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Compañía Teatral Prometeo cumple 10 años



"Una boda" y una juguetería para celebrar un aniversario

El colectivo dirigido por Noel de la Cruz convoca a los públicos infantil y adulto al Celarg
Con el estreno simultáneo de dos espectáculos, la Compañía Teatral Prometeo celebra 10 años de actividades. Para adultos presentarán La boda, del emblemático escritor cubano Virgilio Piñera, adaptada por Raúl Martin. Los niños, por su parte, podrán disfrutar de La juguetería, de Noel de la Cruz y Rodolfo Valdez. De la Cruz –quien está al frente de este colectivo- dirige ambas propuestas.

"La boda" es una ácida comedia que raya en el teatro del absurdo, donde el matrimonio a celebrarse entre los acaudalados Flora y Alberto se tambalea ante la indiscreción del novio, quien revela a su mejor amigo un defecto de su amada. “Todo el mundo sabe que todo el mundo habla de todo el mundo”, es la premisa que mueve esta propuesta dramatúrgica, donde una inoportuna confidencia cambia la predestinada felicidad de los personajes.

Caracteres sórdidos que se divierten con la desgracia ajena, la puerilidad con la que se asumen a veces decisiones esenciales; el engaño, los secretos guardados a voces, el culto a la perfección y la frivolidad socavan los decadentes valores sociales. El elenco está conformado por Aymara Ramia, Jorge Concha, Franca Peri y Rogers Lombano.

Por su parte, La juguetería es un encantador relato infantil, donde los ancianitos Paco y Paca se dedican a fabricar muñecos que representan personajes de los más famosos relatos para niños. A la medianoche, éstos tomarán vida y celebrarán. Pero una pareja de hampones irrumpirá en el local, detonando así entretenidas situaciones.

Catorce actores dan vida a esta anécdota, destinada a rescatar los más tradicionales valores del cuento para niños y de la estética teatral; en contrapartida a un mundo donde la velocidad y la inmediatez nos llevan a perder el goce de lo artístico.

La Compañía Teatral Prometeo es una agrupación que apunta a la investigación, docencia y realización de puestas en escena de obras teatrales; así como la organización de talleres permanentes que contribuyan a expandir la cultura teatral y artística a un número cada vez mayor de personas. Esta agrupación está integrada por actores de larga trayectoria en Teatro y T.V., egresados del Instituto Universitario de Teatro (IUDET), Escuela de Teatro Juana Sujo, Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, entre otros.

Su propósito es contribuir con la difusión de la dramaturgia nacional y universal a través de la formación e inserción de nuevos talentos en el medio teatral.

"La boda" se presentará viernes y sábados a las 8:00 de la noche y los domingos a las 6:00 de la tarde; mientras La juguetería se podrá disfrutar sábados y domingos a las 3:00 de la tarde. Ambos espectáculos permanecerán en cartelera hasta el 30 de noviembre.

Contacto de Prensa: Lic. Carlos Roa Viana / C. N. P. 9.367
0416 613 05 22 / 0414 150 75 23


Sobre Virgilio Piñera, autor de "La boda"

El cubano Virgilio Piñera Llera nació el 4 de agosto de 1912 en Cárdenas y falleció el 18 de octubre de 1979 en La Habana. Narrador, poeta, ensayista, constituye hoy, junto a su obra toda, una de los más notables figuras de la cultura de Cuba.

Algunos de sus cuentos y de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso, húngaro, polaco, etc. En su teatro destacan: Electra Garrigó (1941), Jesús (1948), Falsa Alarma (1948), La boda (1957), Aire frío (1958), El flaco y el gordo (1959) y Dos viejos pánicos (1967).

Algunos de los estrenos de estas obras de acido retrato social, estuvieron marcados por la polémica. Debates en los que el autor, con esa sublime bendición de la réplica mordaz y lúcida que lo caracterizaba, se mostró siempre en defensa de una literatura viva, ajena a prejuicios o normas.

En 1959, con Aire frío, el trasgresor Virgilio se despide paradójicamente de la escena con un ejercicio de reencuentro e identidad. Casi la totalidad de su obra sería desterrada de los escenarios y condenada al ostracismo público por el joven régimen revolucionario cubano, que vio en él a un autor incómodo ante las marcadas directrices por las que debía encauzarse el nuevo arte revolucionario.

Esta censura se mantuvo desde 1960 hasta algún tiempo después de su muerte; hecho que deja tras de sí el ansiado sabor de una polémica imposible ante el también imposible estreno, en época de su creación, de obras como La niñita querida o Los siervos, tan fervientemente revalorizadas por el teatro cubano de los años noventa.

Nota en el programa de mano de "La boda"

Por supuesto, nunca he estado en el Paraíso (no el caraqueño, sino ese que nos prometen por allá por las alturas, si nos portamos bien, cuando todo lo de acá abajo se acabe). No puedo asegurar que sin tetas no haya Paraíso. Pero lo que sí puedo decir con absoluta seguridad es que sin tetas no hay boda. Desde febrero de 1958 los cubanos tenemos esa convicción. Sí. Nada más y nada menos que medio siglo con esa certeza.

Como en febrero siempre hay un frío que pela en La Habana, dicen que el estreno de “La Boda” se hizo en una pequeña salita en la calle Galiano, en el centro de la ciudad, donde las olas del frente frío no llegaban y era posible estar más abrigado. No obstante, las tetas de Flora no dejaron de explayarse en una insólita puesta en escena, que para el momento, en el ámbito latinoamericano, constituyó uno de los sucesos teatrales más sobresalientes.

El sentido de esta pieza está en ese despliegue de signos que desatan una proyección simbólica de lo real y a la vez hacen posible el advenimiento de una realidad sin artificiosidad.

“La boda” es la historia de las tetas de Flora. También es la historia de un chisme, un enredo a través del irradiante absurdo del mundo de la vida al que acude Virgilio Piñera sin necesidad de desmontar intrincadas situaciones sociopolíticas. “La historia de mis tetas”, declara Flora. Porque “todo el mundo sabe que todo el mundo habla de todo el mundo”. “Diga que no hay boda porque hay tetas caídas”.
Y punto. Se acabó. Calabaza, calabaza...

Roberto Pérez León


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