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Carnaval sin fin



Original de Bruno Mateo.

No sé si soy yo o es la gente, pero no los conozco; antes, mucho antes sí los conocía, eran cercanos, nos reíamos, comíamos juntos, salíamos de día y noche en una especie de orgía de felicidad. Siempre creí que el tiempo se detendría en ese conticinio de alegrías y de juventud. Ahora los veo, ahora me veo y no sé ni dónde estoy. Es un cuadrado. Es un triángulo. Es un círculo. Sea lo que sea no soy yo, ¿o sí? ¿Cuánto ha pasado? ¿25 años? ¿27 años? Era muy joven para creerlo, pero si desde mis quince lo tengo, lo llevo conmigo y me ha querido joder, joder y joder. No lo dejaré, por ahora, sé que algún día vencerá y pensé que estaría rodeado de aquellos que ahora son espectros, espectros de un carnaval sin fin que se fueron ¿o se quedaron? Estoy y soy el reflejo de mis libros y de mi imaginario. ¿Tochito? ¿Tochito? Estás dentro de mí y siempre lo estarás en este espacio y en otros espacios. Todos se van, ¿son todos o son nadie? Da lo mismo. Tengo un calma pastosa en mi Ser en donde vuelo alto por encima del lodo y de las perlas. Hoy pegado a una máquina con el sonido que advierte que algo anda mal pienso e idealizo mi mundo pletórico de música, cundido de mí y de ti, nadie más cabe. Mis mandíbulas se mueven para destrozar el maní que cae en mi boca lo que me generará la albumina que necesito mientras mis dedos se mueven rápido en el teclado para no dejar escapar esa nube flotante de sensaciones. Vieja bruja. Nunca pudiste abrir tu corazón. Yo se lo abrí una vez y me apuñaló sin piedad, pero mi sangre es el acicate de ese dolor que me causó tu acción malinchista. Después de tanto tiempo perdono a ese joven quinceañero que sólo buscó amor. Te perdono y por siempre estarás dentro de mí.

Caracas, 29 de septiembre de 2016

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