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Escenarios de Religiosidad Urbana y lo Femenino

por José Antonio Matos

Es común imaginar cuando se habla de las representaciones femeninas de la religiosidad popular, evocar a vírgenes, ánimas femeninas que han padecido alguna tragedia, mujeres sabias o curanderas deificadas que asistían en vida a personas con algún problema de salud o buscaban una orientación espiritual. A estas imágenes en la actualidad, se les suman unas figuras que nacen en los barrios y se vinculan a la violencia cotidiana. Se trata de las entidades femeninas que conforman la Corte Malandra, como Elizabeth, Isabelita, Patricia, entre otras.

La devocionalidad de esa figura, según algunas de sus seguidoras, brinda la fortaleza moral y espiritual necesaria para enfrentar las vicisitudes de la vida diaria, tales como violencia doméstica, valentía al confrontar situaciones límites en la calle y el ímpetu en el trabajo diario, entre otros. Veamos algunos breves testimonios de devotas de esas emergentes figuras que se encuentran dentro del espiritismo de María Lionza.

En medio del ruido ensordecedor de las cornetas de los autos y tiendas de CD, del frenesí de los transeúntes, del pánico de ser víctima de un arrebatón o quieto, de un inesperado tiroteo, del deambular de los recogelatas, de las caminadoras ofreciendo placeres ocasionales, de los embaucadores oportunistas, de las doñas haciendo sus mercados, del olor a tabaco y a esencias de las tiendas esotéricas, se encontraba de forma discreta, debido a la prohibición de la venta informal, María con sus figuras kalé.

María es una vendedora informal de las figuras de yeso de los personajes emblemáticos de la Corte. Ella me manifestó que ha creado una relación espiritual muy especial con esas entidades, a las cuales reconoce grandes cualidades para conceder favores de tipo preventivo a sus devotos: proteger de robos, pleitos e incluso librar y orientar a aquellos que van por el mal camino. Asegura que es en la actualidad una de las entidades espirituales más buscadas: “ellos son los que dan vida a este puesto. Tengo el Nazareno y a otros, pero siempre los buscan a ellos. He llegado a tener hasta 28 figuras diferentes”. Su experiencia como vendedora de las estatuillas y sus estampitas durante varios años en el centro de Caracas, le ha permitido ganar popularidad entre los creyentes e interesados, conociendo así distintas versiones y relatos sobre los espíritus e incluso ha llegado a conocer a familiares y amistades cercanas a ellos en vida.

Esta creyente me comenta que son muchas las experiencias vinculadas a la violencia callejera que ha tenido la oportunidad de vivenciar: peleas, arrebatotes, e incluso acciones déspotas por parte de la policía. Ante esta especie de jungla de concreto, María deposita su fe en esas figuras, las cuales en sus palabras le brindan la seguridad, ya que ellos conocían cómo es andar en la vía.

En el Cementerio del Sur a escasos metros del sepulcro de María Francia, entidad espiritual que concede favores a los estudiantes, se encuentran dos sepulcros que contienen, el primero los restos de Ismael González e Ismaelito Sánchez, y el segundo los de Elizabeth y Miguel Ratón, reconocidos como entidades espirituales de la Corte Malandra. Este lugar significativo para los creyentes del culto, se ha convertido en el “epicentro de devocionalidad” en donde sus seguidores realizan diferentes prácticas devocionales como llevarles ofrendas, cumplir promesas y hacerles rezos. Las ofrendas, además de las acostumbradas como velas y flores, se les colocan balas, vasitos de ron, anís o botellas de cervezas y se les encienden cigarrillos, los cuales se consumen sobre las tumbas.

Tuve la oportunidad de conversar con Sandra, una joven que frecuenta la tumba de Elizabeth. Me dijo de manera muy emotiva que ella, antes de estar aquí, andaba en malos pasos. “Mi mamá me llevó a una ceremonia espiritista porque estaba consumiendo muchas drogas y en situación de abandono. Cuando estuve en la sesión espiritual, Elizabeth, a través de una materia o médium , me atendió y realizó una limpieza que consistió en rezarme, echarme aguardiente en la cabeza y hacerme vomitar, cuestión que me ayudó a ir mejorando a mi intoxicación producto del consumo”. A los pocos días, su ansiedad por la droga disminuyó bastante, conllevando a su bienestar. En agradecimiento, Sandra le realizó ofrendas y visitas a la tumba de Elizabeth, en la cual tuvo la oportunidad de conversar con otros devotos. Destaca que la mayoría son mujeres solicitando y agradeciendo la fortaleza moral y espiritual que proporciona la entidad. Elizabeth, en vida, fue una mujer “p’alante” que cuidó sola a sus hijos huérfanos de padre. Además ayudó a muchas mujeres maltratadas por sus maridos, brindándoles apoyo y protecciones espirituales. En la actualidad, sus devotas les piden para evitar situaciones de violencia doméstica. Ella se ha convertido en un símbolo espiritual de inspiración de la mujer no sumisa y capaz de no permitir ningún abuso masculino.

Patricia, conocida como la “malandra silenciosa”, es otra de las entidades espirituales de la Corte Kale o Malandra. Según me cuenta Ana, una espiritista de oficio que ofrece sus servicios de consulta en una perfumería esotérica en el boulevard de Catia, señala que fue una muchacha de armas tomar, líder de una pandilla de delincuentes en los 80 en El Guarataro. Se dice de ella que era una joven muy atractiva y se aprovechaba de sus encantos físicos para atraer a sus víctimas, a los que sometía a través de una hojilla o bisturí, despojándoles así de bienes materiales o embaucándolos en sus fechorías.

A pesar de sus prácticas ilegales, era muy apreciada por la gente del barrio donde residía por su actitud de solidaridad. Se cuenta que ayudaba a aquellas personas sin ningún tipo de ingreso económico y en situaciones precarias, además de ser respetada por sus agilidades con las armas blancas y por no mostrarse intimidada ante otros delincuentes. Patricia era una especie de “heroína” que incluso arriesgaba su vida para proporcionarle alimento y bienes materiales a la gente de su barrio. Hoy en día, muchas personas no olvidan sus hazañas. Su vida estuvo signada por el riesgo de sus actividades y la benevolencia hacia aquellos que consideraba un deber ayudar. Estas cualidades y el recuerdo de sus acciones solidarias, sería uno de los motivos de su aparición en la Corte Malandra.

Su espíritu continúa dando una mano a aquellos que la necesitan.

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