Teatro Títeres Tuqueque


Entrevista realizada a Elaine Méndez, Directora y Fundadora del Grupo de Teatro Títeres Tuqueque.
Caracas, 30 de Junio de 2011

Bruno Mateo: ¿Cuándo te encontraste con los títeres?
Elaine: En el Jardín de Infancia Teotiste de Gallegos se presentó, en 1973, Nariz de Chancleta y la maestra Orlandita. Eso me cautivó. Entonces, pasaban Sopotocientos en canal 5, un programa venezolano de muñecotes hermosísimos. Ya memorizaba el cancionero infantil popular y soñaba estar en uno de esos programas mientras cantaba con el cable de la pulidora de mi casa. Consuelo, mi mamá, me acompañaba. Ella fue mi primera maestra de los cuentos y de los títeres. Como muchas mamás, ella era una maga de las carantoñas, de las historias, de los juegos, de hacer hablar una muñeca para que una se tomara la sopa; de las tradiciones.

BM: ¿Esa fue tu época preescolar?
Elaine: Sí. Fue determinante para mi vocación de cuentacuentos, tiritera y actriz. Los del Teotiste y del Jesús María Bianco íbamos a actos en el Aula Magna de la UCV, a ver teatro y conciertos de agrupaciones venezolanas y de otros países. Disfrutamos a Morela Muñoz, entre otras grandes artistas.
Bajo la dirección del maestro Sergio Moreira nos presentábamos sobre las tablas del Aula Magna. Como yo era salía, más de una vez, cuando se iba a retrasar un acto, me dijo mi maestra: “Elaine, agarra este micrófono y anda a hablar un ratico”, y del lado del público fue pura risa.

BM: ¿Y en el liceo?
Elaine: Fracasé. Mi mamá vencía el cáncer. Mi hermana mayor batallaba conmigo. Ella decía a los camaradas del PCV que yo era una mentirosa. En la UCV, los comunistas me mandaron a cuidar por Luis Márquez Páez, director del Teatro Universitario.

BM:¿Qué pasó por tu mente?
Elaine: Me sentí grande, respetada; las loqueras que decía eran importantes. Tenía sentido a los catorce años. Juan Gris, una versión libre del TU, me hizo sentir protagonista. Una vez invité a una amiga, hija de Zobeida, la “Muñequera”, para que nos viera. Y se río de lo lindo cuando, después de esperarme toda la obra, me vio vestida de negro, rodando una cortina, sacando una cama, y yo, de lo más orgullosa. Creo que Márquez Páez, como un tal Makarenko, sabía lo que hacía. A él —quien no aparece ni en wikipedia, a pesar de tanta gente que formó en los barrios de Caracas—le debo gran parte de mi vida artística.

BM: ¿Vivías jugando?
Elaine: Sí. Escuché al maestro Dimas González que había dos tipos de personas del teatro. Unas que no jugaron en la infancia y se hicieron actores para hacerlo de grandes. Otras, que jugaron tanto, que eligieron el teatro para poder seguir. Soy de las últimas.

BM: ¿Cómo te iniciaste con la labor titiritera y cuentacuentos?
Elaine: Primero fue con el Chichón de Cuentos, bajo la dirección de Armando Carías y de Rubén Martínez. Luego me inicié en los títeres con otra que también hablaba sola con los muñecos, Dulce de Lechosa. En un festival internacional de teatro me conecté definitivamente con los títeres: hice talleres, títeres por mi cuenta, a la carta (para comer ahí, para llevar), para dormir, para despertar; estudié, me aplazaron, me gradué. Hice trabajo voluntario, sin pago en el Teatro Naku, donde aprendí, sobre todo, a hacer a mano los sueños de titiriteros.

BM: ¿Cuándo creas Títeres Tuqueque?
Elaine: A mi retiro de Naku. En esa escuela había pasado cinco años construyendo títeres y funciones junto a Sonia González y a un equipo de gente muy valiosa que andan todavía haciendo de las suyas.

BM: ¿A qué público va dirigido tu trabajo?
Elaine: A titirimundachi. Aún no hacemos obras para adultos, por eso estos quieren ocupar primera fila en la función que preparamos para niñas y niños, y hay que pedirles que se sienten hacia atrás, porque son muy altos (o altas). Sin embargo, creo que tocamos más a los que están comenzando a jugar y a quienes están al final de la vida.

BM: ¿Prefieres el trabajo con muñecos que la actuación tradicional?
Elaine: Siento un profundo respeto por los actores y las actrices que estudian y trabajan en el escenario. Pero lo que hace un títere no puede hacerlo un actor. Los títeres pueden estrellar sus cabezas en el piso para expresar un sentimiento, abrir piernas y brazos en el aire, y levitar. El efecto de un muñeco, bien manipulado y bien interpretado, es fascinante. La magia la completa el público con el que nos topamos. Actores y títeres son hermanos, y cada quien tiene su magia, y pueden combinarse. De todas formas el títere es “el mejor representante del hombre en la tierra”, como escuché decir a Carlos Tovar, de Kinimarí.

BM: ¿Crees que los títeres tengan una función?
Elaine: Ninguna. Los títeres, como todo arte, no sirven para nada. Aunque los titiriteros estemos convencidos de que podemos cambiar el mundo.

BM: Cuéntame un día de trabajo del Tuqueque.
Elaine: El tiempo más largo y más difícil al que nos dedicamos es a la construcción de un taller, de telas, madera, pegas, teatrinos. Es trabajoso porque es económicamente duro. Cada vez que nos llegan las responsabilidades del alquiler, de servicios y actores y etcétera, respondemos con disciplina y coraje.

Para más información, visita:
Teatro de Títeres Tuqueque (en Facebook) o a teatrodetiterestuqueque.blogspot.com

Comentarios