Pélame esa Mandarina

Gustavo Efrén Porras Cardozo

Soy pequeña, perfumada y dulce.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Me estás haciendo daño. No lo hagas, estás lastimándome. Me vas a tumbar, me caigo. Me mallugas… ¡Oh! Cómo he venido a menos. Mi familia paterna es apellidada Rutaceae, la materna es llamada Aurantioecea.
No entiendo porque mis padres son denominados con esos seudónimos de raíces latinas…Tal vez sea que se transculturizaron gracias a la influencia conquistadora de Alejandro Magno, a la expansión del Islam (los Omeyas se instalaron en España por ocho siglos), a la expedición de las Cruzadas, o la ida de Colón a la India llegando accidentalmente a unas tierras que años después llamaron América.

A mis hermanas la llaman: Citrus Reticulata, Citrus Unshir y Citrus Reshmi, en otras palabras: Las Clementinas, las Satsumas y Comunes. Así es como la llaman en la intimidad del hogar. Tenemos primas en diferentes países del Mundo pero me gusta mucho mi primo Tangerine, aunque no nos entendemos cuando hablamos: Él habla la lengua Árabe y yo el Mandarín. El problema más grande se presenta cuando empiezan a hablar sobre sexo, específicamente del mío, deberían mencionarme como femenina, pero no, cuando dialogan sobre mí, dicen: Es del Género Citrus y luego, me caracterizan como “Ácida y Dulce” al mismo tiempo. Otros conversan que soy un Hesperidio, una baya modificada, carnosa y simple, casi siempre obtenida de cítricos.

Soy bella, me bautizaron con ese nombre por el color del traje que levaban puestos los Mandarines, quienes eran unos funcionarios públicos de mucho poder en el Imperio Chino, cuyos trajes eran parecidos al color brillante de mi piel. Soy la Citrus más consumida en el mundo e introducida en el Mediterráneo Europeo desde 1828 para su producción alimenticia.
Algún día me casaré y tendré muchos hijos, llenos de vitamina “C” y con mucho “Potasio” los cuales nacerán por semillas, mis hermanas son miedosas y opinan lo contrario. Ellas quieren tener a los suyos por “Cesárea” o mejor dicho por “Inseminación Artificial”, pero, en la Clínica del Conuco, lo llaman: “Parto por Injerto”.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Me están tumbando, ¡Ay! Me caí…
¡Apúrate!
Túmbala! ¡
Túmbala! Que no se aporree.
¡Pélame esa Mandarina!

Caracas, julio 2011

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