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Plagio


El delicado caso Nahum sacó a la luz pública un tema común en las universidades: la apropiación de ideas ajenas, el parafraseo, el "copypasteo" y todas las formas de engaño existentes en el ámbito educativo. Mientras la web tienta con más información, más campañas antiplagio se crean y más avanzan las tecnologías para detectar estos fraudes. "Ladrones académicos", es hora de empezar a temer.








Fraudes en las aulas Prácticas viciosas y maneras de evitarlas Plagio académico: ¿Flojera, deshonestidad o ignorancia?

EVELYN ERLIJ

¿Qué pueden tener en común H. G. Wells, Stephen King, T.S. Eliot, Joe Biden y Martin Luther King Jr.? Ser algunos de los infames protagonistas del "salón de la vergüenza" del sitio web estadounidense "Plagiadores famosos" (waronplagiarism.org), donde un profesor universitario se dedica a registrar todos los casos de plagio mundiales, célebres y desconocidos, en todas las áreas posibles. Aunque posee múltiples categorías -literatura, entretenimiento, política- no resulta curioso que la sección "academia" sea una de las que más casos reúne.Entre los mitos y leyendas locales que circulan en el gremio de historiadores nacionales, se encuentran historias y rumores emblemáticos como, por ejemplo, que Francisco Antonio Encina, en su texto "Historia de Chile", habría transcrito párrafos literales de la obra de su colega Diego Barros Arana, autor de "Historia General de Chile", o que el Premio Nacional de Historia Álvaro Jara habría acuñado conceptos del también galardonado Néstor Meza, del que fue ayudante, sin darle el crédito correspondiente.

Si el tema se ha vuelto parte del debate mediático a raíz de las acusaciones en contra del decano de Derecho de la U. Chile, Roberto Nahum, ha sido sólo porque el caso ha derivado en un conflicto de relevancia pública. No hay cifras concretas que cuantifiquen la práctica del plagio, pero basta con consultar a profesores universitarios para percatarse de la realidad. "He llegado a tener 3 casos por semestre de plagio de un texto completo o parcial", explica Gonzalo Saavedra, académico de la Facultad de Comunicaciones UC. "Hay de todo, me he encontrado con plagios muy burdos, pegados con grandes puntadas, y también con «overlock», con costura muy fina, entre profesionales de posgrado y estudiantes de pregrado".La tentación de copiar textos e ideas ajenas siempre ha existido, pero en la era de internet este fenómeno toma rasgos propios e incluso ha dado pie al anglicismo del "copypasteo", es decir, copiar y pegar. "En la web se puede acceder a una cantidad de información que antes era imposible. Es algo positivo, pero esta práctica no está ajena a ciertos vicios", opina Juan Velásquez, investigador de Ingeniería Industrial de la U. Chile y creador de Docode, una herramienta de detección de plagio que actualmente postula al Fondef.Los vagos pierden

Antes de diseñar el proyecto, Velásquez y su equipo realizaron breves encuestas en los colegios sobre la práctica del plagio. "Había un profesor que decía «me da lata pedir a los alumnos que busquen información en internet porque me van a pasar un trabajo copiado. Yo les digo 'escríbanmelo a mano'», porque así tiene la esperanza de que al menos el alumno leerá", comenta. Dejando de lado el aspecto ético, Velásquez afirma que el mayor problema es que cuando alguien copia, no aprende.La oferta online de potenciales textos para plagiar es amplia. Los sitios de habla hispana más famosos son Monografías.com y El Rincón del Vago, creado en 1998 por los españoles Miguel Ángel Rodero y Javier Castellanos.

Éste último explica que la idea surge como un portal para que estudiantes compartan textos ya entregados a los profesores, aunque la empresa "no se hace cargo de la calidad, exactitud, fiabilidad, corrección o moralidad" de los contenidos."Me parece que está excelentemente bien puesto el nombre. Esa página no tiene ningún peso ni seriedad académica, puede que haya artículos estupendos, pero le quita todo mérito que no se hagan responsables ni por los contenidos ni por los autores. Tampoco dice nada acerca de cómo citar ese material, por lo que se subentiende que uno entra a ese lugar para hacer copy/paste", opina Saavedra. A pesar de la dudosa calidad de los textos, Castellanos se defiende y afirma que entre los colaboradores podría encontrarse una futura mente brillante: "¿A quién no le gustaría ver publicados los trabajos que presentó en la universidad Einstein o un discurso estudiantil de Churchill?".Su premisa es obtener el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. "Creemos que no es algo «malo» aprovechar el tiempo para que éste cunda más. Al contrario. Todas las teorías sobre productividad y eficiencia de nuestra era maquinista proclaman ese lema: maximizar los resultados minimizando tiempo y esfuerzo", explica desde España el creador del sitio. Según sus datos, hay más de 7.500 documentos de procedencia chilena en el Rincón del Vago, donde se reciben unas 160 mil visitas diarias desde nuestro país.

