El acompañante

Maria Teresa Haiek/Domingo Balducci

Por Bruno Mateo

 
El 6 de noviembre fallece Isaac Chocrón, uno de los dramaturgos de las llamada “vacas sagradas” del teatro venezolano dejando entre los venezolanos obras que nos hablan de microcosmos particulares tales como La revolución  (1971), La máxima felicidad (1975), Los navegaos (2006) y El acompañante (1978), ésta última dentro del II Festival de teatro organizado por Fundarte, producción de AMARCORTeatro en manos de Israel Blanco  con las actuaciones de María Teresa Haiek y Domingo Balducci y dirección de Daniel Mago, la cual se llevó a  cabo en la Sala Doris Wells. Casa del artista. Los días 26 y 27  de febrero de 2013

Del texto de “El acompañante” puedo decir que es un fascinante juego en donde Chocrón nos enseña la manera como escribe su propio texto, es lo que se llama en el lenguaje, función metalingüística, los personajes de Estela Ramírez y José Lara son epítomes de la dramaturgia “Chocroniana”, personajes cuyas vidas no son lo que aparentan, esconden las miserias de su existencia. Los diálogos almibarados de Estela ocultan, como sus vestidos, pelucas, pestañas y tetas postizas la cruel soledad de ella; al igual que  detrás de la  aparente castidad de José hay un monstruo que quiere morir para escapar de su propia realidad. En esa casa oscura con aire acondicionado central en Maracaibo pasa algo deliciosamente sórdido.
Los actores entran en contacto inmediatamente con el texto,  su manera de hablar nos hace olvidar que estamos viendo teatro. Pareciera que viéramos a través de un huequito de la pared lo que sucede allí adentro, incluso cuando nos hablan directamente para exponer sus circunstancias. Pasan de un estado de ánimo a otro, de una situación dramática a otra de forma sutil, trabajan muy bien con los elementos.  Es recomendable para quienes se forman en actuación. El diálogo de ambos personajes, acompasados por las más famosas arias operáticas y la voz de todos los tiempos María Callas, son extremadamente inteligentes. Denotan algo conciso, pero connotan lo contrario; es por ello que esta pieza requiere de dos actores que sepan leer entre líneas y María Teresa Haiek nos muestra su manejo de la técnica actoral  en esta pieza y Balducci logra en su interpretación imprimirle un lado ambiguo a “Lara” bastante singular. Ambos logran acertadamente sus personajes.

El montaje es una metáfora de la vida sinsentido, dos personajes que esconden algo, dos personajes solos en un mundo que parece no corresponderles. Una realidad que se necesita de un acompañante para vivirla.


@bruno_mateo

 

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