resultados más estables y por ello se centra en la memoria de largo plazo (MLP), es decir, en el conocimiento, en las actitudes y en las ideologías, como veremos en un momento. También forman parte de la MLP los recuerdos personales que definen la historia y las experiencias de nuestra vida, representaciones que tradicionalmente se asocian a la memoria episódica. Es decir, nuestro recuerdo de eventos comunicativos –que se encuentran entre nuestras experiencias cotidianas– está almacenado en la memoria episódica, a saber, como modelos mentales específicos con sus propias estructuras esquemáticas. Contar una narración significa formular el modelo mental personal y subjetivo que tenemos de alguna experiencia. Y comprender una noticia o un cuento implica la construcción de un similar modelo mental por parte de los receptores.
En la memoria episódica la comprensión de un texto o enunciado se relaciona, pues, con modelos más completos de experiencias. La comprensión no consiste solo en la asociación de significados y palabras, oraciones o discursos, sino en la construcción de modelos mentales en la memoria episódica, que incluyen nuestras propias opiniones y emociones asociadas con un evento oído o leído. Es este modelo mental el que constituye la base de nuestros futuros recuerdos, así como la base de nuevos aprendizajes, tales como la adquisición de conocimientos, actitudes e ideologías basados en la experiencia.

Nótese que los modelos mentales son únicos, ad hoc y personales: es mi interpretación individual de este discurso particular en esta situación específica. Por supuesto que estos modelos mentales también implican la ‘instanciación’ de conocimientos y creencias compartidas socialmente –de modo que de hecho podemos comprender a los demás y la comunicación y la interacción es posible–, pero el modelo mental como un todo es único y personal. Existen otros conceptos de modelo (mental, cognitivo) que se usan para representar conocimiento cultural, socialmente compartido (véase, por ejemplo, Shore, 1996), pero no es a ese tipo de modelo al que me estoy refiriendo aquí.

Los modelos mentales no solo definen nuestra comprensión de los enunciados y los textos en sí mismos (mediante la representación de aquello de lo que trata el discurso), sino también la comprensión de todo el evento comunicativo. Los resultados de esta comprensión se representan en ‘modelos contextuales’, que al mismo tiempo, para los hablantes operan como sus –dinámicamente cambiantes– planes para hablar (van Dijk, 1999).

Dado el papel fundamental que juegan los modelos mentales en el habla y la comprensión, es de suponer que la manipulación estará especialmente dirigida a la formación, activación y usos de los modelos mentales en la memoria episódica. Si los manipuladores quieren que los receptores entiendan el discurso tal como ellos desean, es fundamental que los receptores formen el modelo mental que los manipuladores quieren que ellos construyan para así restringir la libertad de interpretación o, al menos, la probabilidad que entiendan el discurso en un sentido contrario al interés de los manipuladores.

Posteriormente, vamos a examinar algunas de las estrategias discursivas que están dirigidas de este modo hacia la formación o activación de modelos ‘preferentes’. La mayoría de las veces, la estrategia consiste en enfatizar discursivamente aquellas propiedades del modelo que son consistentes con nuestros intereses (por ejemplo detalles acerca de nuestras buenas obras) y desenfatizar discursivamente aquellas propiedades que son inconsistentes con nuestros intereses (por ejemplo detalles acerca de nuestras malas obras). Culpar a la víctima, así, es una de las formas en las que el grupo dominante discursivamente influencia los modelos mentales de los receptores, por ejemplo, mediante la re-atribución de la responsabilidad de las acciones a favor de sus propios intereses. Cualquier estrategia discursiva que puede así contribuir a la formación o reactivación de modelos preferidos puede ser usada en el discurso manipulativo. Como es el caso en el procesamiento de la MCP, gran parte de la formación y activación de modelos están más bien automatizadas y el sutil control de los modelos mentales a menudo ni siquiera lo notan los usuarios, con lo que se facilita la manipulación.

