Llegó el Sambil


Los procesos transformadores inherentes a un ente orgánico como lo es la ciudad, trae como consecuencias una división de opiniones entre sus ciudadanos, hay quienes se plegan a los cambios y los aceptan, hay otros que adversan la alteración de su espacio. Tal es el caso del levantamiento inconsulto del mall del Sambil que se levanta sin ninguna piedad en el elevado de la Candelaria, justo diagonal a otro super centro comercial llamado Galerías del Ávila. ¿Por qué no se expuso el caso en consulta pública a los ciudadanos caraqueños? Quizás porque detrás de esta construcción se mueve una gran cantidad de dinero. Es una especulación, pero que no se aleja de nuestra realidad política. El caso es que lo que se nos viene encima a los pobladores del valle del guaraira repano es un caos de marca mayor. Las colas serán (aunque ya lo son) infernales. La contaminación se desarrollará más, en contraposición al discurso oficial de la protección del medio ambiente. En mi maltratada Caracas hemos tenido un destino destructor, la mayoría de los Alcaldes y Gobernadores no son caraqueños ¿será por eso que no la quieren?. A los exterminadores del espacio siempre se les ocurre una idea mediocre que atenta contra nuestra deteriorada ciudad. ¿Quién se puede imaginar el desatre vehicular que se formará a pleno medio día en la Candelaria? A los que dieron el permiso y a los dueños del Sambil en construcción les importa un rábano. Ellos no caminan por las calles en transporte público y quizás no vengan a esta parte de la ciudad. La destrucción del espacio urbano en Caracas es de vieja data. Recuerden al dictador militar derechista Marcos Pérez Jiménez. La transformación de la capital por parte de este General aún no se ha estudiado en profundidad. ¡Sí! él hizo muchas obras arquitéctonicas que hoy perduran, pero preguntémonos a costa de cuáles sacrificios en nuestro espacio caraqueño. Y así a todos los gobernantes locales se les encienden el bombillo de su genialidad y pretenden destruir lo que está construido para realizar otra obra, por lo general más mediocre que la que estaba. Los caraqueños compraremos muchos objetos en el nuevo centro comercial de la Candelaria, pero nos quitarán otro pedazo de la ciudad y de nuestro imaginario urbano.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Hay vida fuera del Centro Comercial?. Esta pregunta me la hago a la vista de como nos comportamos abarrotando los centos comerciales. Sabemos que acaban con los pequeños comercios, dejan las calles desiertas, llenan las avenidas de carros y de delincuentes, monetarizan nuestro ocio, convierten en fast-food la cultura y nuestras relaciones. Pero parece que estamos programados para consumir hasta morir.
En una reciente encuesta encargada por el gobierno se preguntaba: ¿cuáles son las imágenes que más le angustian cuando piensa en el futuro de la humanidad?. Las respuestas más frecuentes fueron: 1.- El Sambil cerrado, 2.- Una televisión apagada. 3.- Que se agote la Coca-cola 4.- Que Burger-King abandone el país.
Nuestros dirigentes saben que nuestra felicidad está en relación directa con el número de horas que quemamos en los supermarkets. Saben que es peligroso que no existan, pues podríamos empezar a pensar en la asquerosa vida que vivimos.
¿Soluciones?. Aunque les cueste trabajo creerlo, ya las hay. Solo tenemos que buscarlas. A.G.
Anónimo ha dicho que…
Por cierto, el cambio de luk le sienta bien a tu página. Gracias. A.G.
bruno mateo ha dicho que…
Nuevamente te agradezco tu comentario y te digo que estoy de acuerdo con tu opinión; los caraqueños hemos o estamos perdiendo (es recuperable) el hecho de disfrutar el aire puro de los árboles en una plaza y de comer comida orgánica. nos conformamos con el aire acondicionado de los centros comerciales y como tu dices con las hamburguesas de los sitios fast foods.
Anónimo ha dicho que…
Los Centros comerciales como el Sambil son una simple respuesta a la terrible delincuencia y deterioro de nuestros espacios públicos. El Sambil no es la causa del abandono de los espacios que deja fuera de él, sino una dolorosa consecuencia. Por ello en lugares bien mantenidos como La Catellana existe un CSIgnacio abierto e integrado a sus exteriores, y en el desastre de la caótica La Candelaria los constructores del Sambil se ven forzados a isolarse por completo