Las cartas secretas de Gabriela Mistral

La correspondencia entre la poeta chilena y la neoyorquina Doris Dana iniciada en 1948, es recopilada en el libro Niña errante. Las cartas cuentan una intensa historia de amor entre la Premio Nobel y una joven 31 años más que ella, quien se convertiría en su viuda literaria. 2009-09-19•










Gabriela Mistral con Doris Dana en Chichén Itzá, en noviembre de 1948. Foto: Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile


Tras permanecer medio siglo en Estados Unidos, los papeles de la primera Premio Nobel de América Latina comienzan a develar sus secretos. Tras la muerte de Doris Dana, última compañera y heredera de la poeta chilena, los documentos fueron donados a la Biblioteca Nacional de Chile hace dos años. Bajo el título Niña errante acaba de publicarse la correspondencia que ambas mantuvieron durante su relación de casi una década. Y se anuncia más: pronto seguirá un volumen de cartas entre Mistral y su compañera mexicana: la profesora y diplomática Palma Guillén. Las cartas constituían el eslabón perdido para las investigadoras que han intentado reconstruir la vida de la poeta, educadora y diplomática chilena.La relación entre Mistral y Doris Dana se inicia por vía escrita en 1948. Es la joven estadunidense —que en ese entonces tenía 28 años— quien se acerca a la poeta tres décadas mayor que ella y ya consagrada con el Premio Nobel. Le escribe a su residencia en Santa Bárbara, California. La excusa es la publicación de un volumen en torno a Thomas Mann que incluye una traducción hecha por Dana de un texto de la poeta chilena. El tono es de respeto, casi de veneración:Mi querida Maestra: Me he tomado la libertad de mandarle, a nombre de la New Directions Press, el ejemplar destinado para usted de “The Stature of Thomas Mann”.De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos.En una época acribillada de comercialismo, un volumen como éste es digno de tal gracia y dignidad.Le escribo esta carta para expresarle, dentro de sus límites, la profunda gratitud que siento por el alto privilegio de haber traducido al inglés su ensayo poderoso y fuerte, “El otro desastre alemán”Dana, joven guapa y delgada, a quien comparaban con Katharine Hepburn, provenía de una familia aristocrática. Su bisabuelo había sido editor de un diario financiero y erigió la fortuna familiar. Se declaraba tímida, pero a la luz de sus cartas no parece serlo. Ella es quien toma la iniciativa y no escatima esfuerzos para conocer a su “maestra”. Le ofrece hacer de contacto para presentarle a Mann y hasta llevarla en su automóvil a México, donde la poeta tenía compromisos que cumplir. Las cartas van cambiando. A los pocos meses, Dana le escribe: “pienso mucho en ud, en lo grande y tierna que es”. Hasta que logra conocerla y desde entonces se separaron sólo por los intervalos de las idas y venidas de Dana a México e Italia —donde se encontraba Mistral en misión de servicios—, hasta que se instalaron en los alrededores de Nueva York hasta la muerte de Mistral en 1957.

***El volumen sólo incluye una veintena de cartas escritas por Doris Dana y más de doscientas de Mistral. Ambas hablan de una atracción a primera vista. A lo largo de la correspondencia se va configurando una relación apasionada, capaz por momentos de obsesionar a la poeta.A menos de un año de iniciada la correspondencia, Mistral la trata de “amor”, identificándose a ratos a sí misma con el género masculino. A ratos desesperada por la conducta evasiva de Dana, quien solía irse por largas temporadas a Nueva York, ciudad en la que estaba radicada, a veces sin dejar dirección ni dar noticia.El 14 de abril de 1949 Mistral le escribía:Amor: te decía en mi carta de hoy 14 que llevo varias noches de mal dormir. Duermo de dos o tres de la mañana y hasta las siete. Pero quiero volver a hablarte hoy. (Te acabo de poner un telegrama. No quisieron recibir el pago de la respuesta estos palurdos.)Yo no entiendo nada de lo ocurrido, mi amor. Sólo sospecho que mi carta sobre los Artasánchez te ha hecho sufrir mucho. Y que o eso o el avión te ha causado un daño del corazón.¡Qué estúpido ha sido el que más te quiere, Doris mía! ¡Perdóname, vida mía, perdóname! ¡No lo haré más! Y tú guardarás el control de ti, y haz fe en tu pobrecillo, que es un ser torpe, vehemente y envenenado por su complejo de inferioridad (el de la edad).Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti.