3. Manipulación de la cognición social

Manipular discursivamente cómo los receptores comprenden un evento, acción o discurso es, en ocasiones, muy importante, especialmente en el caso de sucesos tan monumentales como el ataque al World Trade Center en Nueva York, el 11 de septiembre del año 2001 o el ataque con bombas en el tren de España el 11 de marzo de 2004. De hecho, el gobierno conservador español dirigido por José María Aznar trató de manipular la prensa y a los ciudadanos para que creyeran que el ataque había sido cometido por la ETA, en vez de por los terroristas islámicos. En otras palabras, a través de sus declaraciones, así como las de su Ministro del Interior, Acebes, Aznar quería influenciar la estructura del modelo mental correspondiente al evento, enfatizando el agente preferido del ataque –un modelo que sería consistente con sus propias políticas anti-ETA–. Dado que pronto se hizo evidente que esta vez no había sido ETA sino que Al Qaeda el responsable del ataque, los votantes en las elecciones venideras se sintieron manipulados y votaron para sacar a Aznar y al Partido Popular del gobierno.

Aunque estos sucesos y otros semejantes, así como los discursos concomitantes que los describen y explican, dan origen a modelos mentales que pueden ocupar un lugar especial en la memoria episódica de manera que son bien recordados durante largo tiempo, la forma más influyente de manipulación no se centra en la creación de modelos mentales preferidos específicos, sino en conocimientos abstractos más generales, como saberes, actitudes e ideologías. Por ello, si un partido político quiere aumentar su popularidad ante los votantes, típicamente tratará de cambiar positivamente la actitud de los votantes acerca de ese partido, porque una actitud general socialmente compartida es mucho más estable que los modelos mentales (y opiniones) de usuarios individuales de la lengua. Influir en las actitudes implica influir en grupos completos y en relación a muchas situaciones. Así, si los gobiernos quieren restringir la inmigración, tratarán de formar o modificar las actitudes de los ciudadanos (incluyendo a las de otras élites) acerca de la inmigración (van Dijk, 1993; Woodak & van Dijk, 2000). En ese caso, no necesitan realizar muchos intentos de persuasión cada vez que inmigrantes quieran entrar al país. La manipulación se dirigirá a la formación o modificación de representaciones sociales compartidas más generales –tales como actitudes e ideologías– acerca de temas sociales importantes. Por ejemplo, los gobiernos lo pueden hacer en temas como la inmigración, asociándola con (temores de) el aumento de la delincuencia, como lo hizo el ex Primer Ministro Aznar –y otros líderes europeos– en la década pasada.
Vemos que los procesos cognitivos de la manipulación suponen que la MLP no solo almacena experiencias personales subjetivamente interpretadas como modelos mentales, sino también creencias socialmente compartidas más generales, permanentes y estables, a veces denominadas ‘representaciones sociales’ (Augoustinos & Walter, 1995; Moscovici, 2001). Nuestro conocimiento sociocultural forma el núcleo de estas creencias y nos permite actuar, interactuar y comunicarnos significativamente con otros miembros de la misma cultura. Lo mismo sucede con muchas actitudes e ideologías sociales, compartidas con otros miembros del mismo grupo social, por ejemplo, pacifistas, socialistas, feministas, por una parte o racistas y machistas chauvinistas, por la otra (van Dijk, 1999). Estas representaciones sociales se adquieren gradualmente a lo largo de la vida, y si bien pueden cambiar, normalmente no cambian de un día para otro. También influyen en la formación y activación de los modelos mentales personales de los miembros del grupo. Por ejemplo, un pacifista interpretará un evento como el ataque de Estados Unidos a Irak, o noticias acerca de eso, de manera distinta a como lo hará un militarista, y por ello desde un modelo mental diferente de tal evento o secuencia de eventos.

Hemos supuesto que los modelos mentales, por una parte, incorporan la historia personal, las experiencias y opiniones de las personas individuales pero que, por otra parte, también representan una instanciación específica de creencias socialmente compartidas. La mayor parte de la interacción y el discurso es, en consecuencia, producido y comprendido en términos de modelos mentales que combinan creencias personales y sociales –en tal forma que explican tanto la univocidad de la comprensión y la producción del discurso como la similitud de nuestra comprensión del mismo texto. A pesar de las restricciones generales de las representaciones sociales sobre la formación de los modelos mentales y, en consecuencia, sobre la producción y comprensión de los discursos, no hay dos miembros del mismo grupo social, clase o institución, ni aunque estén en la misma situación comunicativa, que producirán el mismo discurso o interpretarán un discurso dado en la misma forma. En otras palabras, los modelos mentales de hechos o situaciones comunicativas (modelos contextuales) son la interfaz necesaria entre lo social, lo compartido y lo general, por una parte, y lo personal, lo único y lo específico en el discurso y la comunicación, por otra.

