La Casa Nacional de las Letras Andrés Bello


Hoy martes 06 de noviembre he pasado un medio día diferente. Me acerqué a las lecturas de algunos cuentos o extractos de cuentos y novelas llevados a cabo por algunos narradores en la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, tales como el cubano Senel Paz, Carlos Noguera, Rodrigo Blanco, Gisela Kozak Rovero y que se encuentra ubicada entre el Ministerio de Educación y la Iglesia de Las Mercedes, subiendo por el Banco Central de Venezuela. Allí compré un texto cuyo título es "Mentalidades, discurso y espacio en la Caracas de finales de siglo XX" de Humberto Jaimes Quero. Al comenzar el conversatorio con media hora de retraso, la chica encargada de la logística del Evento me regaló un bolso de yute color crema con el slogan publicitario (el que ven en la imagen de la izquierda) . El Salón en el que nos ubicaron es relativamente grande y lleno de sillas que buscan un estilo clásico y forradas de color rojo. No es por el color del partido político del Presidente actual. Es casualidad o responde a una estética de una fecha específica. Al frente del grupo de sillas hay una larga mesa donde se sentaron los leedores narradores, justo detrás, en una enorme pared blanca está guindado un retrato de Andrés Bello. Su cara me observa. yo lo observo a él. ¡Cómo me gustaría hablar con este insigne venezolano! Sus ojos recorren cada rincón del salón y escruta con su mirada acuciosa a cada persona sentada. Por unos momentos me pierdo en la melancolía bellista. De repente vuelvo a la realidad, mi querida profesora Gisela Kozak me saluda y luego mi ex compañera de trabajo y estudios Jeany Rolland. Vuelvo en mi. Siempre tengo el poder de entrar en huecos de la imaginación. El grupo de gentes que concurrió a las narraciones son de variados colores y sabores. Hay quienes son de color gris. Ellos desaparecen y aparecen cuando nuestra retina los percibe como imágenes. El aire acondicionado lleno de aire mis debilitados pulmones. En la misma fila en que me encontraba había sentado un señor afrodescendiente, el vendedor de la librería con el cual cruce algunas palabras irónicas acerca de los presentes. Es un hombre que exuda sencillez. No hablamos más. Hay una chica vestida o "disfrazada" de Letras. Hay gentes que se disfrazan de Letras. Por lo general utilizan falda o saya holgada de un material como de tela de seda. Es un estilo indio de la India. Su color nunca es rojo, ni amarillo escándalo, ni anaranjando. La tonalidad las lleva a una paz budista. Y pensar que esa nación posee tantos problemas por las discriminaciones sociales. Sus tetas son recubiertas por camisetas que juegan con el color de la falda. Sus manos y muñecas cubiertas de toda clase de pulseras, anillos para la buena fortuna. Muchas de ellas usan bufandas, así haga un calor del demonio. Quizás se coloquen un sombrerito al estilo de los años `20. Su alter ego, por lo general es la escritora Teresa de la Parra. Nunca puede faltar en su rostro unos lentes estrafalarios. He allí el adminísculo preferido de las mujeres burguesas de Letras. En este Evento las muchachas brotaron de esas páginas escritas de la imaginación. Claro que hay las llamadas hipposas, pero de ellas no hablo porque no habían. Aparte que tienen otra manera de manifestarse, al igual que las guerrilleras que utilizan la Literaura como armas de liberación.
Pero regreso a mi momento de solaz: las tres lecturas de extractos de relatos y de novelas (la única fue la de Carlos Noguera) la cual considero, en base a lo que oi, fastidiosa. el chico Rodrigo Blanco y Gisela Kozak Rovero leyeron unas historias violentas de nuestra contemporaneidad; según lo acotado por ellos, esos fueron hechos reales, lo que me hace reflexionar acerca de la hibridez de los géneros literarios. Las crónicas casi policiales se convierten en Literatura o será lo contrario. Con eso me vine a mi casa. El cubano leyó un pedazo de narración de una novela que trata sobre la realidad entre los chicos de la provincia de Cuba y la gente de la capital la Habana. Esta resultó muy graciosa y costumbrista. Quedé con las ganas de leerla.
El conversatorio finalizó dos horas más tarde. No hubo casi preguntas. Sólo una señora que expuso lo que pensaba sobre la relación entre la Literatura y la Política; ella acotó que no se deben mezclar ambos pensamientos. No estoy de acuerdo. La política es la Poleis y es el lugar en el cual vivimos casi todas las personas, por ello es imposible no tocar nada tendente a una decisión que repercuta en los demás y en si mismo.
El encuentro con los narradores demuestra que las Letras dibujan y prefiguran una realidad o puede ser que la realidad se convierta en una ciudad escrita.

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