La historia del niño amerindio



por Bruno Mateo
Obra: Alí corazón de selva
Autor: Cruz Noguera
Grupo: Cuenta peregrino
Fecha: 25.10.2009
Lugar: TEATREX. El Hatillo. Gran Caracas
“Atravesando el Orinoco llegaré / al otro lado de la selva está la gran ciudad...” dice una de las canciones de la obra para niñ@s “ALÍ, CORAZÓN DE SELVA” de Cruz Noguera y música original de Juan Carlos Aleixandre, la cual presencié el domingo 25 de octubre de 2009 alas 2.30 pm en la sala del TEATREX del Centro Comercial el Hatillo, ubicado en la Gran Caracas.
Empiezo esta crónica- crítica reconociendo que me cuesta ir a esa sala, porque los caraqueños aún tenemos en el pensamiento al Hatillo como un lugar para alejarse de la ciudad; sin embargo, venciendo esta imagen, fui a ver este montaje. ¡Excelente decisión! La obra para niños del grupo CUENTA PEREGRINO se aleja totalmente de los montajes infantiles con estética de los años 80 (plumas, maquillaje, canciones, lentejuelas) y se adentra en una temática, que para muchos y muchas, no deberían pertenecer a la infancia. El texto habla de la lucha entre lo autóctono (aborigen) y la “civilización”. Este tópico no es extraño en nuestra imaginería escritural venezolana, verbigracia, la magnífica novela DOÑA BÁRBARA (1929) del venezolano Rómulo Gallegos, y así, podría hacer una ristra de títulos inherentes a la problemática. No es el punto. Aquí en “ALÍ, CORAZÓN DE SELVA” se muestra a través del niño aborigen (Alí) la inocencia o, mejor, la pureza de la selva amazónica en contraste con la devastadora presencia de la mala manipulación de la tecnología en beneficio de unos pocos en detrimento del ambiente y de nuestra cultura ancestral.
A pesar de que la sala, realmente, estaba casi vacía, pude observar cómo los niños reaccionaban frente al hecho teatral poco ortodoxo para las salas privadas, quienes nos tienen acostumbrados a mostrar historias alejadísimas de nuestra realidad. ¡Bravo al TEATREX por ello! Los chamit@s (venezolanismo que significa niños) atrapados por las desventuras de Alí, personificado por el actor infantil Steven Dávila, no dejaban de participar dentro de las acciones de la puesta.
Por cierto, en cuanto a la puesta en escena realizada por Cruz Noguera puedo decir que estuvo acorde con los distintos momentos del texto. Los elementos escénicos fueron los mínimos necesarios. Tal vez, y esto es una sugerencia, ¡Jamás! Un atentado sobre algo ya creado, se deberían cuidar un poco más la utilería en cuanto a los colores y al acabado. La dirección del trabajo fue llevado con la típica estructura de la poética Aristotélica del drama. Un poco pensando la logicidad que nosotros los adultos creemos tienen nuestros niños, y por ende, imponemos.
Yo me senté en la primera fila, o sea al frente de “la corbata” del escenario. Justo al lado de un caballero que grababa la obra, a pesar del aviso de: ¡Prohibido tomar fotos y grabaciones! Me doy cuenta de que la “viveza” criolla es algo cultural. Toda la historia se centra en la búsqueda por parte de Alí hacia su padre, quien al parecer se había quedado en la capital (Caracas). Cosa que resultó ser falsa. El padre de Alí fue secuestrado por “El Señor”, dueño de una empresa que comercializa con los secretos de la medicina tradicional indígena. El padre de Alí es el Piache de la etnia. Al final, como toda historia ficcional para niños, liberan al padre de Alí y ambos regresan a su selva querida.
La obra respeta las tradicionales estrategias de un montaje teatral infantil. Piruetas, carreras, canciones, juegos. Lo que sí es importante hacer notar es el tema que desarrollan en la puesta. Un tópico ajeno al teatro para niñas y niños en Caracas. Desde hace mucho tiempo no se utilizaba en las producciones infantiles elementos propios de nuestro gentilicio amerindio. En realidad, no recuerdo la ultima puesta referida a la temática indigenista. El grupo CUENTA PEREGRINO se arriesgó a presentar en una sala enteramente comercial (sala que produzca dinero. No implica mala calidad) algo que pareciera ser su antitesis. Lo hizo y lo logró con un buen pie.

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