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Pui Pui





por Bruno Mateo

Cuentan que hace tiempo por allá en un continente llamado América vive un grupo de personas buenas. Su piel era de color rojizo semejante al onoto. Son hombres y mujeres de corazón puro. Altos de estatura. Sus cuerpos alargados parecen columnas lanzadas hacia el cielo. Ellos tienen el don de hablar con los animales, las plantas, el viento, las rocas, los ríos. Ellos son hijos de la Pachamama, la hermosa Diosa naturaleza. Su reino no era de este mundo. Se dice que ella habita en una tierra fértil llena de árboles de hojas amarillas y también los había de hojas verdes, los cuales arrojan frutos de pulpa dulcísima. La Pachamama duerme en camas colgadas entre troncos. Ningún ser humano ha pisado sus dominios. Sus hermanos y hermanas son seres emplumados de pies a cabeza, sus plumas multicolores destellan reflejos de luz. Tienen la habilidad de hablar cualquier lengua. Dicen algunos, que el hogar de la Diosa se ubica al centro de un inmenso lago con forma de ojo. Los hombres y mujeres la veneran como protectora del mundo. Sus tierras son pletóricas de verdura a lo ancho y largo del espacio. El cielo es límpido como el primer suspiro aparecido en el tiempo. Los hombres comparten todo. No hay algo de alguien. Nada es de todos. Algo es de nadie. Así es América. Un territorio libre de mezquindades.
Las noches encierran sonidos de viento y ululaciones de paz. Los animales y plantas salen a pasear. Los árboles, cuando los hombres y mujeres, duermen, arrancan sus raíces de la tierra y caminan. Los jaguares con sus pantalones y camisas amarillas con motas negras, se jactan de su felina belleza, los olores a piña se elevan por el espacio. Las pretenciosas flores se acercan a orillas del río para verse reflejadas en el espejo de agua.
Por cierto, precisamente hace mucho tiempo, ahora que recuerdo… ¡Sí!... Recuerdo lo que me contó la Pachamama. ¡Ah! Perdón. Yo conocí a La Pachamama hace bastantes años atrás, cuando “la rana echó pelos”, esa es una hermosa historia que después les relataré. Lo que quiero es echarles el cuento acerca de la joven humana llamado Pui Pui, quien fue bendecida por los Dioses naturales. Ellos, al momento de su nacimiento y en agradecimiento a su madre Yara quien protegió a los árboles, animales, hombres y mujeres en tiempos de la venida de los hombres blancos y barbudos, le otorgaron una belleza única. La niña Pui Pui fue privilegiada. Ella es fuerte, alta y orgullosa, su piel onotada brillaba aún más bajo los rayos del sol. A medida que crecía, iba cosechando triunfos, lo que permitió que rápidamente se convirtiera en la princesa de su comunidad. Pui Pui sólo tenía un defecto: Ella creía que era la más hermosa e inteligente de su gente. Tal vez, sí lo era, pero no es justo que se ufanara de ello. Ella se reía de todos los demás porque decía que nadie se le igualaba en belleza. Todo esto llego a oídos de la Pachamama, lo que hizo que la Diosa le tendiera una trampa a la niña Pui Pui para darle un escarmiento. Ella se transformó en una niña humana de estatura larga, con brazos que llegaban a rozar el suelo, las piernas flacas y huesudas, en fin ella se convirtió en una niña realmente fea.
Un día cuando Pui Pui retozaba a orillas del gran río Orinoco, la Pachamama, ahora como niña fea, se le acercó y le pidió que le indicara hacia donde quedaba el lugar de los frutos maduros y flores bellas , hogar de la Diosa de la naturaleza, pues necesitaba pedir algo a la madre de todos . Pui Pui al verla, no pudo más que reírse y le dijo: -¡Qué horrible y extraña eres niña! A lo que la niña fea respondió: - Perdón por ofenderte por mi fealdad. Diciendo esto se alejó. Pui Pui quedose viendo su imagen reflejada en el río. Al cabo de un rato emergió de las aguas la reina de todos: la Pachamama y le dijo: - he visto cómo has tratado a la niña que se te acercó, y debo decirte que me siento defraudada. Pui Pui la miraba con atención. – Tu orgullo no te permitió ver que esa niña era yo y por esta razón a partir de este momento tu imagen bella sólo se reflejará en las aguas del río. Dijo esto y desapareció tragada por las aguas. La niña hermosa Pui Pui regresó a su comunidad. Todas y todos sus miembros al verla se sorprendieron. Ella no era la misma. Ahora, aquella niña hermosa que una vez fue la más admirada, se ha convertido en la chica más fea de la región.
Pui Pui ahora sale todas las tardes cuando cae el Sol y se acerca a los márgenes del gran río para ver su bello reflejo flotando en sus aguas.
Su arrepentimiento ablandó el corazón de la Pachamama y una tarde al volver a su hogar, sus hermanas y hermanos se asombraron de que su belleza había vuelto. Ella se sintió profundamente feliz y se dio cuenta que la belleza física no vale nada si no hay un alma buena.-

Agosto, 2008
Caracas, Venezuela
SACVEN No. 9.070

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