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Risas, drama y muchas sorpresas en la primera noche del Festival de Teatro “A una voz”

Foto: Pedro Portal

Risas, drama y muchas sorpresas en la primera noche del Festival de Teatro “A una voz”
Por Elvira de Las Casas.

El XI Festival Latinoamericano del Monólogo “A una voz” comenzó la noche del jueves en la sala de Havanafama, con la presentación de cinco monólogos con temas tan variados como el origen nacional de los actores que los representaron. Contrato firmado, Daisy la de Gatsby, Me moriría si te vas, Sola y Perdedor fueron las piezas interpretadas por Diana López, Carolina Larott, Lisandra Sánchez, Liliana Espeleta e Isaniel Rojas en la primera noche del Festival.

El primer monólogo fue Contrato firmado, escrito, dirigido e interpretado por la joven actriz peruana Diana López. Y destaco lo de “joven”, porque sorprende lo bien que pudo desempeñar esa triple labor una actriz que por su edad no puede tener una vasta experiencia en las tablas, y que sin embargo no solo salió airosa, sino que arrancó carcajadas del público con su talento natural para la comedia.

El texto es una sátira del mundo empresarial del espectáculo, en la que la dueña de una agencia de promoción de artistas se empeña en firmar un contrato con un actor novel, por una suma ridículamente alta, a cambio de obtenerle un papel en la televisión o en el cine y prometiéndole ganancias de un millón de dólares. Isaniel Rojas asume el papel del actor a quien ella trata de engañar, y a quien no permite emitir palabra mientras le promete el cielo en la tierra y de paso satiriza a las cadenas de televisión hispanas como “Univisión, Venevisión y todas las terminadas en sion”, así como a los demás medios de comunicación. La supuesta agente de actores termina ofreciéndole a su “víctima” un precio cada vez más bajo para que le firme el contrato, hasta que el inesperado desenlace es recibido por la risa y los aplausos del público. Un comienzo ligero y simpático para una noche en la que predominó el melodrama.

Daisy la de Gatsby, el monólogo escrito por la actriz colombiana Carolina Larott junto a la directora Ika Santamaría, presenta la historia de una mujer arribista para quien no tiene importancia alguna la apariencia ni la edad del hombre con el que decide compartir su vida: lo único que le importa es que tenga mucho, pero mucho dinero. La ligereza y aparente superficialidad con la que esta mujer asume su vida sentimental contrasta con el dramático final, de una belleza plástica impresionante. Como impresionante es también el desplazamiento de la actriz por la escena mientras dice el monólogo, lo que evidencia que tiene un profundo entrenamiento danzario o que al menos maneja su cuerpo a la perfección. Lamentablemente su expresión oral a veces no está a la misma altura de su expresión corporal, y por momentos no le imprime un énfasis suficiente a las frases que pronuncia, lo que hace que le falte pasión a lo que narra. Pero esto lo supera con creces en los momentos finales del monólogo.

La actriz cubana Lisandra Sánchez se luce en la pieza Me moriría si te vas, del dramaturgo francés Jean Cocteau con la dirección de Paut William. Lisandra domina la escena cuando pasa indistintamente de la rabia al arrepentimiento, de exigirle atención a su pareja a pedirle llorosa que no se vaya, en un comportamiento típico de la mujer abusada e incapaz de romper el ciclo de dependencia con el hombre abusador. El drama tiene un desenlace sorpresivo y devastador para el personaje que se libera del chantaje emocional del amante de la forma menos esperada.

Posiblemente interpretar el personaje de Sola, el monólogo a cargo de la venezolana Liliana Espeleta, bajo la dirección de Christian Ocón, fue uno de los restos actorales más difíciles de la noche. Se trata de una pieza escrita por el poeta mexicano Juan de Dios Peza en el año 1900, que consiste en versos estrictamente castizos y muy difíciles de decir para un actor de estos tiempos, en los que los versos no suelen estar encerrados en una estructura rimada tan rígida. Sin embargo, Liliana Espeleta pasa esta prueba de manera excelente, aunque por momentos se nota lo que le cuesta mantenerse ceñida a una forma literaria abandonada hace mucho por los escritores. Su actuación estuvo perfectamente ubicada en el romanticismo de la época en que se desarrolla la pieza, y esto, unido a la acertada escenografía y al vestuario, hicieron de esta puesta un espectáculo refinado y hermoso.

El cierre de la noche correspondió al actor venezolano Isaniel Rojas, quien se ganó la ovación del público con su interpretación de Perdedor, un monólogo escrito por el poeta, narrador y dramaturgo cubano José Abreu Felippe y dirigido por Juan Roca.

Si bien interpretar un monólogo resulta difícil para cualquier actor, que debe llenar él solo el escenario con su voz y con su cuerpo, mucho más difícil debe de resultar hacerlo cuando ese intérprete está literalmente desnudo. Pero Rojas cuenta a su favor con todos los elementos necesarios para cumplir esta arriesgada misión: un cuerpo impecable, una voz poderosa y un talento histriónico innegable que ha demostrado tanto en dramas como en comedias.

Perdedor, para comenzar, tiene un texto estructurado con maestría y alto nivel literario, que no por gusto su autor es uno de los más destacados del llamado Grupo del Mariel, formado por escritores que abandonaron Cuba en 1980 para exiliarse en los Estados Unidos. El monólogo describe la angustia de un hombre que ha llegado a los 65 años perseguido por el recuerdo de haber sido violado dos veces cuando era un adolescente, primero por una mujer y después por un hombre. Cuando hace un recuento de lo que ha vivido, descubre que, si bien ha podido superar la violación física, porque como él mismo dice, sus violadores se quedaron en Cuba, “se jodieron”, mientras que él rehizo su vida, no ha podido superar la “violación del alma”. Su alma, como la de todos los que han tenido que abandonar su país, se partió en dos, se desdobló en otro ambiente, en otra cultura, para poder sobrevivir.

El actor se mantiene físicamente desnudo durante todo el monólogo, aunque cuando comienza a interpretar al personaje en su etapa de madurez se cubre con una tela blanca semitransparente, que unas veces le sirve de manta y otras de capa, con una gran abertura por la que se asoma su cabeza y que recuerda la salida del útero materno. De ese útero emerge la trágica figura del actor-escritor cuando sus violaciones, las del alma, no las del cuerpo, lo conducen a un final dramático del que ni siquiera quiere escapar.

Sin embargo, no todo fue tragedia y melodrama en la primera noche de esta fiesta del teatro en Miami. El actor Jorge Ovies se encargó de entretener al público con su personaje del gago, popularizado en la obra Madrina, quítame esa sal de encima, y lo hizo reír con sus improvisaciones mientras preparaban el escenario entre un monólogo y otro.

Fue un buen comienzo, y el público ya está listo para la segunda noche, hoy viernes, a las 8:00 pm, en Havanafama, la sala ubicada en la 10 Avenida y la 7 Calle del Southwest, en Miami.

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