Dana le escribe poco después en su difícil castellano. Está en Nueva York, alojada cerca del edificio del Barnard College en Columbia, donde la vio por primera vez en 1946 sin atreverse a hablarle. Aquella conferencia, le confiesa, nunca la podrá olvidar:Cuando veo el color de verde de la primavera, pienso “esto es especial, es sacrado para mí”, esto color, porque quizás en esto momento mi amor ve el mismo color —y quizás ella siente las mismas emociones inexplicables, inefables y misteriosas— en esto momento. Yo veo una flor, y recuerdo de unas flores que tú me has dado, sin palabras, en nuestro coche, en San Juan de Cocomatepec. Y súbitamente, con esto recuerdo, toda […] es una flor, ofrecido, dado por tu mano. Veo el cielo, recuerdo millones de cielos sobre la cabeza más querida en el mundo. Y pienso “este mismo cielo toca a la cabeza de mi querida”, y yo mando a ti un beso, un toque tierno y pasionado por los nubes que pasan, que tal vez van a verte pronto en […]. Y tengo celos de estos nubes que pueden verte más pronto que yo. Y el viento —el viento me abraza— y yo ruego al viento “abraza a ella para mí, haga que ella que es mi abrazo, tierno, y pasionado”. Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, pueden abrazarte y besarte para mí.

***Las cartas eran esperadas por investigadoras como Licia Fiol-Matta, quien publicó hace siete años el libro A Queer mother for the nation (Una madre rara para la nación), que aún no se ha publicado en español. “Es trágico que al parecer —escribe— cierta cantidad de sus cartas más significativas fueron destruidas, intencionadamente o por negligencia. Un especialista inmediatamente nota agujeros en la correspondencia de Mistral que no ha sido publicada: hay muy poco disponible, por ejemplo, que dé cuenta de sus amigas más cercanas”.En el libro afirma que Mistral se autoconstruyó la imagen de poeta, profesora y madre de la nación de alguna forma como estrategia publicitaria, que le permitieron mantener siempre algún trabajo en el aparato del Estado, primero como maestra, más tarde como cónsul.A los 33 años y tras haber desempeñado diversos cargos en el sistema educativo —sin que ella misma hubiera terminado su educación—, partió a México invitada por el gobierno de Vasconcelos para participar en la creación de escuelas rurales. Viaje en que la recibe Palma Guillén, encargada de asistirla en su trabajo y que posteriormente se convertiría en su compañera y luego amiga para toda la vida. Fiol-Matta califica en su libro la estadía en México de “crucial para su carrera de escritora, ya que la dotó de un perfil internacional”.La investigadora de la UAM Iztapalapa, Gabriela Cano, dejó inconcluso un proyecto biográfico sobre Palma Guillén ante la frustración de no encontrar la correspondencia entre ambas mujeres, llegando incluso a dudar de que quedara algún rastro. Los papeles de Mistral revelan que Juan Miguel Godoy, alias Yin Yin, era su sobrino adoptivo cuya tutoría compartió con la educadora y diplomática mexicana Palma Guillén. Ambas vivieron juntas un periodo, pero luego Guillén debe asumir sus propias funciones como embajadora en distintos lugares del mundo y contrae matrimonio con Luis Nicolau D’Olwer en 1946.
Dana y Mistral se conocieron en 1948.

Foto: Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile
El retrato de Mistral se completa a través de su correspondencia con Dana. Es una persona cariñosa y demandante, que solicita favores y servicios de parte de quienes la rodean, principalmente mujeres. La actitud se repite durante toda su vida y Doris no es la excepción. Siempre le está recordando que no volverá a dejarla relegada a lo doméstico, en desmedro del propio trabajo creativo de la joven escritora. “No volveré a dejarte entregada al gobierno de nuestra mera comida. Te lo juro” (septiembre, 1952).***Pedro Pablo Zegers, jefe del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile, tuvo la misión de catalogar los papeles antes de que viajaran desde Estados Unidos y acaba de publicar el libro de cartas, del cual es compilador. Su visión ha cambiado en un plazo corto de tiempo.
En entrevista con el diario La Nación en 1997 afirmaba que Dana y Mistral “terminan convirtiéndose en grandes amigas. A mí no me interesa el lesbianismo de Gabriela, pero tampoco creo que exista. Además, que no soy partidario de meterme en las sábanas de nadie”.Pero la poeta sigue siendo foco de interés, no sólo por su obra, sino por los secretos y ambigüedades de su vida. Tras su muerte fue elevada en su país al rango de mito nacional, un mito por cierto asexuado. Sin embargo, la apertura de los nuevos archivos viene a desmoronar la imagen conservadora de la maestra rural infeliz en amores y frustrada en su deseo de ser madre. Imagen hasta hace poco difundida desde la educación chilena.Cincuenta años después de su muerte, Mistral sigue generando un deseo de saber y la aparición del libro Niña errante se enmarca en este contexto. Su publicación parece un tanto apresurada y guiada por la ansiedad de convertirse pronto un fenómeno de ventas. (A los dos días de publicado, el libro figuraba como segundo en elranking de Chile.) Se advierten errores de tipeo y algunas cartas se repiten —más allá de la obsesión mistraliana y los estragos de la arteriosclerosis que la propia poeta reconoce en sus cartas: “Sólo ahorita me dice Gilda que te he escrito ayer. Ya no lo recordaba” (noviembre, 1952). Otras cartas quedan inconclusas, señal de que pueden no haber sido nunca enviadas y de que quizás faltó tiempo para un trabajo de lectura, investigación y edición más acuciosas.