Mientras que la manipulación puede concretamente afectar la formación o el cambio de modelos mentales personales, únicos, los objetivos generales de los discursos manipulativos son el control de las representaciones sociales compartidas por grupos de personas, debido a que estas creencias sociales, a su vez, controlan lo que la gente hace y dice en muchas situaciones y por un tiempo relativamente largo. Una vez que la actitud de la gente está influenciada, por ejemplo, en relación al terrorismo, pocos son los intentos manipulativos necesarios para que se actúe en consecuencia, por ejemplo, votar a favor de políticas antiterroristas.

No es sorprendente entonces que, dada la importancia vital de las representaciones sociales para la interacción y el discurso, la manipulación se centre en la cognición social, y, por tanto, en grupos de personas más que en personas individuales y sus modelos personales únicos. También en este sentido la manipulación es una práctica discursiva que involucra tanto dimensiones cognitivas como sociales. Por ello, deberíamos prestar especial atención a esas estrategias discursivas que, típicamente, influyen en las creencias socialmente compartidas.

Una de estas estrategias es la generalización, que consiste en que un ejemplo concreto específico que ha impactado los modelos mentales de la gente se generaliza a conocimiento y actitudes o, incluso, a ideologías fundamentales. El más notable de los ejemplos recientes es la manipulación de los Estados Unidos a la opinión mundial acerca del terrorismo después del 11 de septiembre en el cual modelos mentales muy fuertes y pertinaces de ciudadanos acerca de estos hechos, se generalizan a temores, actitudes e ideologías más generales acerca del terrorismo y temas relacionados. Este es también un ejemplo genuino de manipulación masiva, porque las representaciones sociales resultantes no favorecen el interés de los ciudadanos cuando estas actitudes están siendo manipuladas con el fin de aumentar dramáticamente el gasto militar, legitimar la intervención militar y legislar severas restricciones a la libertad y los derechos civiles (tal como el Acto Patriótico). La manipulación en este caso es un abuso de poder porque los ciudadanos son manipulados para que crean que estas medidas son tomadas para defenderlos (de los muchos libros acerca de la manipulación de la opinión pública después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, véase, por ejemplo, Ahmed, 2005; Chomsky, 2004; Greenberg, 2002; Halliday, 2002; Palmer, 2003; Sidel, 2004; Zizek, 2002).

Este notable ejemplo de manipulación nacional e internacional por parte del gobierno de los Estados Unidos, en parte apoyada y llevada a cabo por los medios masivos de comunicación, también muestra algunos de los mecanismos cognitivos de la manipulación. Así, primero se usa un suceso muy emocional con un fuerte impacto en los modelos mentales de la gente con el fin de influir en estos modelos según la preferencia –por ejemplo en términos de una fuerte polarización entre Nosotros (buenos e inocentes) y Ellos (malos y culpables) –. En segundo lugar, mediante repetidos mensajes y la explotación de sucesos relacionados (por ejemplo otros ataques terroristas). Este modelo preferido se puede generalizar a representaciones sociales más estables y complejas acerca de los ataques terroristas o incluso a una ideología anti-terroristas. Es importante, en estos casos, que los intereses y beneficios de quienes tienen el control de la manipulación se oculten, oscurezcan o nieguen, mientras que los beneficios de ‘todos nosotros’, de ‘la nación’, etc. se enfaticen, por ejemplo, en términos de un aumento del sentimiento de seguridad. Que por las acciones antiterroristas e intervención militar las corporaciones comerciales y militares que fabrican armas y equipamiento de seguridad puedan profitar más, o que se pueda promover mayores actos de terrorismo y, por lo tanto, la seguridad de los ciudadanos pueda peligrar más, obviamente no son parte de las actitudes preferidas que persigue esta manipulación. En consecuencia, una condición cognitiva para la manipulación es que a los receptores (personas, grupos, etc.) se les haga creer que algunas acciones o políticas van a favorecer sus propios intereses, cuando, de hecho, favorecen los intereses de los manipuladores y sus asociados.

Los ejemplos de la inmigración, la violencia política e ideologías antiterroristas, involucran fuertes opiniones, actitudes e ideologías y son casos ejemplares de manipulación de toda la población por parte de los medios y el gobierno. Sin embargo, la manipulación de la cognición social puede también incluir las bases mismas de toda la cognición social: el conocimiento general compartido socioculturalmente. De hecho, una de las mejores formas de detectar y resistir intentos de manipulación es el conocimiento específico (por ejemplo acerca de los actuales intereses de los manipuladores) así como conocimiento general (por ejemplo acerca de las estrategias para mantener el presupuesto militar elevado). Será, pues, de interés de los grupos dominantes asegurarse que no se adquiera un conocimiento general relevante y potencialmente crítico o que solo se adquiera conocimiento parcial, mal dirigido o prejuiciado.

