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Los peregrinos


De Bruno Mateo

Por un camino van tres peregrinos con sendas cruces a cuestas. Ellos deben llevarlas a un pueblo muy lejano porque una de esa cruces será la elegida para colocarla en la recién instaurada Iglesia. Esa es la orden dada por sus superiores. Sólo descansan lo necesario para no demorar el paso. La gente que los ve pasar se pregunta qué hacen esos hombres con esas cruces tan pesadas. En realidad, ellos están convencidos de su misión. Sólo uno de ellos, al que llaman Tomás, se cuestiona la razón de ser de estas pesadas moles. ¿Por qué llevar tres? Si únicamente hay lugar para una cruz ¿para qué llevar tres?, se pregunta para sus adentros el joven. Los peregrinos pasan por muchos lugares. Algunos pueblos son tan pobres que no tienen ni cómo comer ni abrigarse del frío que está por llegar. “¿Cuánto falta para llegar?”, pregunta Tomás a sus compañeros. “¡Calma! ¡Paciencia!”, contestan ellos. Y siguen avanzando cada día un poco más que el día anterior.

Un buen día cuando los tres se encuentran tomando un poco de fresco debajo de un árbol, un muchacho, como de 5 años, les dice asustado: “Por favor, señores ¿podrían ayudar a mi papá que se cayó en aquel hueco? Y yo soy muy pequeño para subirlo” Los hombres se miran y responden: “Niño, no podemos ayudarte porque debemos llevar estas cruces lo más rápido posible” Así se levantan y comienzan a caminar. De pronto, Tomás, abandona la cruz y se devuelve para ayudar al pequeño. Sus otros dos compañeros sólo marchan sin percatarse de su hermano. “Gracias señor por salvar a mi padre” le dice con ojos llorosos aquel campesinito. Tomás retoma el viaje. Tiene que acelerar el paso, con su pesada cruz en la espalda, para igualarse a sus acompañantes. A cada paso que da la cruz pesaba un poco más, o por lo menos, así lo hizo saber al grupo.

Otro día, los hombres cruzan un inmenso desierto cuando de repente, salida de la nada, les aparece una mujer vieja y dice: “Hermanos, ¿podrían ayudarme a recoger agua de aquel pozo? Necesito llevar agua a mi pueblo y dársela a mi esposo que está muy enfermo”. Uno de los caminadores le replica: “No podemos hacerlo mujer porque debemos llegar a un pueblo muy lejano para entregar estas cruces para su iglesia”, diciendo esto se marchan. La dama queda muy compungida. Sin embargo, Tomás contraviniendo la orden impuesta por sus superiores recogió agua suficiente para todo un poblado. La señora lloró de agradecimiento. El peregrino apura el paso para unirse a la peregrinación.

Y siguen con sus cruces. Siempre en silencio. Se acerca la noche y deben encontrar un lugar para dormir. Ven a lo lejos una especie de casa abandonada y van directo hacia allá. El sitio no está mal como para pasar la noche. Allí hay dos camas en las que se instalan sus hermanos; a Tomás le toca dormir en el suelo. Cuando ya se disponían a dormir, el joven peregrino comenta: “Yo creo que mi cruz es más pesada que la de ustedes. Cada vez que camino, mi cruz se pone más pesada” Se hace un silencio hasta que uno de ellos le responde: “Está bien. Escoge mi cruz. Ya que dices que la tuya es más pesada que las nuestras tienes la oportunidad de cambiarla” Al día siguiente Tomás tiene otra cruz.

Mientras van por un camino lleno de piedras y árboles espinosos, les aparece un hombre ensangrentado que cae y suplicante dice: “¡Señores!” Por favor, ayúdenme. Unos asaltantes me salieron al paso y se llevaron todo lo que tenía. Yo me opuse y me golpearon. Pensé que iba a morir cuando ustedes llegaron como tres ángeles y los hombres malos huyeron” Los tres se miran y uno de ellos le contesta: “No podemos hacerlo hombre porque debemos llegar a un pueblo muy lejano para entregar estas cruces para su iglesia” “Además, no sabemos si lo que dices es la verdad”, completa el otro. Y así sin más ni más, se alejan. En esta ocasión, el joven peregrino socorre al hombre y entrega las únicas monedas que le quedan para que regrese, entonces el herido pregunta que cuál es su nombre, él responde: “Me llamo Tomás” Fue cuando el hombre contesta: “Tú serás el elegido” Tomás queda un poco extrañado con esas palabras, pero decide partir de inmediato para no perderle el paso a sus hermanos.
Por fin, vislumbran a lo lejos el pueblo escogido. Tomás siente que su cruz es más pesada que la que él tenía. No logra comprender. Si él la cambió por otra, ¿por qué sigue tan pesada? Y mientras ese pensamiento navega por su mente llegan a la Iglesia del pueblo de la que sale un hombre delgado con ojos bondadosos. Los peregrinos caen de rodillas, exhaustos por el esfuerzo de caminar tantos días. “¡Señor!. Aquí te hemos traído estas cruces para que simbolice la fe y el amor por sus semejantes” dice el hermano de más edad. “Mi cruz es hermosa y es la mejor pulida” acota. Fue entonces cuando el otro responde: “No señor. Usted debe escoger la mía porque es la que tiene más calidad y es más fácil de transportar” Tomás inocente dice: “Pero tú cambiaste tu cruz por la mía” El hermano sonríe. “Eso no pasó Tomás porque cuando te dormiste yo volví a ponerte tu misma cruz. ¿Cómo pensaste que iba a escoger una tan pesada? La cruz que tienes es la misma de siempre” El joven caminante no puede creer lo que oye. Lo engañaron. Sus hermanos le mintieron. “¿Y tú joven Tomás, pregunta el hombre de la puerta, piensas que tu cruz es la mejor?” El contesta: “¡No! Mi cruz no merece estar en la Iglesia de nuestro Señor. Es demasiado pesada para levantarla además de que se puede caer y lastimar a la gente” En ese momento, el señor delgado de la puerta de la Iglesia comienza a arrojar una hermosa luz alrededor de su cuerpo. Los peregrinos se asombran de lo que ven. El hombre parado frente a ellos es Jesús. Los tres hombres caen de rodillas. “Yo escojo la cruz de Tomás para mi Iglesia. Yo les aparecí tres veces durante su camino. Primero fui un niño de 5 años que pedía ayuda para salvar a su padre y sólo Tomás me socorrió, luego, me transformé en una vieja que les solicitó agua para su esposo y sólo Tomás me socorrió, y por último aparecí como un hombre herido y de nuevo sólo Tomás me socorrió. Tu cruz es la más pesada porque ese el peso de la responsabilidad de ayudar a sus semejantes”

Y desde ese día la cruz que llevó Tomás está en la Iglesia del pueblo.

Caracas, 04 de Junio de 2011.

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