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Cuento taoista

Este es un cuento que me envió Graciela De Zordo por Internet


Por qué, venerable maestro, a quien presume de alguna virtud o habilidad nunca deja usted de decirle afablemente pero con firmeza, que se acuerde del tigre? Es que acaso tiene rayas el engreimiento como la piel de ese felino?-Quizas no tenga rayas para ti- respondio con voz queda y gesto acogedor el anciano varon-, pero para el desventurado Tong-Wei no solo tuvo rayas sino tambien colmillos...No sabes lo que sucedio?-Confieso mi ignorancia, sapientisimo guia; pero si mi naturaleza basta y mis groseras inclinaciones no se lo impiden, tal vez acceda usted -de ningun modo lo merezco- a contarme esa historia.-Lo hare, claro que lo hare-dijo el interpelado-; sientate sobre esta esterilla y pronto habre satisfecho tu curiosidad. Escucha, es una fabula que rueda de boca en boca. A mis abuelos la contaban sus abuelos, quienes a su vez las oyeron de labios de los suyos. Si a lo que narra damos fe, habitaba en las selvaticas y calurosas comarcas que banan las aguas rojizas del Rio de las Tortugas un hombre llamado Tong-Wei, cuya destreza en las artes de la arqueria hicieronle famoso. Donde el ojo ponia enviaba la flecha. Nadie lo vio jamas fallar un solo tiro. Llego a ser tan indiscutible su maestria con el arco y tantos sus triunfos en los innumerables torneos en los que participara, que Tong Wei se volvio jactancioso. No era acaso el mejor? No aceptaban todos su evidente superioridad? Fue asi como cierto atardecer, mientras cazaba, le deparo el azar un encuentro imprevisto; al cruzar unos matorrales espinosos, se halla el subito, en el claro del bosque, frente a un tigre gigantesco y amenazador. Mas rapido que la centella coloca la saeta, apunta, estira a cuerda, ya va a disparar... Fue entonces cuando el animal feroz atino a decir:-No dudo, Tong-Wei, de que cuando sueltes tu flecha dejare de existir; y honrado me sentire de haber caido victima de tan extraordinario cazador. Sin embargo, si la postrera suplica de tu condenado logra conmover la nobleza de tu espiritu, yo te pediria que, antes de hacer diana en mi cuerpo, me demuestres tu sin par talento clavando el dardo en el nudo de aquel viejo roble.Soprendido, pero tambien halagado por las encomiasticas palabras de la fiera, se voltea Tong-Wei hacia el tronco, y en su mismo centro encaja la saeta.-Maravilloso disparo!-exclama el carnivoro- Y podrias darle a la despreocupada lagartija que se solaza al sol sobre esa roca?Alcanza a tanto tu virtud?Sin pensarlo dos veces lanza el arquero la flecha sobre el diminuto blanco y parte en dos la lagartija...-Formidable! Increible!- grita entusiasmado el temible felino-; y a la avecilla que trina en la copa de esa alta palmera, acaso puede tu afilado proyectil hacerla callar?Asi, Tong-Wei, cuya fatuidad el tigre lamia y relamia con la obsecuente solicitud de un perro fue, una tras otra, dilapidando en inocentes objetos sus mortiferas armas... Y el rayado depredador no cesaba de elogiarlo:-Eres portentoso, eres unico, eres genial. Ningun cazador pudo acometer la mitad de tus hazanas.Cuando el arquero, con su fatal soberbia no le cabia en el pecho, lanzo contra una misera arana su ultimo dardo, el tigre, que no esperaba otra cosa, salto sobre el ahora indefenso cazador y en un abrir y cerrar de ojos hizo del sorprendido maestro de arqueria deleitoso festin.-Pero, es verdadera esa historia, maestro?- pregunto incredulo el joven catecumeno.-Esto nunca podremos saber, hijo mio.Mas de algo puedes estar seguro: donde el presumido se deja olfatear no tarda en aparecer un peligroso tigre... aunque no tenga rayas.

Cuento Taoista-Leon David-Ed. Grijalbo

Comentarios

Gra ha dicho que…
Hola querido Bruno...
Paso a saludarte y a leer tu blog, que me llena de interes... y me encuentro este cuento compartido
:-)
Un abrazo querido amigo!
Gra

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