jueves, 10 de septiembre de 2009

Masacre en el liceo Sanz de Maturín


por Carlos Ortiz


A Rómulo Betancourt nos habituamos a mentarlo como “el padre de la Democracia” , lo que a muchas personas les destroza el alma, pues saben que ese hombre fue el responsable de la inauguración de una guerra de exterminio cuyas atrocidades han permanecido ocultas para la mayoría de la población. Pero “los hechos son testarudos” y la verdad se abre paso, esta vez en la memoria de Alberto Millán y a José Rafael Guerra, dos jóvenes linchados por las bandas armadas de Acción Democrática el 4 de mayo de 1962 en el liceo José Sanz de Maturín.

En Carúpano estallaba una rebelión cívico-militar contra el gobierno de Betancourt, y Alberto y José se citaron para organizar protestas contra la feroz represión que se desataba en el Oriente del país. Lo que no sabían era que el liceo iba a ser tomado por las bandas armadas de AD, que tenía su sede al lado del plantel.

En camiones originalmente destinados a la “reforma agraria”, campesinos embriagados y provistos con machetes, grilletes, cabillas y armas de fuego, fueron movilizados para poner orden en la ciudad. En horas de la tarde asaltaron el liceo y le propinaron una paliza a todo el que se atravesó en su camino, a Alberto y José los acorralaron en un laboratorio y los fueron reduciendo a golpes. Sus cuerpos quedaron destrozados, la carne literalmente desgarrada por la furia de los criminales que, según testigos, seguían órdenes de un dirigente, que gritaba “plomo, plomo échenles plomo”, llamado Antonio Alfaro Ucero, hermano de Luis, quien ya era jefe de la jauría monaguenese. Armando Sánchez Bueno era el gobernador, todos ellos fueron honrados por Betancourt y premiados con vidas felices. Un tal Cumare Navas fue fiscal de la causa y absolvió a unos policías implicados en el asesinato. Su diligencia le valió que luego le fuera entregado el expediente del crimen de Alberto Lovera. Pero ahora, la diputada Marelis Díaz ha anunciado que se reabrirá el caso. Tal vez la gente pueda por fin llamar a Betancourt y sus secuaces con el nombre que la historia reserva para los criminales.

Tomado de: “Crónicas de la IV”. Correo del Orinoco. Pág. 24. No. 11. Año 1. Fecha: miércoles 9. 9.2009 Caracas. Venezuela