Un ejemplo bien conocido de esta última estrategia fue la afirmación con la que el gobierno de Estados Unidos y sus aliados legitimaron el ataque a Irak en 2003: “conocimiento” acerca de armas de destrucción masiva, conocimiento que luego resultó falso. Se oculta información que puede llevar a conocimientos que se podrían usar para resistir la manipulación, por ejemplo, acerca de los costos reales de la guerra, el número de muertos, la naturaleza del “daño colateral” (civiles muertos en bombardeos masivos y otras acciones militares), etc. característicamente es ocultado, limitado o de alguna manera hecho aparecer menos riesgoso y, por ello, discursivamente desenfatizado, mediante eufemismos, expresiones vagas, implícitos, etc.

La manipulación puede afectar las representaciones sociales de muchas maneras, tanto en su contenido como en su estructura. Aunque por ahora sabemos muy poco acerca de la organización interna de las representaciones sociales, es muy posible que incluyan categorías esquemáticas de los participantes y sus propiedades, así como las típicas (inter)acciones que (se cree) realizan, cómo, cuándo y dónde. Así, las actitudes hacia los ataques terroristas pueden incluir una estructura tipo guión, con los terroristas como actores principales, asociados con un número de atributos prototípicos (crueles, radicales, fundamentalistas, etc.) que usan medios violentos (por ejemplo bombas) para matar a inocentes civiles como sus víctimas, etc. Estas actitudes son adquiridas gradualmente por generalización y abstracción en este caso de modelos mentales formados a partir de noticias, declaraciones gubernamentales, así como de películas, entre otros discursos. Es importante que se hable o escriba acerca de ‘nuestras’ formas de violencia política, como las intervenciones militares o las acciones policiales, de tal modo que no den origen a modelos mentales que se puedan generalizar como ataques terroristas, sino como legítimas formas de resistencia (armada) o castigo. Y viceversa, los ataques terroristas deben ser representados en tal forma que no se puedan legitimar en ningún modelo mental o actitud. La idea misma de ‘terrorismo de estado’ es por ello controversial y usada principalmente por disidentes, haciendo, por lo demás, difusa la distinción entre acciones terroristas ilegítimas y acciones militares o gubernamentales legítimas (Gareau, 2004). Los principales medios de comunicación, consecuentemente evitan describir la violencia de estado en términos de ‘terrorismo’.

Finalmente, la manipulación de la cognición social puede afectar incluso las normas y valores usados para evaluar los sucesos y las personas y condenar o legitimar acciones. Por ejemplo, en la manipulación de opiniones globales mundiales, quienes abogan por ideologías neoliberales de mercado, típicamente, enfatizarán y tratarán que se adopte el valor primario de ‘libertad’, un valor muy positivo, pero en ese caso, específicamente interpretado como libertad de empresa, la libertad del mercado, o estar liberado de la interferencia del gobierno en el mercado. En el caso de las acciones y amenazas, el discurso antiterrorista celebra el valor de la seguridad, asignándole una prioridad más elevada que, por ejemplo, al valor de los derechos civiles o de la equidad (Doherty & McClintock, 2002).

Vemos cómo la dimensión cognitiva de la manipulación implica los procesos de comprensión estratégica que afectan el procesamiento en la MCP, la formación de modelos mentales preferidos en la memoria episódica y, por último y más fundamentalmente, la formación o cambios de las representaciones sociales, tales como conocimientos, actitudes, ideologías, normas y valores. Los grupos de personas que de este modo adoptan las representaciones sociales preferidas por los grupos o instituciones dominantes, prácticamente no necesitan más manipulación: tenderán a creer y actuar de acuerdo a estas manipuladas cogniciones sociales porque las han hecho propias. Así, tal como lo hemos visto, las ideologías racistas o xenofóbicas manipuladas por las élites servirán como base permanente de discriminación –como culpar a las víctimas– de los inmigrantes: una estrategia muy efectiva para dirigir la atención crítica lejos de las políticas del gobierno o de otras élites (van Dijk, 1993).

Por favor, aún no.