Por su parte, Fernando Rosso, de Monografías.com, señala que 1.550 documentos son chilenos y que un 5% de las visitas a la página durante el último mes provinieron de acá, lo que equivale a un millón de lectores chilenos.Los entrevistados de ambos sitios web declaran que rechazan el plagio. "El hecho de que el contenido esté disponible online y en forma gratuita no exime al usuario de las responsabilidades que le caben respecto del buen uso y resguardo de la propiedad intelectual", se defiende Rosso. Si bien Monografías.com posee normas declaradas respecto de cómo citar los textos, no pasa lo mismo con El Rincón del Vago. "A veces el plagio se puede producir por un desconocimiento de cómo citar, sobre todo en los primeros años de universidad", opina Gonzalo Saavedra.La flojera evolucionaDe acuerdo al reglamento de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la U. Diego Portales, el plagio se define como "la presentación de ideas que no sean de autoría del estudiante". Pero no se trata del único "fraude académico". También están el autoplagio y la falsificación de datos, como ejemplifica Gustavo González, director de Pregrado del ICEIde la U. Chile: "Tuvimos un caso de invento de declaraciones, detectado gracias a que el texto del estudiante fue difundido en una revista online asociada al curso, a través de la cual el supuesto entrevistado se enteró del hecho".Pero esas modalidades son prácticamente "delitos comunes" si se las compara con las formas extremas que ha tomado la deshonestidad académica. "Hay personas que se dedican a cobrar por hacer trabajos y hasta me aseguraron que hay quienes viven de esto", comenta Saavedra, refiriéndose a un caso que tuvo hace unos años. El hecho no es aislado. En 2007 el periodista Josep Sarregui publicó en "Página 12" que existen unos 500 sitios web donde se ofrece fabricar trabajos universitarios a pedido, incluyendo tesis, fenómeno que se conoce como "cibersuplantación".De acuerdo al artículo, la mayoría de estas páginas en habla hispana son argentinas. "Si hay tipos que se ganan la vida haciendo eso, es porque hay muchos profesores que no están leyendo los trabajos o que son muy ignorantes", afirma el académico de la UC.Según Saavedra, no hay que ser demasiado detallista para advertir una copia. "Lees un trabajo y encuentras con un párrafo que está muy bien. De buena fe lo subrayas, no hay comillas, ni mención de una fuente, por lo que se asume que el texto le pertenece al autor. Sigues leyendo y ves otro párrafo que se aparta del registro que se había usado antes. Te vas a una frase sospechosa, la buscas en Google y aparece el texto", revela el docente.

De hecho, hay varias páginas web, como Turnitin y Approbo, que analizan textos y detectan si han sido o no copiados de alguna fuente online.El interés particular de la UC en la prevención del plagio se refleja tanto en talleres para profesores, como en iniciativas individuales de cada facultad, en específico la de Comunicaciones, que el año pasado lanzó la campaña "No + plagio, no (te) engañes". "Está en nuestro sitio web y en los fondos de pantalla de los computadores de los alumnos. El estudiante hace click sobre la imagen y llega al documento «La importancia de ser honesto», donde se explica qué es plagio", cuenta Saavedra.Otra manera de evitar estas prácticas es cambiar la modalidad de hacer los trabajos universitarios. "El plagio puede combatirse en la medida de que los profesores incentivemos y orientemos la investigación y la reflexión propias del estudiante, abriéndole posibilidades de trabajos creativos, con exigencias acotadas", señala Gustavo González.En la mayoría de las universidades chilenas se cuenta con sanciones reglamentadas contra el plagio, que van desde la nota mínima (1,0), hasta la expulsión de la institución.

Si bien se debe castigar estos casos para establecer hitos ejemplificadores, también es importante prevenir. "Ninguna universidad quiere condenar para siempre a un niño de 18 años que se tienta de hacer copy/paste de internet", comenta Saavedra. Nadie se embarca, tampoco, en estudios de dos, cinco, seis o siete años para convertirse en un "vago".

Eso es, al menos, lo que dicta el sentido común.

http://diario.elmercurio.com/2009/06/07/artes_y_letras/_portada/noticias/997732FA-7D80-4E01-BEDB-3D05259E9408.htm?id={997732FA-7D80-4E01-BEDB-3D05259E9408}

Gracias a Roger Michelena por este artículo

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