***Las actitudes de la escurridiza Doris sólo se leen a través de las cartas de Mistral, ya que de su compañera se incluye apenas un puñado de misivas. La sobrina y heredera de Dana, Doris Atkinson, recalca que su tía no autorizó a nadie a censurar materiales, por lo que habría que asumir que la propia Dana las hizo desaparecer antes de morir, quizás para resguardar su imagen.Atkinson aceptó escribir el epílogo al libro Niña errante para intentar recomponer la compleja personalidad de su tía. Una mujer muy reservada con su vida, a pesar de lo cual le relató aquel primer encuentro con Mistral, que nunca podría olvidar. “La había escuchado dos años antes en Barnard College y no pudo ni siquiera saludarla por la emoción cuando la encontró en el ascensor. Después le escribió una carta sin esperar respuesta, pero Gabriela respondió. Estaba buscando alguien para ir a México y mi tía era joven y quería aventuras y dijo voy”, dice Doris Atkinson en entrevista con Milenio.Lo que nunca contó Dana a su sobrina y heredera fue que debió luchar contra el síndrome maniaco depresivo y estuvo al cuidado de varios psiquiatras en distintos momentos de su vida. Los problemas con el alcohol sí los asumía más abiertamente. “No te aturdas con alcohol, ¡por favor! Mi padre comenzó como tú y acabó en un estado espantoso y repugnante”, le escribe Mistral desde Italia, también en 1952.Mistral estaba en conocimiento de sus problemas de salud y fluctuaciones anímicas, al menos así queda de manifiesto en sus cartas: “cuidado con el psicoanálisis: ha hecho mal a mucha gente doblándoles la nerviosidad, la neurastenia”.También le daba consejos a la joven escritora, se queja de que no le muestre sus cuentos, le dice que se organice y la acusa de su “falta de confianza”. Dana había trabajado brevemente como profesora de escritura creativa y posteriormente escribió relatos cortos que nunca se publicaron y guiones para televisión. “No puedo imaginar cómo sería para una joven escritora no muy estable estar en el presente de aquella increíblemente famosa escritora —dice su sobrina—, cómo habrá sido de duro seguir trabajando en su propia escritura. Yo estaría intimidada”.

En el epílogo intenta dar a conocer al público lector las delicadas circunstancias con las que debió lidiar su tía, para explicar en parte las recriminaciones y quejas de Mistral por sus repentinas desapariciones. Ausencias que la poeta intentaba sortear tendiendo una compleja cuerda: la del apoyo económico, que al parece Dana nunca solicita.“El invierno comienza y tú debes darme un cálculo aproximado de lo que necesitas para comprarte ropa y regresar. Recuerda que no retengo nunca las cifras, las cantidades. Y recuerda cada vez que tengas una tentación de comprar algo, que nuestra cuenta está allá mismo, en tu Nueva York, y que puedes y debes girar para esos gastos. Yo debo repetirte siempre esto porque parece que no lo supieses”, le escribe desde Italia en 1952. El tema del dinero está siempre presente en las cartas de Mistral, quien le ofrece pagar por los gastos médicos, ropa y viaje ocasionados por la relación con ella, incluso en un momento le ofrecer trabajo ayudándole con sus papeles. “No sé si realmente hizo un trabajo para ella, lo único que sé es que le molestaba que la llamaran secretaria, porque no era ésa la relación y además en inglés es peyorativo”, dice Atkinson.En las cartas de 1952 Mistral también le habla a su compañera sobre su trabajo en el Poema de Chile (libro que se publicó póstumo), de cómo está escribiendo de animales y plantas de su país natal, y de preocupaciones políticas de las que depende su cargo: era cónsul vitalicia. Como se da cuenta de que Dana no podrá quedarse lejos de Nueva York por mucho rato, la poeta tiene un plan para pasar con ella los últimos años: con los ahorros en la cuenta de ambas —alimentada sólo por Mistral— le pide compre casa en inmediaciones de Nueva York. Pero la respuesta tarda mucho. “Es una triste cosa, Doris Dana, hablar a través del mar, a una niña que no escucha y que se hace la sorda”.

Finalmente la niña sorda, o “animalito errante” como la llama en otra de sus cartas, escucha y compra casa en Long Island, Nueva York, rodeada de árboles y cerca del mar. Tras la muerte de Mistral en 1957, Dana se convierte en celosa heredera de los papeles. Aun así consentirá en microfilmar materiales como cartas y libros inéditos que dejan tranquilos por años a los investigadores. A otros no. Dana se guarda el material más preciado, con el cual pretendía escribir una biografía que nunca pudo realizar.Elisa Montesinos / Nueva York

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