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Algo breve que conduce a un tema largo

por Bruno Mateo[1]

CORTÁZAR, Julio: Del cuento breve y de sus alrededores. México. Siglo XXI.

Al hablar del cuento contemporáneo se quiere abordar específicamente aquel relato que nace con Edgar Alan Poe y que pretende su misión narrativa con un mínimo de recursos literarios en un tiempo limitado.

El relato breve posee una forma de expresión circular. Parte de un ambiente delimitado y va hacia sí mismo; el escritor se sitúa implícitamente en la narración, gira alrededor del relato, el cual pretende llevar al punto de tensión más alto utilizando la lucha contra el tiempo como elemento para crearla. Hay una creación de situaciones narrativas que se traducen en imágenes de amplio alcance, de variadas interpretaciones.

La noción que ubica al escritor (a) dentro de la narración se da generalmente cuando se relata en primera persona porque la narración es en sí misma la acción ejecutante; incluso cuando se narra en tercera persona. Se debe tender a evitar que el sujeto no emita juicios a distancia sobre lo narrado, sino que forme parte de la vida del cuento. Esto implica una comunicación entre el narrador y aquello que se cuenta. El puente comunicativo posee dos vertientes; la primera, es que existe una relación estrecha entre el deseo de expresar algo y lo que directamente se expresa; la segunda, y que tal vez sea en apariencia paradójica, el antagonismo entre el escritor (a) y su creación. Es un ansia de de no identificarse con el relato. Es realizar un acto catártico que libere o “bote” las imágenes emanadas del creador para situarlas lejos por medio del proceso narratario, o mejor, mediante la tensión latente que se encuentra en el tejido o plataforma narrativa que se consigue al construir una atmósfera, un cuadro vivo y cambiante que perturbe.

Es un elemento que gravita en ele relato arrastrando al lector a un mundo “anormal”, a una especie de estado anclado entre dos realidades.

La verdad de la conciencia que se puede medir por las palabras y la realidad que se percibe por los sentidos en un terreno fuera de dicha conciencia. Es un estado de trance que arranca al escritor(a) y después quizás al lector de su realidad. El relato se gesta como un embrión dentro de su madre. Se sabe que está allí y que es una historia. Es algo expectante. Un cigoto vivo y amorfo que luego tomará su forma.

El relato funciona de análogo proceso. Se ven suceder los episodios, capítulos y las imágenes como pedazos de un rompecabezas que posteriormente –según la pericia del autor- conservará lo más posible el trance al que se vió sometido durante la narración.

Los relatos breves, aquellos a partir de Edgar Alan Poe y la poesía entendida desde Baudalaire, coinciden en este tipo de posesión. Ambos intentan desprenderse del arrobamiento del cual son productos, cuya eficacia estriba – no en la estructura narrativa sino más bien en el carácter de poema- radica en mantener la tensión como consecuencia del discurso contra el tiempo, jugando con elementos de pulsaciones internas, permitir en la narración viva la libertad que aparezca. Lo repentino dentro de lo previsto.

Los relatos fantásticos siempre esperan encontrar una puerta que de hacia lo desconocido. Deben romper con la regularidad de la lógica. Su irrupción rompe con el presente en que se lee.
Los buenos cuentos fantásticos son aquellos en donde lo habitual de la vida ordinaria se yuxtapone armónicamente con la irrealidad del discurso. Es una realidad fantástica dentro de la realidad conciente, sin que ninguno de éstos prive al otro por supremacía o por ausencia, es decir, es algo que modifica por instantes la trama. Es aquí cuando surge lo fantástico o lo irregular del discurso mediante elementos que surjan fuera de la naturaleza regular de la historia y que a pesar de su carácter “anormal” encajen dentro de la logicidad del relato.

[1] Seudónimo de Alexis Alvarado Sánchez

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