Ciudad Universitaria


Andar despacio por las instalaciones de la ciudad universitaria es entrar en contacto con un imaginario diferente a la propia ciudad de Caracas. Si caminas por los caminos que están detrás de la facultad de humanidades y educación en dirección a la Tierra de Nadie en el Aula Magna, sientes una paz muy verde. Es una experiencia ecológica y apacible. Se puede observar el cerro más o verde forestado que da directamente a la plaza del Rectorado. Gente tumbada en la grama sin hacer nada o tal vez si están haciendo. Algunos con su moda del capoeira, otros fumando marihuana alegando que ésta no hace daño al organismo, otros con masas, zancos, aros, haciendo maromas que aún no se perfilan como profesionales. La UCV es una ciudad en su totalidad. Allí confluyen diferentes tendencias y pensamientos (hasta ahora). Grupos humanos de jóvenes y no tan jóvenes que se olvidan por unos instantes de la realidad que la rodea. El Sol de un atardecer en los predios y jardines de la UCV son inolvidables. Doy fe de ello. Soy egresado de las filas de la "casa que vence las sombras". El café que se toma en el edificio de Faces que se encuentra cerca del Aula Magna en realidad es muy malo, pero el ambiente, el clima y la armonía que allí se siente es incomparable. Los chaguaramos de la UCV son legendarios. Las guacamayas que vuelan en el cielo ucevista ya forman parte del imaginario universitario.


La ciudad universitaria necesita que la defiendan de los ataques epilépticos de fanáticos compulsivos de políticas radicales. La UCV es un espacio libre y así permanecerá.

Comentarios